Sectores del vernismo activaron en los últimos meses una estrategia política y mediática para instalar la posibilidad de que el exgobernador Carlos Verna vuelva a competir por la gobernación en 2027. Las versiones comenzaron a circular a fines de 2025 y llegaron a distintos medios luego de que, desde el propio entorno del exmandatario, se deslizaran comentarios ante periodistas y dirigentes sobre una eventual candidatura. En las últimas semanas se reactivaron los comentarios, pero la duda es si es “humo” o si tiene algo de realidad.
La maniobra parece apuntar a posicionar a Verna en el escenario interno del peronismo pampeano de cara a la próxima sucesión. En caso de no encabezar la boleta, la estrategia buscaría ubicarlo como actor central en la definición del candidato del oficialismo.
El movimiento se produce en un contexto en el que el gobernador Sergio Ziliotto -quien por ley no puede repetir un tercer mandato- ya dejó en claro que tendrá un rol decisivo en la designación de su sucesor dentro del espacio. En ese marco, la irrupción de la figura de Verna tensiona la discusión interna y reordena el tablero del peronismo provincial.
Los primeros indicios de esta operación política pueden rastrearse hacia fines de 2025, cuando dirigentes cercanos al exgobernador comenzaron a mencionar la posibilidad de su regreso. Se menciona, entre militantes y algunos dirigentes, que, entre quienes dejaron trascender esa hipótesis, aparecen el intendente de Lonquimay, Manuel Feito, y la intendenta de Winifreda, Adriana García.
En ámbitos políticos se interpreta que no se trata de un operativo clamor como el que precedió su candidatura en 2015, cuando varios intendentes impulsaron abiertamente su postulación. El escenario actual es diferente: la mayoría de los jefes comunales asumieron durante las gestiones de Ziliotto y no responden orgánicamente al vernismo. General Pico aparece como uno de los pocos bastiones con mayor afinidad al exmandatario.
Sectores del peronismo no alineados con Verna y referentes de la oposición relativizan la posibilidad de una candidatura. Consideran que la instalación pública del nombre responde más a una estrategia de acumulación de poder interno que a una decisión electoral firme. En esa lectura, el objetivo sería condicionar la negociación y tener incidencia directa en la definición del postulante oficialista.
Entre los factores que, según estas miradas, juegan en contra de una eventual postulación se mencionan cuestiones etarias, de salud y, por supuesto, políticas. Verna -quien a raíz de una enfermedad, ya controlada, decidió no ir por la reelección en 2019 y se recluyó en su casa en General Pico, desde donde solo ha hecho apariciones muy esporádicas- supera los 80 años, en un contexto en el que dentro del propio peronismo se habla de renovación generacional.
Además, transcurrirán ocho años desde que dejó la gobernación en 2019, lo que habría impactado en su nivel de conocimiento entre votantes más jóvenes. Encuestas recientes muestran que mantiene una imagen positiva, aunque con menor nivel de instalación que en etapas anteriores.
La discusión recién comienza, pero la operación “Verna gobernador” ya puso en marcha el debate interno en el oficialismo pampeano y anticipa una disputa que se proyecta hacia 2027.


