Este jueves, se realizó la audiencia de cesura en la cual Pablo Parra fue condenado a cadena perpetua por el femicidio de Agustina Fernández en Cipolletti. La audiencia está a cargo del juez técnico del proceso, Guillermo Baquero Lazcano. Los abogados de Parra pidieron impugnar el veredicto del jurado popular. “Consideramos que el veredicto es equivocado”, dijo Juan Manuel Coto al iniciar la audiencia. En los casos de femicidios, la única pena aplicable es perpetua.
Parra había sido declarado culpable por el jurado popular, el mes pasado. Ahora se le impuso la pena.
La audiencia comenzó con los alegatos de apertura de las partes, para luego darle el lugar a los testigos propuestos por la querella y la defensa. Luego de los testimonios, conocieron los alegatos de clausura y el juez técnico del proceso judicial anunció la pena que percibirá el culpable.
La Fiscalía y la querella solicitaron, al inicio de la audiencia que se mantenga la prisión preventiva que rige sobre Parra desde diciembre del 2022 debido a que se “acrecentaron las posibilidades de fuga debido a la condena prevista para el caso”.
El abogado defensor estuvo de acuerdo con este pedido. Pero aclaró que considera que el veredicto es “equivocado”, por lo que lo impugnará en otra instancia.
El 2 de julio 2022, Agustina Fernández fue brutalmente atacada en el interior de un departamento del complejo en el que vivía en Cipolletti, ciudad a la que se había mudado con el objetivo de estudiar medicina. Tres días estuvo internada en el hospital Pedro Moguillansky hasta que declararon su muerte cerebral. En principio se dijo que había sido durante un robo, luego las miradas se dirigieron a Pablo Parra, su vecino. Luego de casi dos años de espera, el miércoles 15 de mayo un jurado popular determinó que Parra es el culpable del femicidio de Agustina.
La hipótesis central de la investigación es que Parra asesinó a Agustina -una joven de Santa Rosa, La Pampa, que se había instalado en Cipolletti para estudiar medicina- al no soportar la decisión de la víctima de ponerle fin a la incipiente relación sentimental entre ellos, y luego de enterarse de que -horas antes- ella había mantenido un encuentro con otro joven en su departamento, situado en el mismo complejo donde también vivía el acusado.
El femicida, un técnico en seguridad ambiental que doblaba en edad a la víctima, planificó el crimen y también cómo zafar de las sospechas. Lo detuvieron casi seis meses después del hecho.
“El plan de Pablo Parra fue irse del lugar, ocuparse de ser visto que se retiraba en el auto y, en vez de irse a la casa de su padre y su madre, volvió a pie, ingresó por el paredón trasero del departamento y, a traición, atacó salvajemente a Agustina, le fracturó la mano contra la puerta, la sujetó en el piso y golpeó su cabeza tres veces contra el piso, la golpeó salvajemente”, dijo el abogado querellante Roa Moreno, durante el juicio. “Simuló un robo, desordenó un cajón, su ropa y se retiró del lugar. Luego fue a lo de sus padres, compró el helado, la cerveza, con tarjeta de débito, se hizo de evidencia para poder justificar que estaba en otro lugar”, puntualizó.
Los primeros análisis genéticos habían descartado al acusado, ya que el perfil de la piel que Agustina tenía en sus uñas (producto de sus intentos defensivos), no coincidía con el ADN de Parra.
Es más, la fiscalía de Cipolletti distribuyó el identikit de un sospechoso que había sido visto en las inmediaciones del complejo donde vivía Agustina. Era un muchacho que, como señas particulares, tenía un piercing, un tatuaje en las cejas y en los dedos de una mano, con la palabra ROCK.

Sin embargo, un elemento complicó al trabajador petrolero: dijo que tras el robo se asomó por un tapial y vio una escalera con la que supuestamente huyó el atacante. Los investigadores hallaron del otro lado del muro, en el alambrado del patio de su vivienda, un retazo de una prenda de vestir de Parra.
Según reconstruyó el fiscal Martín Pezzetta, “Pablo estaba obsesionado” con Agustina. “Y se enojó cuando se enteró de que ella se había relacionado con otra persona, justamente, un joven que trabajaba de mozo en la cervecería Antares. Entonces pensó un plan para matarla”.
Por la querella, en representación de la madre y el padre de la víctima, Silvana Cappello y Mariano Fernández, trabajaron los abogados Roa Moreno y Damián Moreyra. El defensor del acusado fue Juan Coto, quien había pedido su absolución. El juez de juicio fue Guillermo Baquero Lazcano.
Fue clave el testimonio de dos vecinos del complejo, Daiana Morales y Ricardo Espinoza, que oyeron el momento del ataque. “Viste el bomboncito que me estoy comiendo”, le dijo Parra a la joven cuando se cruzó un día con ella, en un reprochable comentario que -según subrayó- le “dio asco”.
Al declarar vía Zoom desde España, afirmó haber escuchado un golpe similar a un mazazo y un par de gritos: “¡Pará, pará!” e “¡Hijo de puta!”.
También habló una expareja del imputado, quien enfatizó que, al principio, la relación fue “normal” pero después fue hostigada de distintas maneras.
De acuerdo a las amigas que Agustina había conocido en Cipolletti, iban a visitarla al departamento “y el flaco siempre aparecía”. Cualquier excusa le venía bien para estar en su vida, algo que ella no quería.
Luego del ataque, por el cual la estudiante agonizó tres días en un hospital, Parra nunca mostró empatía por la víctima y estuvo más preocupado en instalar que él no estaba en el lugar en ese momento.
“Las razones que movilizaron la acción de Pablo Parra fue ese despecho, esta imposibilidad de gestionar ese rechazo de otra forma. Ella quiere otra cosa, ella quiere ser libre y eso tenés que respetarlo. No es un objeto, no te pertenece y no es que si no es de vos no va a ser de nadie”, cerró el abogado Roa Moreno.

