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El 20 es fin de mes: almaceneros advierten que se instaló la “compra hormiga” y regresó el fiado

2 de noviembre de 2026
El 20 es fin de mes: almaceneros advierten que se instaló la “compra hormiga” y regresó el fiado

El vicepresidente de la Federación Nacional de Almaceneros, Fernando Savore, describió el deterioro del consumo y explicó cómo la pérdida de poder adquisitivo modificó los hábitos de compra de las familias. Las compras pequeñas, el regreso del fiado y las dificultades para sostener los comercios forman parte de un escenario en el que el dinero ya no alcanza para llegar a fin de mes. “No es que el cliente no quiera pagar, es que no puede”, advirtió.

“Cuando decimos que el 20 es fin de mes es porque uno ve que ya falta dinero en el bolsillo del trabajador”, sostuvo Savore en una entrevista con Radio Textual (por Radio Kermés). La expresión, que describe una situación cada vez más habitual para los comerciantes, refleja cómo las dificultades económicas obligan a las familias a modificar sus compras mucho antes de recibir el próximo ingreso.

El fenómeno se manifiesta en la llamada “compra hormiga”: los consumidores dejan de hacer compras grandes y concurren a los comercios de cercanía para adquirir únicamente lo indispensable para resolver las comidas del día. “Entró el cliente, compró el paquete de fideos, el puré de tomate, el quesito rallado. ¿Cuánto es? 3.500 pesos y se fue. Y no hay más”, ejemplificó.

Según explicó el dirigente, incluso las ofertas y promociones pierden efectividad cuando el problema no es el precio de un producto, sino la falta de dinero disponible para comprarlo. Aunque una promoción resulte conveniente, el consumidor no puede aprovecharla si ya agotó el presupuesto que tenía para alimentarse.

Savore utilizó una comparación para describir la situación de los pequeños comercios. Si un negocio necesita 100 pesos para cubrir sus gastos, reponer mercadería, pagar impuestos y generar un ingreso para su propietario, actualmente puede estar vendiendo apenas 70. La diferencia obliga a tomar decisiones permanentes sobre qué obligaciones pagar y cuáles postergar.





“¿Qué hago? ¿Hoy pago la luz que la debo o repongo mercadería que hoy tengo faltante? Repongo mercadería porque el negocio tiene que estar sin faltantes, porque si no es la causa de perder ventas”, explicó. Esa decisión, sin embargo, puede traducirse en atrasos en el pago de los servicios, los impuestos municipales o las obligaciones tributarias.

Para Savore, la actividad comercial funciona como un reflejo de la situación económica de sus clientes. Cuando las familias tienen dinero, consumen y el circuito comercial se mueve. Cuando los ingresos no alcanzan, la caída de las ventas afecta al conjunto de los comercios.

“Nosotros nunca dejamos de ser un espejo de ustedes, que son nuestros clientes”, afirmó. En ese sentido, remarcó que las dificultades no perjudican exclusivamente a los hogares, sino también a quienes necesitan vender para sostener sus negocios.

Uno de los cambios más visibles es el regreso del fiado, una práctica histórica de los almacenes de barrio que vuelve a cobrar protagonismo frente a las dificultades para llegar a fin de mes. Aunque los comercios se transformaron con el tiempo en autoservicios, la relación de confianza con los clientes continúa siendo un elemento central.

Savore explicó que los comerciantes conocen a sus compradores y sus situaciones particulares. Por eso, cuando alguien se acerca y pide que le permitan llevar mercadería hasta cobrar, muchas veces acceden a ayudarlo.

“¿Cómo no lo vas a aguantar, si es el cliente que te da de comer?”, planteó. Sin embargo, aclaró que también deben establecer límites para evitar que la deuda se vuelva impagable.

El dirigente puso como ejemplo un fiado de 40.000 pesos, una suma que puede permitirle a una familia resolver algunas necesidades básicas, aunque resulte insuficiente para cubrir una compra importante. El problema aparece cuando los montos aumentan y el consumidor no tiene posibilidades reales de devolver el dinero.

“Si yo le doy a Luis 300.000 pesos de fiado, lo más probable es que no me los pague. Y no es porque no quiera, es porque no va a poder”, advirtió.

En su análisis, la situación también está relacionada con el endeudamiento de las familias mediante tarjetas de crédito y las compras en cuotas. Savore recordó las promociones que ofrecían los grandes supermercados para pagar en tres cuotas sin interés y que, en muchos casos, incentivaban a llevar más productos de los necesarios.

El consumidor aprovechaba la financiación para comprar lo indispensable y sumar algún gusto, pero después debía afrontar los vencimientos de la tarjeta con ingresos que no alcanzaban. Así, una herramienta que inicialmente facilitaba el consumo terminaba convirtiéndose en otra obligación difícil de afrontar.

Consultado sobre el cierre de almacenes y despensas, Savore señaló que la Federación realiza un relevamiento mensual a través de los preventistas de distintas empresas distribuidoras. Según los datos que describió, los cierres de comercios de alimentos que detectan son escasos, aunque aclaró que se trata de un relevamiento basado en la comunicación con los vendedores y no de un censo formal.

El dirigente consideró que la venta de productos de primera necesidad contribuye a sostener la actividad de estos negocios, aun en un contexto de retracción del consumo. En cambio, señaló que otros rubros, como los kioscos y las panaderías, enfrentan dificultades adicionales porque las familias prescinden de productos que antes compraban con mayor frecuencia.

“Antes comer factura era de todos los días y hoy la factura se come el domingo, cuando se puede”, resumió.

Savore también vinculó los cambios en los hábitos de compra con la pérdida de protagonismo de las grandes superficies comerciales. Según su interpretación, la compra mensual de mercadería, que durante años concentró buena parte del consumo familiar, fue reemplazada progresivamente por adquisiciones cotidianas en comercios cercanos.

En ese escenario, defendió la competencia entre los distintos formatos comerciales y sostuvo que los almacenes pueden ofrecer precios más convenientes en determinados productos debido a sus menores costos operativos.

Recordó, además, las dificultades que atravesaron los comercios durante los períodos de controles de precios, cuando, según señaló, algunos productos subsidiados o con valores regulados no llegaban en cantidades suficientes a los negocios de cercanía. También destacó que actualmente observa una mayor disponibilidad de mercadería en los distribuidores mayoristas.

Para Savore, la transformación del consumo y la reducción de las compras no pueden analizarse únicamente desde los precios de los productos. El problema central está en la capacidad de compra de la población y en la falta de recursos para sostener el consumo habitual.

La compra de pequeñas cantidades, el fiado y la postergación de gastos son señales de una misma realidad: cada vez más familias deben administrar el dinero día a día, mientras los comerciantes intentan mantener sus negocios en funcionamiento con ventas que no alcanzan los niveles necesarios.






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