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Semino alertó sobre la caída de aportantes y dijo que hay 5 millones de jubilados que “se mueren de hambre”

27 de julio de 2026
Semino alertó sobre la caída de aportantes y dijo que hay 5 millones de jubilados que “se mueren de hambre”

El defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, analizó en Radio Textual (por Radio Kermés) la caída de los aportantes al sistema previsional y cuestionó el deterioro de los haberes jubilatorios. Afirmó que hay unos 5 millones de jubilados que “se mueren de hambre”, sostuvo que el haber medio ronda los $850.000 frente a una canasta de $1,8 millones y calificó la situación de los adultos mayores como una “crisis humanitaria”. También alertó sobre el futuro del sistema ante la pérdida de empleo registrado y el avance de la informalidad.

La caída de los aportantes a la seguridad social encendió nuevamente las alarmas sobre el presente y el futuro del sistema previsional argentino. El defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, sostuvo que el problema no puede analizarse solamente desde la relación entre trabajadores activos y jubilados, sino que debe contemplar el deterioro de los ingresos de los adultos mayores y los cambios que atraviesa el mercado laboral.

“Si tenemos los jubilados que se mueren de hambre, si no tenemos aportantes, no tenemos sistema”, resumió Semino durante la entrevista.

El último informe de la Subsecretaría de Seguridad Social mostró que en mayo de 2026 había 12.442.017 aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), unos 38.532 menos que un año antes. La caída se explica principalmente por la reducción de trabajadores en relación de dependencia, que perdió 140.659 aportantes en el período.

Para Semino, el dato está relacionado con una realidad laboral que lleva años agravándose: la precarización y la informalidad.





“En realidad no sorprende: 40% de trabajo negro”, señaló al analizar la reducción de aportantes.

El defensor de la Tercera Edad puso el foco en la situación actual de quienes ya están jubilados. Según afirmó, existen alrededor de 5 millones de jubilados con ingresos que no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas.

“Tenemos 5 millones de jubilados que en Argentina se mueren de hambre”, sostuvo, y agregó que los haberes alcanzan para cubrir apenas una parte de la canasta de necesidades básicas.

Aseguró que el deterioro ya no afecta exclusivamente a quienes perciben la jubilación mínima. “No ocurre ni con los de la mínima, que se mueren de hambre, ni con las jubilaciones medias”, afirmó.

Según el defensor, la jubilación media se ubica alrededor de los $850.000, mientras que la última canasta conocida en marzo, incluyendo gastos de vivienda para un adulto mayor, alcanzaba los $1.800.000.

Los valores oficiales muestran la dimensión de la brecha. Desde julio de 2026, el haber mínimo garantizado es de $411.989,33, mientras que la PUAM quedó establecida en $329.591,46.

El Gobierno, además, mantuvo el esquema de bonos extraordinarios para complementar los haberes más bajos. En junio de 2026 otorgó nuevamente un bono previsional extraordinario, según el decreto oficial.

Una “crisis humanitaria”

Semino fue todavía más contundente al describir el presente de los adultos mayores y habló directamente de una “crisis humanitaria”.

“Hay que hacer acción social con los jubilados, con la gran masa de jubilados, que tiene una triple crisis”, afirmó.

Y detalló: “Es una crisis alimentaria, es una crisis sanitaria, no hay atención a la salud en tiempo y forma, y es una crisis, en las grandes urbes, habitacional”.

El deterioro de los ingresos también está llevando a muchos adultos mayores a continuar trabajando o regresar al mercado laboral. Un informe citado por El País, elaborado a partir de datos de la EPH del INDEC, registró un aumento del 12,7% en la participación laboral de las personas mayores de 65 años entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025.

El problema de los aportantes

La caída de los aportantes preocupa porque el sistema previsional argentino funciona bajo un esquema de reparto: los aportes y contribuciones de los trabajadores activos forman parte del financiamiento de las prestaciones actuales.

Pero Semino advirtió que el problema tiene una dimensión estructural. El mercado laboral está cambiando y el modelo tradicional de financiamiento previsional, basado fundamentalmente en el empleo formal, enfrenta cada vez mayores dificultades.

“Está cambiando a su vez el modelo productivo. La inteligencia artificial implica, para comparar en términos históricos, lo que fue la revolución industrial”, explicó.

Para el defensor, la discusión debería ser mucho más profunda que aumentar la edad jubilatoria o modificar los requisitos para acceder a una prestación.

“Si no tenemos aportantes, no tenemos sistema”, insistió.

¿Está en riesgo el futuro de las jubilaciones?

Ante la consulta sobre si la caída de aportantes puede poner en riesgo las jubilaciones futuras, Semino respondió que el problema todavía no se observa plenamente en el corto plazo.

La razón, según explicó, es que la reducción de nuevos jubilados está compensando temporalmente la pérdida de aportantes.

“Se jubilaron 300.000 personas menos al no haber moratorias. Entonces se compensa, pero en este período, en el corto período”, explicó.

El problema, advirtió, es que la política previsional suele analizarse con una mirada demasiado vinculada a los tiempos electorales.

“Los políticos suelen pensar sus tiempos históricos en términos de los tiempos electorales, en términos de dos años”, cuestionó.

Por eso consideró que la discusión debería orientarse a diseñar un nuevo esquema de financiamiento para la Seguridad Social.

Rechazo a la suba de la edad jubilatoria

Uno de los posibles cambios que circulan en el debate previsional es aumentar la edad para jubilarse. Semino rechazó esa alternativa.

“Eso de la edad, que lo han repetido muchos, es una invisibilidad de gran dimensión”, sostuvo.

Según explicó, aumentar la edad jubilatoria tendría consecuencias sobre el mercado laboral, especialmente entre los jóvenes.

“Hace 13 años no se generan nuevos puestos de empleo en la Argentina”, afirmó, y cuestionó la posibilidad de intentar resolver el problema previsional simplemente prolongando la permanencia de los trabajadores en actividad.

Para el defensor, la discusión debe centrarse primero en cómo financiar un sistema previsional sostenible y con prestaciones que permitan cubrir las necesidades básicas.

En ese sentido, propuso ampliar la discusión hacia otras fuentes de financiamiento: “¿Por qué las rentas como la petrolera, la financiera o la minera no ponen un solo mango a la Seguridad Social y sí lo hacen en la mayoría de los grandes países del mundo?”, planteó.

El FGS, otra preocupación

Semino también cuestionó el posible uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSES para otros objetivos, entre ellos el financiamiento de créditos hipotecarios.

Recordó que el fondo surgió en 2008 a partir de la estatización de los fondos de las AFJP y cuestionó que, históricamente, no haya sido utilizado prioritariamente para evitar el deterioro del poder adquisitivo de los jubilados.

“El fondo hoy es todo papel picado. 80% son bonos del Estado, títulos del Estado”, afirmó.

Para Semino, el FGS debería cumplir una función directamente vinculada con la protección previsional y no convertirse en una fuente de financiamiento para otros objetivos del Estado.

La Pampa: una discusión que también impacta

En La Pampa, la situación previsional tiene además una particularidad: la provincia mantiene su propio régimen jubilatorio a través del Instituto de Seguridad Social (ISS), mientras que también hay pampeanos que cobran prestaciones del sistema nacional.

El haber mínimo del régimen provincial se ubica desde mayo de 2026 en $1.023.360, de acuerdo con la información oficial del ISS. Es decir, existe una diferencia considerable con la jubilación mínima nacional.

Pero el problema del financiamiento previsional también atraviesa directamente a la provincia. En julio, el Gobierno pampeano reclamó a Nación el pago de $5.000 millones correspondientes a junio, en el marco del acuerdo por la deuda previsional que ANSES mantiene con la Caja pampeana.

La situación agrega una dimensión provincial a un problema que Semino considera estructural: la discusión sobre cómo financiar la seguridad social en un escenario de menor empleo registrado, mayor informalidad y cambios profundos en el mercado laboral.

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