Las ventas minoristas de las PyMEs cayeron en enero un 5,8 por ciento anual, según un relevamiento dado a conocer por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Según el informe, “las familias volcaron buena parte de su dinero a vacaciones y cancelaciones de deudas, afectando el consumo de bienes”.
En los centros turísticos se apuntó más a la adquisición de servicios que de bienes. Hubo cierta reticencia al pago con tarjeta, excepto en el comercio electrónico, que sigue ganando mercado, precisó la CAME.
De acuerdo a los datos de la CAME, el 64 por ciento de los comercios consultados manifestaron que sus operaciones a precios constantes bajaron.
Los rubros con menos caídas interanuales en el mes fueron Alimentos y Bebidas (-2,1%), Farmacias (-3%), Electrodomésticos y artículos electrónicos (-3,9%), Ropa y artículos deportivos (-3,2%) y Ferreterías, materiales eléctricos y para la construcción (-4,4%).
Así surge de la medición de CAME en base a 1000 comercios de todo el país relevados entre el lunes 1 y el viernes 5 de febrero por un equipo de 30 encuestadores localizados en las capitales del país, GBA y CABA.
Las bajas anuales fueron más profundas, según el mismo informe, para Mueblerías, decoración y artículos para el hogar (-10,3%) y Calzado y marroquinería (-11,7%).
En Librerías y Jugueterías, donde el despacho disminuyó 9,7%, a un diciembre flojo se le sumo un enero con Reyes Magos poco generosos en regalos lo que impactó puntualmente en las jugueterías.
En Indumentaria, el índice se redujo 9,2% anual, y los comercios declararon que en este rubro además del menor poder adquisitivo, impactó más la incertidumbre que la inflación. Hubo temor a comprar en cuotas y utilizar tarjetas.
En Electrodomésticos y artículos electrónicos (-3,9% anual), la CAME aseguró que hubo faltantes de productos, especialmente importados. Los locales consultados señalaron que fue poca la salida en el sector de audio, pero más alta en televisores led.
En Farmacia (-3% anual) hubo movimiento con bastante normalidad, pero es de los comercios donde más se respetan los protocolos, lo que reduce la capacidad de atención al público, especialmente los que van en busca de productos alternativos a la medicación.


