El sociólogo e investigador del Conicet Gabriel Kessler analizó en Radio Textual (por Radio Kermés) cómo viven el endeudamiento los votantes que mantienen su respaldo al gobierno de Javier Milei, incluso cuando reconocen que atraviesan dificultades para llegar a fin de mes. “Una experiencia de sufrimiento propio no se traduce necesariamente en una demanda política de que el Estado lo resuelva”, explicó.
Kessler, junto con otros investigadores, sigue desde julio de 2024 a un grupo de votantes de Milei de primera y segunda vuelta a través de cinco grupos de WhatsApp. El trabajo busca comprender cómo reaccionan ante distintas medidas y acontecimientos políticos y si se está formando un núcleo de votantes de ultraderecha con características de mayor fidelidad electoral.
A partir de ese seguimiento elaboraron el artículo “Endeudados pero fieles”, publicado en la revista Anfibia, donde analizaron específicamente las percepciones de los votantes sobre el endeudamiento.
Según explicó Kessler, varios de los participantes están endeudados o tienen personas cercanas atravesando situaciones de morosidad. Sin embargo, reconocer el problema y sufrir sus consecuencias económicas no implica necesariamente considerar que el Estado deba intervenir.
“Lo principal es reconocer la situación como endeudado o moroso y lo grave que es para ellos en términos económicos, pero eso no implica que necesariamente consideren que el gobierno debe hacerse cargo de las deudas”, señaló.
El investigador remarcó que allí aparece una de las claves del fenómeno: la distancia entre la experiencia económica personal y la demanda política. Entre los participantes aparecen posiciones diferentes. Algunos sostienen que el Estado no debe intervenir porque cada persona debe hacerse responsable de sus decisiones financieras. Otros plantean que debería regular las tasas de interés o intervenir frente a lo que consideran tasas abusivas. También hay quienes advierten que una regulación podría terminar reduciendo la disponibilidad de créditos.
“Una misma experiencia puede tener distintas expresiones políticas”, sintetizó Kessler.
En el relevamiento, según explicó, de unas 30 personas que se encontraban en una situación complicada con las deudas o conocían casos cercanos, 19 rechazaron la intervención del Estado. Es decir, aún frente a situaciones de endeudamiento, la posición más extendida dentro de ese grupo no era reclamar una respuesta estatal.
El sociólogo puso como ejemplo el testimonio de uno de los participantes, un albañil cordobés, que sostuvo: “No creo que el presidente deba hacerse cargo de la deuda de las personas. Cada uno sabe lo que hace, cómo administra la plata. No tiene por qué el Estado, que somos todos, pagar la indulgencia a otra gente”.
Frente a esa posición, otros participantes consideran que las tasas son excesivas y que debería existir algún tipo de regulación.
Para Kessler, una de las razones que permiten comprender estas respuestas está en las concepciones políticas previas de los votantes. Algunos consideran que se han sacrificado económicamente para sostener el rumbo del Gobierno y que modificarlo podría poner en riesgo lo que consideran uno de sus principales logros: la reducción de la inflación.
“Me he forzado mucho, me sacrifiqué mucho por este gobierno, entonces no quiero nada que pueda erosionar algo de lo que veo como logros, que es bajar la inflación”, describió.
También señaló que muchos de los argumentos utilizados por el Gobierno son retomados por sus propios votantes para interpretar las situaciones que atraviesan. En el caso del endeudamiento, aparece con fuerza la idea de que se trata de una relación entre privados y que cada persona debe hacerse cargo de las decisiones que tomó.
Kessler explicó que ese mecanismo también fue observado por los investigadores frente a otros conflictos, como el financiamiento universitario. Según recordó, inicialmente los votantes que siguen en la investigación acompañaban los reclamos de las universidades. Sin embargo, cuando el Gobierno instaló el argumento de que las instituciones debían ser auditadas, parte de esos mismos votantes incorporó esa explicación.
“Los marcos, los argumentos que da el Gobierno son muchas veces tomados por sus votantes”, sostuvo.
El endeudamiento, además, no aparece necesariamente como una decisión financiera aislada. Kessler describió situaciones de trabajadores que no llegan a fin de mes, personas que deben recurrir a adelantos de sueldo para afrontar facturas de electricidad y hogares cuyos ingresos resultan insuficientes frente al costo de los servicios y otros gastos cotidianos.
“La deuda no aparece como un acto elegido en libertad, sino como consecuencia de ingresos insuficientes”, planteó.
Pero incluso reconociendo esa realidad, la discusión vuelve a girar sobre una pregunta: quién debe hacerse cargo.
Para Kessler, allí aparece con fuerza la retórica antiestatista. “Muy poca gente tiene una buena experiencia con el Estado”, sostuvo, y señaló que ese antecedente permite comprender por qué determinadas personas pueden atravesar una situación económica difícil sin concluir que la solución deba provenir de una mayor intervención estatal.
El investigador también rechazó caracterizar a estos votantes como “fanáticos”. Consideró que se trata de personas convencidas ideológicamente, pero que no son militantes y que tampoco sostienen cualquier posición del Gobierno de manera automática.
“Son votantes comunes. La cuestión central es la economía: que baje la inflación, vivir mejor y que el país esté un poco mejor. Y ellos creen que es por acá”, explicó.
Kessler destacó además que esos votantes no son necesariamente inamovibles. El equipo de investigación continúa siguiéndolos para observar quiénes comienzan a mostrar signos de cansancio y quiénes abandonan su respaldo.
De todos modos, advirtió que el grupo estudiado corresponde a votantes que acompañaron a Milei tanto en la primera como en la segunda vuelta de 2023, es decir, lo que los investigadores consideran un núcleo duro de apoyo.
“Son los votantes que llamamos duros”, explicó. Y señaló que, a diferencia de quienes llegaron a Milei únicamente en el balotaje, se trata de personas que ya habían elegido al actual presidente en la primera vuelta.
Kessler aclaró que la investigación es cualitativa y que sus resultados no pueden extrapolarse estadísticamente al conjunto del electorado. El objetivo, explicó, es comprender los mecanismos mediante los cuales esos votantes interpretan su propia realidad económica y política.
En el caso de los votantes estudiados por Kessler, el endeudamiento, las dificultades para llegar a fin de mes y el aumento de los gastos cotidianos no se traducen automáticamente en un cambio de posición política. Para algunos, el sacrificio forma parte del camino que consideran necesario para alcanzar una mejora económica futura.
“Hay una identificación en que este es el camino correcto, en que ya nos sacrificamos mucho y que el sacrificio valga la pena”, explicó Kessler.


