Este viernes 6 por la tarde, una agente policial de 21 años se pegó un tiro y murió en el pueblo de Puelén. La joven había egresado de la formación policial hacía menos de un mes. El caso reavivó el debate sobre la salud mental de los uniformados, en momentos en que en el último medio año ya hubo cinco casos de suicidios o intentos de suicidio dentro de la fuerza.
La salud mental en las fuerzas policiales es una problemática compleja. Factores como fatiga, largas jornadas laborales, presión institucional y situaciones personales elevan el riesgo de suicidios y afecciones psicológicas entre los uniformados.
La muerte de la joven en Puelén generó un gran dolor en la Policía. Había nacido en Victorica y residía en Santa Rosa. Su madre -oriunda de Intendente Alvear- también es policía, en Realicó.
La uniformada se pegó un tiro en la casa que habitaba, a metros del destacamento policial.
En los últimos meses, se registraron otros cuatro casos similares en La Pampa. El 27 de julio de 2025, un policía de la Comisaría Tercera de General Pico sufrió una herida de arma de fuego durante la noche del domingo y tuvo que ser internado en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del Hospital Gobernador Centeno. Posteriormente se determinó que se trató de un autodisparo.
El 18 de agosto de 2025, una mujer policía embarazada de tres meses resultó herida con un arma de fuego en la localidad de 25 de Mayo. De acuerdo con los investigadores, el episodio fue un intento de suicidio.
El 7 de octubre de 2025, en tanto, un policía fue hallado muerto en su departamento de la calle Plumerillo, en Santa Rosa. Según trascendió en la investigación, previamente habría existido un episodio de violencia de género.
El 24 de agosto de 2025, también en Santa Rosa, un policía se quitó la vida en un campo cercano a la capital provincial.
La Policía de La Pampa cuenta con un equipo interdisciplinario especializado dentro de la división Servicios Sociales, integrado por profesionales que realizan seguimiento del personal y del entorno en el que desarrollan sus tareas, con supervisión desde la capital provincial. El objetivo central es acompañar a los efectivos que atraviesan problemáticas económicas, sociales, laborales, interpersonales o familiares, situaciones que pueden afectar su desempeño y la responsabilidad que implica portar un arma de fuego.
Además, los integrantes de la fuerza cuentan con evaluaciones psicológicas periódicas.
En las unidades especiales, la valoración psicológica se realiza con frecuencia anual. En tanto, en las unidades operativas de servicio común (comisarías), se establece que cada efectivo debe tener una evaluación psicológica en un plazo máximo de dos años.
Estas evaluaciones se complementan con seguimientos de los jefes directos y los informes se elevan anualmente al Departamento Personal de Jefatura.


