La conmemoración del cincuenta aniversario del golpe de Estado de 1976 dejó en La Pampa una escena política y social clara: hubo una respuesta contundente de los sectores comprometidos con el proceso de memoria, verdad y justicia, en sintonía con lo ocurrido a nivel nacional, frente al avance de discursos negacionistas impulsados desde el gobierno libertario.
Esa respuesta no se limitó a los grandes centros urbanos en La Pampa. En Santa Rosa se expresó con fuerza en tres escenarios distintos pero complementarios: el acto central en el Parque de la Memoria, encabezado por el gobernador Sergio Ziliotto; la convocatoria de organismos de derechos humanos en la plaza San Martín; y la actividad en el barrio Peñi Ruca organizada por el municipio. A eso se sumaron actos en General Pico, General Acha y otras localidades del interior, que replicaron la misma lógica: memoria activa, participación y presencia territorial.



El dato político central es que, más allá de matices, la gran mayoría del arco político pampeano acompañó la fecha. El peronismo lo hizo de manera unánime, con presencia institucional, participación en actividades y una fuerte expresión en redes sociales. La adhesión no solo fue discursiva, sino también territorial, con intendentes, funcionarios y dirigentes involucrados en las distintas convocatorias.
También hubo acompañamiento desde municipios y organizaciones sociales, aunque con distintos niveles de compromiso. La mayoría de las intendencias adhirió, algunas con actos concretos y otras con manifestaciones más limitadas en redes sociales. Incluso en ámbitos no tradicionales, como el deportivo, se observó un cambio de época: clubes como Santa Rosa, Belgrano, All Boys, Ferro de Pico y Costa Brava, entre otros, visibilizaron la fecha con banderas y gestos públicos. Hasta el club de Miguel Cané mostró su compromiso, una escena que años atrás era poco frecuente. También lo hizo la Federación Pampeana de Bomberos Voluntarios.
Sin embargo, donde se evidenciaron mayores diferencias fue en la oposición. En el radicalismo, el posicionamiento resultó dispar. Hubo un acto propio en Santa Rosa y algunas presencias individuales en actividades centrales, pero predominó una postura moderada, con un discurso centrado en la recuperación democrática y el legado alfonsinista, sin una condena explícita y contundente a los crímenes de la dictadura que lograra trascender públicamente ni un respaldo claro a las víctimas. El presidente del partido, Martín Berhongaray se limitó a publicar contenidos vinculados a Raúl Alfonsín. En cambio, los diputados Hipólito Altolaguirre, Javier Torroba y Gisela Cuadrado mostraron una participación más activa, con presencia en actos y publicaciones más comprometidas. Los demás optaron por intervenciones más acotadas en redes.
En el PRO también se observaron matices. Algunos referentes, como la diputada María Laura Trapaglia o la senadora Victoria Huala, expresaron posiciones en defensa de la democracia y de respeto a las instituciones. De hecho, tanto Huala como el radical Daniel Kroneberger se diferenciaron de los libertarios al respaldar en el Senado una resolución por los 50 años del golpe. En contraste, otros sectores mantuvieron silencio, lo que evidenció una fractura interna entre posiciones más cercanas al consenso democrático y otras alineadas con posturas más duras. Entre los más cercanos al sector libertario estuvo el diputado nacional Martín Ardohain, que prefirió dejar pasar la fecha.
El espacio libertario, en tanto, se ubicó en una posición marginal en la escena provincial, aunque alineada con la batalla cultural mileista. Su intervención se limitó principalmente a expresiones en redes sociales, muchas de ellas con tono violento y negacionista, sin lograr volumen político ni capacidad de incidencia en la agenda pública local. La única voz conocida fue el diputado nacional Adrián Ravier, que replicó el mensaje de la “memoria completa” en X, sin generar mayor adhesión.
En ese marco, lo que dejó el 24 de marzo en La Pampa fue más que una conmemoración: una demostración de consenso social y político mayoritario en torno a la defensa de la memoria, la verdad y la justicia. Un consenso que no es homogéneo ni está exento de matices, pero que mostró capacidad de movilización y presencia.
La calle, las plazas, las instituciones y hasta los clubes marcaron una línea. Frente a los intentos de relativizar el pasado, la respuesta fue colectiva. Y en esa respuesta, La Pampa volvió a inscribirse dentro de una tradición política que, con diferencias, sigue considerando al Nunca Más como un punto de partida y no de discusión.


