El Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOCF) 5 decidió este jueves a la tarde absolver a los 35 imputados por «estrago doloso» que fueron juzgados por la muerte de 74 pasajeros del vuelo 2553 de Austral que se estrelló en Fray Bentos, Uruguay, en 1997, debido a que no hubo acusación por parte del fiscal Juan Patricio García Elorrio.
La decisión fue adoptada de forma unánime por los jueces del tribunal, que preside José Martínez Sobrino, junto a Daniel Obligado y Adriana Palliotti.
Los detalles de su resolución quedarán plasmadas en los fundamentos que se conocerán el 25 de marzo. A partir de ahí, los querellantes podrán apelar para ver si Casación revierte el resultado.
Todo comenzó en la noche del 10 de octubre de 1997, cuando el vuelo 2553 de Austral despegó pasadas las 21 de Posadas con destino al Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires. Una hora después, cuando sobrevolaba la localidad entrerriana de Gualeguaychú, la aeronave perdió contacto con los radares. Lo último que llegó a escucharse fue el pedido desesperado para autorizar el descenso y el inminente final.
“¡Nos matamos, nos matamos!”. La grabación es de 18 minutos y quedó registrada en la caja negra. Es entre el piloto Jorge Cécere y el copiloto Horacio Núñez. El último minuto es estremecedor. “Por favor, autorícenme ya descenso”, le pide Cécere a la torre de Aeroparque. Sus palabras finales están llenas de desesperación. Se escucha su voz antes del trágico final: “¡No, no, carajo, Dios mío, carajo! ¡Nos matamos, la puta que te parió, nos matamos, la concha de la lora!”.
El avión caía a 1000 kilómetros por hora. El fuselaje y los cuerpos se desperdigaron en un radio de 800 metros, sobre el fango de Nuevo Berlín, en medio de la nada, a 32 kilómetros de Fray Bentos, Uruguay. Nadie sobrevivió. Eran 69 pasajeros y 5 tripulantes.
La Comisión Investigadora de Accidentes Aéreos (CIADA) de Uruguay concluyó que la caída de la aeronave se produjo como consecuencia directa de una errónea decisión del copiloto que produjo la pérdida de control de la nave. Ese error fue inducido por el congelamiento de los tubos de Pitot (sensor de velocidad) y la inexistencia en el avión de la alarma recomendada para alertar sobre esa situación, así como la falta de entrenamiento adecuado de los pilotos.


