Un informe de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) encendió las alarmas al revelar que, en promedio, 50 locales bajan sus persianas cada día en el país, una cifra que pone al rubro en “peligro de extinción”. La pérdida de poder adquisitivo y la caída de las ventas son los principales factores que explican el panorama desolador.
El informe detalla que el comerciante que antes lograba un buen nivel de vida con su trabajo, hoy lucha por subsistir. La baja rentabilidad y el aumento constante de los costos fijos, como alquileres y servicios, achicaron los márgenes hasta un punto crítico.
Los referentes del sector describieron un cambio drástico en el perfil del kiosquero, lo que evidencia la profundidad de la crisis. Según advirtieron, “el comerciante histórico que tenía un buen vivir ahora va desintegrándose y gana menos”. Esta situación obliga a muchos dueños a cerrar definitivamente o a buscar otras fuentes de ingreso para sostener a sus familias.
El relevamiento de la UKRA refleja el impacto directo de la recesión en el consumo masivo. Los kioscos, termómetro del bolsillo popular, son los primeros en sentir la contracción de la demanda de productos no esenciales, como golosinas, bebidas y cigarrillos, que históricamente representaron el fuerte de su facturación.


