Por Norberto G. Asquini
En 2027 las elecciones en La Pampa parecen encaminarse a ser tan polarizadas como el escenario nacional. De un lado, estará el frente antiperonista, amuchando a distintas fuerzas que hoy por hoy quieren cerrar filas, y del otro el peronismo que encuentra en el gobierno libertario al enemigo perfecto que le da sentido y unidad. Cambio o continuidad serán los valores que votará el electorado pensando en la provincia pero con un ojo puesto en lo que ocurre a nivel país.
Aunque el Mundial parece taparlo todo, no hay que confiarse. Como indica el consultor Mario Riorda, “el mundial no tapa nada, solo quien quedó anclado a un sistema de medios del siglo pasado podría seguir pensando eso”. Y para muestra tenemos la expulsión del impresentable Adorni del Gobierno nacional, o la interna peronista apurando candidaturas.
En La Pampa, el PJ observa que las provincias, un puñado de ellas, son la “última trinchera” del peronismo frente a una lógica libertaria que golpea a diestra y siniestra al interior. Es el enemigo perfecto porque frente a un modelo tan descarnado y cruel, al que solo le interesan los negocios de los de arriba, puede mostrar su contratacara: La Pampa peronista. Y frente a un peronismo nacional sumido en las internas y la falta de un proyecto, cobra fuerza la necesidad de unirse y sostener la “provincialización” del PJ local, aunque hoy las grietas se dejen ver entre algunos sectores.
Del otro lado, en la oposición antiperonista, se teje una alianza común que antes hubiera sido imposible. Ese consenso pragmático que muestra a la UCR, al PRO y a LLA pensando en juntar fuerzas se fue cimentando con varias cuestiones. Por un lado, el mileísmo y su lógica del odio como valor político terminaron por darle alas al antiperonismo más recalcitrante, y que fue arrinconando a los moderados a los extremos.
Eso también diluyó las barreras ideológicas, y si algún sector no concuerda en algo con la ultraderecha, al menos lo disimula de manera pragmática con tal de lograr el objetivo de ir todos juntos.
Y por supuesto, estuvieron las condiciones internas: el radicalismo esta vez parece unido en su frente interno (raro que tenga un solo nombre y no estén los sectores internos a los codazos), lo que permite que no se estén desangrando por la principal, que es la candidatura a gobernador, y tenga un objetivo claro: imponerse a los postulantes de los otros sectores. Por otro lado, ven disminuido al peronismo por su interna y por una gestión que debe administrar la pobreza que deja el ajuste y la motosierra. Y se suma la idea de que pueden cambiar el rumbo provincial con la soñada alternancia, luego de una elección ajustada en 2019, y que ahora están todavía más cerca si pueden juntar a todos los sectores que le restan votos a la opción central opositora.
Los dos polos van delineándose en La Pampa. La polarización ya es una tendencia nacional (mileísmo versus antimileísmo) con raíces locales. En Río Negro (vamos a usar una encuesta de PoliTech de una provincia cercana, ya que de La Pampa no se han publicado) se estaba midiendo un empate técnico entre LLA y el PJ, mientras el oficialismo provincial pierde terreno relegado a un lejano tercer lugar. Un escenario tripartito, pero que esconde una fuerte polarización nacional.
El tema, ahora, va a ser cerrar las listas. ¿Habrá internas o acuerdo? ¿El dedazo del ex gobernador Carlos Verna en el peronismo o del presidente Javier Milei en la oposición? ¿Cómo armarán las listas de diputados provinciales y de concejales? ¿Los intendentes radicales deberán abrirlas a los libertarios? ¿El PRO deberá dejar lugares propios en las listas para cargos colegiados a los libertarios o a los indeseables de CO? ¿Cómo resolverá la Plural con sus dos centros políticos los lugares? ¿Quiénes de los otros sectores del peronismo ganarán o perderán espacios ante la disputa de los “verdes”?
También se espera por la decisión del desdoblamiento, que como ya dijimos permite al peronismo provincial aislarse de la polarización nacional y organizar su estrategia. Una maniobra que acelera los tiempos y, en otras elecciones, como en 2019, generó fuertes tensiones internas dentro de la alianza opositora. Y que, en esta, será una decisión más que importante que deben estar evaluando los dos líderes de la Plural, pero que se va a estirar a más no poder.
Mientras se espera por la discusión por las listas, continuidad o cambio, Milei o anti-Milei, peronismo o antiperonismo, blanco o negro son las opciones que están cada vez más definidas y contrarias, definiendo el gran choque de 2027.


