Por Norberto Asquini
En la política pampeana ya empezó a escucharse el ruido de motores cuando queda un año para la elección ejecutiva de 2027. En la última semana dos actos marcaron que la carrera ya largó para la oposición antiperonista. En un andarivel se acomodaron los libertarios, con su discurso duro y la foto de Milei como bandera. En el otro, el radicalismo, más moderado y con más territorio. Ambos tienen el mismo objetivo: disputarle la gobernación al peronismo después de 44 años.
El primer movimiento lo hizo el espacio libertario con un acto en General Pico encabezado por el diputado Adrián Ravier, que no esconde sus intenciones de ser candidato a gobernador. Días después respondió el radicalismo con un encuentro en el Club Independiente de Santa Rosa, liderado por el presidente de la UCR y también candidato a gobernador Martín Berhongaray.
Las dos fotos muestran algo más que una simple actividad partidaria. Son señales de largada. Las dos puntas opositoras del antiperonismo en la provincia decidieron empezar a mostrarse en el territorio. Y lo hacen con un mismo diagnóstico: analizan que el peronismo atraviesa un momento de debilidad, en parte por lo que ocurre a nivel nacional con el avance político de Javier Milei, y que la posibilidad de ganar es cierta.
En la jerga política dirían que “huelen sangre”. No sólo por el escenario nacional, sino también porque observan a un oficialismo provincial que deberá enfrentar un ciclo electoral complejo.
Sin embargo, radicales y libertarios comparten algo más que la ambición de llegar a la Casa de Gobierno. Ambos saben que, si quieren ganar, necesitarán terminar en el mismo barco. La historia electoral pampeana indica que el antiperonismo sólo tendrá chances reales cuando logre confluir en un frente amplio.
El problema es quién llevará el timón. Hoy la disputa no es sólo contra el peronismo. También es una competencia interna por la cabeza de la boleta. Radicales y libertarios corren en paralelo para ver quién llega primero.
El radicalismo apuesta a la estructura. Tiene intendentes, comités y una maquinaria territorial que todavía funciona. Su estrategia ya empezó a quedar clara: provincializar la campaña y despegarse del gobierno nacional de Milei. El mensaje es simple: mostrarse como la oposición histórica al peronismo pampeano.
El inconveniente es que ese discurso suena conocido. El radicalismo vuelve a tocar la misma canción que repite desde hace años frente al PJ que lo derrotó una y otra vez. La incógnita es si esa melodía todavía seduce a un electorado que en 2025 eligió en las urnas una opción mucho más disruptiva y le dio el primer triunfo a los libertarios.
Ahí aparece el otro competidor en la pista: el aluvión violeta, una fuerza a la que se suma todo lo periférico que está dando vuelta y que busca su oportunidad. La Libertad Avanza no tiene estructura territorial comparable con la UCR, pero juega con otras cartas. Tiene un presidente fuerte en la Casa Rosada, un discurso confrontativo hasta el uso sin incomodidad de la mentira y un electorado que todavía se siente ganador.
En ese esquema, los libertarios buscarán imponer el peso del liderazgo nacional. El “dedo” de Milei aparece como la herramienta para ordenar candidaturas. Y esa es precisamente la frontera que el radicalismo intenta marcar.
El dirigente radical “Poli” Altolaguirre lo dejó entrever al señalar que la UCR va a querer dirimir la candidatura en una interna. No es casual: en una PASO a la pampeana pesan más los afiliados y la estructura, dos territorios donde el radicalismo se mueve con comodidad. Y que no aceptarán ningún dedo.
Algunos libertarios sueltos ya respondieron con dureza, incluso con ataques personales en las redes sociales a Altolaguirre sobre un supuesto pacto con el peronismo. Nada más alejado de la realidad de un legislador duro con el PJ. Es parte del clima que anticipa la pelea entre unos y otros.
La carrera parece larga, pero no es tanto porque a fin de año tendrían que estar las principales definiciones electorales. Por eso ambos se adelantan buscando sacar algún cuerpo de distancia. De un lado, la estructura radical; del otro, el envión libertario. Uno apuesta al músculo territorial. El otro al impulso de una ola política nacional.
La incógnita es qué preferirá el votante pampeano cuando llegue el momento de elegir: la opción moderada o la opción dura.

