La familia de Adan Misael Serraino Zinki, que murió al ser atropellado por un vehículo en la localidad de 25 de Mayo en 2008, no logró justicia. Finalmente, luego de casi dos décadas de batallar en los estrados judiciales, el caso va camino a quedar impune: la Corte Suprema de Justicia de la Nación aceptó en las últimas horas un recurso de queja de Ángel Patricio Molina, condenado por la muerte del adolescente, y ordenó a la Justicia pampeana que dicte un nuevo fallo en el que se declare la prescripción de la acción penal. Es decir, dieron la orden para que se declare su absolución.
El fallo, al que accedió Diario Textual, fue firmado por los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti.
La madrugada del 1º de noviembre de 2008, Molina iba borracho y a alta velocidad -para la familia y los fiscales, corría “picadas”, aunque eso nunca pudo corroborarse fehacientemente- por las calles de 25 de Mayo. Luego de una mala maniobra, ingresó en contramano y embistió a tres jóvenes que caminaban por la vereda hacia sus casas.
Adan Serraino fue arrastrado y terminó impactando contra una vivienda. Murió como consecuencia del choque. Su amigo, Miguel Andrade, sufrió lesiones graves. El tercero de los amigos logró esquivar el vehículo.
En octubre de 2012, la Justicia pampeana condenó a Molina a cinco años de prisión por homicidio culposo agravado. Posteriormente, el Tribunal de Impugnación Penal (TIP) redujo la pena a cuatro años de prisión y diez de inhabilitación.
La defensa cuestionó luego la validez del juicio porque dos jueces que habían intervenido en el trámite del juicio abreviado también integraron el tribunal que dictó la condena. El Superior Tribunal de Justicia de La Pampa (STJ) anuló entonces la sentencia y ordenó realizar un nuevo debate.
A partir de esa decisión, un defensor oficial y un fiscal plantearon que la causa había prescripto, porque habían transcurrido más de cinco años, el máximo de pena previsto para el delito, desde la fecha del hecho. El 3 de agosto de 2016, la Cámara Nº 1, integrada por Elvira González, Miguel Gavazza y Flavia Ongaro, declaró extinguida la acción penal por prescripción y dictó el sobreseimiento de Molina. El abogado querellante Sergio Sánchez Alustiza apeló esa resolución y logró un nuevo juicio.
En 2021 se realizó otro juicio. El juez de audiencia subrogante de Santa Rosa, Gabriel Tedín, condenó a Molina a la pena de cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo y diez años de inhabilitación para conducir todo tipo de vehículos en la vía pública.
La pena fue ratificada por el TIP y el STJ. Pero la defensora oficial María Antonella Marchisio impugnó el fallo. Uno de los pedidos fue, otra vez, el sobreseimiento de Molina, al considerar que la acción penal había prescripto por el paso del tiempo.
El caso llegó finalmente a la Corte Suprema, que ahora hizo lugar a la queja, declaró procedente el recurso extraordinario y dejó sin efecto la sentencia apelada. El máximo tribunal consideró aplicable al caso lo resuelto en el precedente “Uzcátegui Matheus”, vinculado con los planteos de prescripción y la duración razonable del proceso, y ordenó dictar un nuevo pronunciamiento a la Justicia pampeana.
La resolución dejó sin efecto la sentencia cuestionada y volvió a poner el foco en la prescripción de la acción penal y en el prolongado trámite judicial del expediente.
Desde hace casi dos décadas, Rubén Serraino, padre de Adán, reclama justicia por la muerte de su hijo. Amelia Susana Zinki, madre del adolescente, murió el 30 de octubre de 2020 sin ver concluida la causa.
Durante el largo recorrido judicial, la familia atravesó distintas instancias y decisiones que profundizaron su padecimiento. En una de esas ocasiones, cansada de la falta de una resolución definitiva y al ver a Molina en libertad en la misma localidad, Zinki y su esposo acudieron al Superior Tribunal de Justicia para expresar su rechazo al fallo. Durante esa visita, ante el entonces ministro del tribunal Fabricio Lossi, la mujer intentó quitarse la vida, pero fue detenida por su esposo.
Ahora, casi 18 años después de la muerte de Adán, la causa vuelve a quedar atravesada por la prescripción y por los cuestionamientos vinculados con el extenso tiempo que llevó el proceso judicial.


