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¿Peronismo nacional o provincial? Fortalezas y peligros de alambrar La Pampa

11 de mayo de 2026
¿Peronismo nacional o provincial? Fortalezas y peligros de alambrar La Pampa

Por Norberto Asquini

El peronismo pampeano vuelve a pararse frente a una decisión estratégica de cara a las elecciones ejecutivas provinciales de 2027. No se trata de un dilema. Mucho menos de una discusión novedosa. Se trata, otra vez, de una certeza política: alambrar La Pampa.





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La metáfora no es casual. Alambrar significa levantar un cerco para evitar que ingresen los peligros externos al escenario político provincial. En términos electorales, implica adelantar la elección provincial para principios de mayo y despegarla de la agenda nacional. Desengancharse del ruido. Intentar que el votante pampeano entre al cuarto oscuro pensando en La Pampa y no en la Casa Rosada. O en la interna peronista actual del PJ nacional.

La estrategia tiene antecedentes concretos. Carlos Verna la utilizó en 2015 cuando se quiso despegar de la gestión kirchnerista, la repitió en 2019 frente al presidente Mauricio Macri y Sergio Ziliotto también la sostuvo en 2023, cuando el gobierno de Alberto Fernández ya acumulaba desgaste económico y político que terminó en la presidencia de Javier Milei. El método fue siempre el mismo: provincializar la elección y refugiarse detrás de una identidad propia.

Ese modelo de “La Pampa peronista” combinó tres elementos centrales: un Estado fuerte y activo, equilibrio fiscal e independencia relativa de la política nacional. El PJ pampeano encontró allí una fórmula de supervivencia. Mientras el peronismo nacional atravesaba tormentas, internas y derrotas, La Pampa mantuvo una estructura ordenada y competitiva.





Pero alambrar también tiene riesgos. El principal peligro de esta estrategia es transformarse en un partido cada vez más provincial y menos nacional. La experiencia de otras provincias muestra que algunos peronismos terminaron desmembrados, absorbidos por alianzas locales o convertidos en fuerzas testimoniales sin capacidad de conducción nacional. El aislamiento protege, pero también puede achicar el horizonte político. Igualmente, hoy no hay una conducción clara.

Sin embargo, el oficialismo pampeano parece convencido de que el mayor riesgo hoy no está dentro del alambrado, sino afuera. Y afuera lo que aparece es una hecatombe política nacional. El 2027 probablemente se convierta en un plebiscito entre “Milei sí” y “Milei no”. Hoy los libertarios están acorralados por una economía en recesión y escándalos de corrupción y lo que se ve es un futuro que será catastrófico para el próximo presidente. Pero además el PJ nacional atraviesa una interna facciosa que todavía no encuentra conducción ni proyecto.

El kirchnerismo, el sector de Axel Kicillof y ahora una tercera línea federal disputan espacios, liderazgos y futuro. Todo centrado en el AMBA. El problema no es solamente definir candidaturas. El peronismo necesita construir una propuesta económica competitiva que logre diferenciarse de su propio pasado, tener visión de futuro y, al mismo tiempo, ofrecer una salida a la crisis que dejará el modelo libertario. Volver a enamorar a un país que lo mira con suspicacia, por darle un nombre benigno.

En ese contexto, provincializar la agenda aparece como un escudo político. En La Pampa nadie quiere que la pelea nacional contamine el tablero local. Nadie se encuadra completamente detrás de ninguna línea. Todos observan desde lejos.

Algunos dirigentes miran a Axel Kicillof como posible candidato presidencial porque hoy es quien mejor mide y quien conserva mayor volumen político dentro del peronismo. Pero nadie en el PJ pampeano saldrá a apoyarlo antes de tiempo. Mucho menos antes de resolver la elección provincial.

Otros, como sectores del vernismo más duro, siguen mirando a Córdoba y al cordobesismo como referencia estética y política. La idea de despegarse de cualquier influencia kirchnerista sigue funcionando como una identidad dentro de determinados sectores del peronismo provincial.

Aunque también hay allí una contradicción evidente. El cordobesismo nunca será conducción nacional del PJ y, llegado el momento, el peronismo pampeano terminará acompañando al candidato presidencial que emerja del espacio nacional. El alambrado tiene límites. La provincia puede separarse electoralmente, pero no puede desconectarse completamente de la política argentina.

Por eso la estrategia tiene fortalezas y peligros. Fortalezas porque permitió sostener identidad, orden y poder territorial. Peligros porque el aislamiento permanente puede convertir al peronismo pampeano en una fuerza cada vez más encerrada sobre sí misma.

Aun así, frente a una política nacional partida, atravesada por internas y sin liderazgo claro, el PJ pampeano parece haber tomado una decisión: mientras afuera arrecie la tormenta, lo mejor será seguir resistiendo Pampa adentro.


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