Por Norberto G. Asquini
La noticia de la semana fue la presentación en la Justicia Electoral de un nuevo partido impulsado por el intendente de Santa Rosa, Luciano Di Nápoli, que amenaza con utilizarlo en las próximas elecciones provinciales de 2027 si no es elegido como candidato a gobernador o, por lo menos, no le permiten disputar la interna para ese cargo en el Partido Justicialista.
Di Nápoli lanzó con Fuerza Pampa su plan B para la Gobernación y mostró sus cartas: desde su decisión de ser el candidato hasta las limitaciones de su armado, que es el mismo con el que intentó encarar la interna partidaria. Quiere ser sí o sí candidato a gobernador. La maniobra también puede ser una forma de presionar para alcanzar un acuerdo, pero está claro que su intención no es renovar como intendente sino ir por algo más.
Luego del impacto periodístico y de los análisis posteriores con la novedad todavía fresca (se mencionó desde rupturas hasta fracturas en el peronismo), con el correr de los días se puede poner en perspectiva la jugada y también sus consecuencias.
Por un lado, la puesta en escena de Di Nápoli (a través de dos intendentes y funcionarios de su gestión) fue una muestra de la capacidad de daño que puede tener para el peronismo. Pero, por otro, el silencio del resto del PJ muestra que es una maniobra que ya estaba prevista (Di Nápoli la fue anticipando en sus reuniones con otros intendentes) y que, si bien puede ser perjudicial para el oficialismo provincial en 2027, también tiene un alcance limitado.
Además, la polarización será un hecho en los comicios de 2027 entre el peronismo y el gran frente con el que sueña la oposición, y no habrá mucho espacio para terceras fuerzas. Si Di Nápoli decidiera jugar con Fuerza Pampa, podría restarle votos al PJ, que hoy están contados y no aseguran un triunfo. Pero no sería el tercero en discordia a nivel provincial.
Mientras tanto, la línea mayoritaria del peronismo, la Plural, hace silencio. Todavía no es tiempo de cerrar acuerdos, parecen decir quienes manejan los hilos. Tampoco quieren una interna. La hipótesis de este columnista es que, más allá de los chisporroteos y las malas caras, los dos brazos de la Plural, con sus dos referencias, el gobernador Sergio Ziliotto y el conductor Carlos Verna, cerrarán “por arriba” cualquier acuerdo. Las otras líneas también apuntan a llegar a la unidad para fortalecer al PJ, aunque en algunos casos pretenden que exista una mayor discusión de los temas políticos.
Pero la puesta en escena de Di Nápoli también dejó lugar para otro análisis más general: todos los sectores, desde la Plural hasta el espacio de Di Nápoli, están condicionados a un acuerdo (llámese consenso o interna) para afrontar de manera competitiva 2027. Todos necesitan de los otros para buscar ganar las próximas elecciones y ninguno puede quedar afuera o “herido”. No hay mucho margen para aventuras o enojos.
Y todos están condicionados porque Verna solo no puede imponer un candidato a dedo o únicamente con el poder de fuego de General Pico. Ziliotto tampoco puede forzar nada sin un acuerdo con Verna. Y si Verna y Ziliotto alcanzan un entendimiento, será conteniendo a las demás líneas. Todos tienen que acompañar, porque, de lo contrario, será difícil que el PJ retenga la Gobernación. Y también Di Nápoli, más allá de sus ambiciones y voluntarismo, está condicionado. Va a tirar de la cuerda para conseguir que lo dejen disputar la interna, pero incluso para ser candidato a gobernador necesita luego el respaldo del resto. Como el meme de los tres Spider-Man, todos parecen apuntarse entre sí en este escenario.
En el peronismo pampeano, como repiten en distintos ámbitos, lo único seguro es que en 2027 “nadie se salva solo”.


