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Caso Acevedo: pidieron condena a la pareja acusada

16 de julio de 2020
Caso Acevedo: pidieron condena a la pareja acusada

Con el pedido del Ministerio Público Fiscal para que Pablo Daniel O’Lery y Melody Cecilia Martines sean condenados por el delito de homicidio criminis causa, en concurso real con robo, de Felisa Acevedo, concluyó hoy la séptima jornada del juicio oral –que se extendió durante ocho horas– donde se investiga la muerte de la docente de 86 años, ocurrida el  miércoles 31 de agosto de 2018 en su departamento del barrio Calfucurá, en Santa Rosa.

El fiscal Facundo Bon Dergham, durante su alegato, reiteró la teoría de que ambos acusadores idearon un plan criminal y que ingresaron a la vivienda de Acevedo con el ánimo de sustraerle dinero y joyas. En ese contexto la golpearon brutalmente para que no pudiera reconocer a Martines, quien había realizado allí tareas domésticas.





Platense




El patrocinante Alberto Acosta, querellante particular en nombre de la hija de la víctima, Nilda Susana Redondo, adhirió a la solicitud de fiscalía y en su alegato describió cómo era la víctima, a partir de su experiencia personal.

En cambio, la defensora oficial de O´Lery (42 años), Silvina Blanco Gómez; y el defensor particular de Martines (29), Gastón Gómez, plantearon la inocencia de ambos.

Los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz, integrantes de la Audiencia de Juicio, anunciaron que el 30 se conocerá si los imputados son culpables o inocentes.





Como la pena eventual supera los seis años de prisión, antes del inicio del juicio se requirió la división del debate. Por lo tanto, si el tribunal considerase que son culpables, se fijará una audiencia de cesura. En ese caso, allí cada una de las partes presentará sus pruebas y a posteriori la Audiencia dictará la sentencia.

 

“La golpearon y luego le robaron”

Bon Dergham sostuvo que existió un plan delictivo y que los acusados “mataron a Acevedo para facilitarse el robo de sus ahorros y alhajas, y para lograr la impunidad de ambos”, ya que la víctima conocía a Martines porque había ido a efectuar tareas domésticas.

Indicó que el hecho se produjo entre las 20.14 y 20.37 y que la docente fue agredida brutalmente, pues que recibió al menos cuatro golpes en la cabeza con una barreta que llevó la imputada. “El mayor despliegue de violencia fue ejercido por Martines”, acotó, en alusión al uso de la barreta; añadiendo que O’Lery fue quien le dio los golpes de puño. “Primero la golpearon y luego le robaron”, destacó.

Bon Dergham expresó que O’Lery llevó a Martines al departamento en su camioneta Ford F-100, que partieron de la casa de la mujer a las 19.22 y que se retiraron en el mismo vehículo, “con las luces apagadas”, a las 20.37 desde España y Civit.

Más adelante, la fiscalía le dio credibilidad absoluta al relato de Nicolás Ríos, a tal punto que llegó a decir que “si no declaraba en la Brigada de Investigaciones, el crimen hubiese quedado impune”. Ríos  sostuvo que los imputados regresaron a la casa de Martines a las 20.56 y que ella bajó toda ensangrentada. También valoró los dichos de la vecina Elena Selva, quien reconoció a O’Lery como la persona que, “esa tardecita, estaba parado frente al departamento como esperando que le abran la puerta”.

Bon Dergham afirmó que se hallaron “huellas del calzado de O´Lery a centímetros de la barreta y a un metro de la escena más violenta” del crimen; y un collar de Martines “en medio de un charco de sangre”. También ADN de Acevedo en la camioneta del imputado.

Remarcó que O’Lery volvió a la escena del homicidio para buscar el dinero que “Melody había dejado acovachado (sic) en una bolsa”, en cercanías del departamento, y que pocas horas después del crimen “publicó, en General Pico, que vendía la camioneta a un precio muy bajo”.  “Eso fue parte de su coartada”, subrayó.

Además dijo que, en los cuatro días que se tardó en detener a los acusados, ellos hicieron desaparecer pruebas. Según la fiscalía, “Martines le hizo quemar Toto (por el testigo Juan Gómez) ropa ensangrentada”.

Por último, enumeró una serie de circunstancias que formaron parte de la organización del plan y concluyó que cuando lo planearon, sabían que la víctima tenía dinero, a tal punto que a posteriori se encontró allí una suma muy importante que los acusados no pudieron hallar. “No fue una muerte en ocasión de robo, porque ellos no se sorprendieron de nada. Fueron sabiendo que había dinero y que iban a encontrarse con una persona vulnerable”.

Acosta, a su turno, valoró especialmente el trabajo el trabajo del fiscal (“sin horarios”, detalló) y de la policía científica, adhirió a todos los dichos de Bon Dergham y pidió hablar de la víctima “porque este juicio se trata de ella, de Felisa Acevedo”.

A partir de la relación personal que tenía con ella, dijo que sus precauciones de seguridad eran exageradas y, por lo tanto, “franquear la puerta y obtener su confianza” no era sencillo. “Nunca le hubiera abierto la puerta a O´Lery”, afirmó.

Al igual que el M.P.F., sostuvo que “nos enteremos de lo que pasó por un chico de 18 años”, en referencia Ríos; mostró su extrañeza porque Martines le haya dejado el cuidado de sus hijos a alguien que conocía hacía apenas un mes (por “Toto” Gómez) y destacó que “es más que sospechoso que no se encontraron huellas de la imputada en el departamento, cuando ella misma reconoció estar ese día allí”.

 

“Me hizo acordar a Fariña…”

El defensor Gastón Gómez se centró exclusivamente en demostrar la inocencia de Martines. Por eso se limitó en mostrar que el relato que dio hoy se condijo con la realidad. También hizo hincapié en las versiones tan disímiles y contrapuestas que ofrecieron Ríos y “Toto” sobre el regreso de la imputada a su domicilio en la noche de ese miércoles 31.

La defensa, a sabiendas que la fiscalía y la querella le dieron vital importancia a la declaración de Ríos, lo calificó como un “iluminado”, dijo que su testimonio fue “totalmente mendaz” y paso a paso trató de ir rebatiendo sus dichos. “Habló de handies, de una tostadora, de que Martines llevó la barreta en la manga… Mucha fantasía. Me hizo acordar a (Leonardo) Fariña cuando dijo ‘quieren ficción, le vamos a dar ficción’”. Cuestionó que el testigo diera una versión a la Brigada de Investigaciones y otra durante el juicio. “Fue modificando horarios y acomodándolos a partir de las pruebas que iban consiguiendo la fiscalía y la policía”, añadió.

Con respecto a sus divergencias con “Toto” Gómez, resaltó que “nunca lo había mencionado hasta que esta defensa le preguntó por él” y acotó que, recién en ese instante, dijo que este último también había visto a Martines llegar a su casa ensangrentada. “Hasta ahí no le había interesado decir que Toto estaba en la vivienda”.

En el alegato, Gómez pidió escuchar una docena de audios del celular de Ríos. Allí se lo oye hablando de la compra y venta de drogas con un familiar. “Hay muchas cosas inentendibles. Dijo que cuando Melody llegó ensangrentada se fue de la casa y que no la vio más; pero en el audio de las 23.32 de ese día dice que todavía estaba ahí con Toto. Incluso, tres días después reconoció que estaba en lo de Melody cuidándole la casa”.

También negó que ese miércoles O´Lery trasladara a la acusada, en su camioneta, hasta el departamento de Acevedo. “Ella afirmó que fue caminando, y así fue. Sino díganme qué prueba, qué filmación, qué video o qué fotografía muestra a Melody ese día en la Ford F-100”, remarcó.

Otra prueba que ofreció el defensor durante su alegato fue un video de la cámara de seguridad de un negocio situado en avenida España, entre Garibaldi y Oliver, a una cuadra de la vivienda de la víctima. “Ahí se ve a Melody, a las 20.03, caminando sola, luego de salir del departamento. Hoy la fiscalía aseguró que el hecho se produjo entre las 20.14 y las 20.37. Entonces a esa hora, ella no estaba en el departamento”, recalcó. Un detalle: en la filmación se ve a una mujer caminando, pero no alcanza a visualizarse el rostro con nitidez.

“Claramente, mi pupila no tuvo ninguna clase de participación. No se llevó nada, no le encontraron nada, no sabe que pasó… y hasta perdió un dije”, concluyó Gómez.

“Pruebas mal preservadas”

La última en alegar fue la defensora de O´Lery, Blanco Gómez, quien cuestionó fuertemente la manera en que se reunieron pruebas durante la investigación fiscal. Dijo que en algunos casos no se mantuvo la cadena de custodia, aseguró que existió una persecución desde la Policía hacia el imputado, y adhirió totalmente con las expresiones del defensor Gómez sobre la declaración de Ríos.

Esta defensa apuntó fundamentalmente a los rastros de huellas en el departamento de Acevedo de una zapatilla que fue secuestrada en el domicilio de O´Lery.

“Lo de la huella no lo hace autor porque existió una insuficiencia de la prueba debido a la manera en que fue hallada. ¿Por qué? Porque la escena del hecho no estuvo bien preservada. No sabemos si pudo ser estampada por alguna de las tantas personas que circularon esa noche por la vivienda para auxiliar a la víctima. Pero, sin dudas, viene a ser la prueba perfecta para que O´Lery esté hoy sentado acá”, manifestó.

“Esta prueba saciaba perfectamente los intereses de la teoría del caso de la fiscalía y de la propia Brigada de Investigaciones para saldar alguna vieja cuenta con O´Lery. Por eso la conclusión de la pericia es perfecta, ya que por fuera de eso no hay nada que lo ubique dentro de la escena del hecho, agrediendo a la víctima y apoderándose de sus bienes”, concluyó. Y requirió que, en caso de ser culpable, sea condenado por el delito de en ocasión de robo se produjese una muerte.

Cuando le dieron la palabra final, O´Lery se dirigió a Redondo, la hija de Acevedo: “Disculpe por lo que está pasando, pero no tuve nada que ver con esto”.​

 

Qué dijo la mujer

Melody Martines, una de las dos personas acusadas por el crimen de Felisa Acevedo, declaró hoy en la última audiencia del juicio.

Martines se despegó de la acusación. Dio su versión de los hechos sin aceptar preguntas: dijo que al momento del ataque no estaba en la casa de la víctima e incluso insinuó que Nicolás Ríos -el testigo que la incrimó- podría haber participado junto a Pablo O’Lery, el otro acusado. «No le toqué un peso a esa mujer», insistió. Además, en un audio que se escuchó en la audiencia, involucró a O’Lery con la golpiza que derivó en la muerte de la víctima.

Lo suyo fue un monólogo y terminó llorando, según se detalló en el comunicado oficial que difundió el área de prensa del Superior Tribunal de Justicia.

«O´Lery sabía que yo necesitaba trabajo y que Felisa estaba buscando a una persona –comenzó–. Me dijo que lo sabía porque la mujer de un amigo había trabajado allí. Él me llevó un sábado, estacionó casi en la puerta y me indicó que el departamento era el de la primera puerta a la derecha. La mujer me tomó y me pidió que fuera el martes a la tarde. Cuando salí, Pablo me estaba esperando. Subí a la camioneta y me preguntó si había entrado. Le respondí que sí. Me llevó a mi casa y compró comida. Me preguntó cómo había visto la casa por dentro. Nunca sospeché de nada».

Así explicó cómo llegó a trabajar en el departamento de Acevedo, ubicado en el barrio Calfucurá, sobre la calle Garibaldi.

«Luego él (O’Lery) empezó a ir más seguido a mi casa», dijo. «A la tarde, a la noche… El martes a las 17 volvió a ir y se ofreció a llevarme al trabajo. Le dije que no iría porque no tenía con quien dejar los chicos ya que Toto (Juan Edgardo Gómez) no había aparecido. Después, el miércoles (el día del ataque) no lo vi. Ese día fui caminando hasta lo de Felisa. Tenía que estar a las 19. Ella me recibió enojada porque le había fallado el día anterior. Limpié y me pagó 250 pesos”.

Martines contó, además, que el dije que se encontró en el departamento de la víctima y que la fiscalía mostró que ella lo tenía en el cuello los días anteriores al hecho, era suyo. Y que lo había dejado arriba de la heladera.

«Ese miércoles me fui a las 20. Mientras limpiaba vi dinero entre almohadones. Le dejé el número de mi teléfono a la señora, y le pedí que volviera a llamarme el viernes porque era el cumpleaños de mi hijo y necesitaba dinero para organizarle algo; pero no me llamo», indicó Martines.

«Volví caminando a mi casa. Llegué muy cansada. Toto estaba en la computadora. Me acosté y me levanté a cenar. Estando en el dormitorio, sentí que Nico (por Nicolás Ríos) estaba con Toto. No sé a qué hora se fue», agregó.

La imputada señaló que «a la mañana siguiente Toto se fue y yo fui a la casa del padre de mis hijos para armar el cumpleaños. A Toto le dejé las llaves porque era el único que se quedaba con mis hijos. El sábado al mediodía, estando en la casa del padre de los nenes, leí la noticia (del ataque a Acevedo). Me preocupé mucho. Sabía que me irían a buscar porque había estado en el departamento. El domingo me detuvieron».

«A Nico lo conocí en una reunión de amigos –prosiguió–. Él había robado bijouterie, incluso me regaló una cadenita. También robó 30.000 pesos con los que se compró una moto. Su mamá lo había corrido de la casa porque no aportaba nada… No sé porqué contó tantas cosas… Habló de una tostadora. ¿Estuvo en el lugar?«.

Precisamente «Toto» Gómez y Nicolás Ríos ofrecieron versiones contradictorias en sus testimonios porque ambos afirmaron haber cuidado ese miércoles a la tarde a los hijos de Martines. A su vez, Ríos aseguró que vio llegar a la acusada a su casa, llorando, ensangrentada y diciendo «me la mandé, me la mandé, la maté». Gómez, en cambio, desmintió esas palabras y aseveró que Ríos no estaba en ese momento.

«Yo nunca había pisado una comisaría. Hace un año y medio que no veo a mis hijos. No le toqué un peso a esa mujer. Necesito que se aclare todo esto. No tengo más nada que decir. Lo que dije no es mi verdad; es la verdad», concluyó su declaración Martines.

 

Dos testigos y un audio

Durante la jornada además hubo dos testimonios y se escuchó un audio donde se deja entrever que Pablo Daniel O’Lery fue quien mató a Felisa Acevedo.

Al comienzo de la audiencia, y a pedido de la defensa de O’Lery, declararon dos testigos, el informático Luciano Marcos Ortiz y Oscar Armando Ferreyra. El primero manifestó que participó –junto a expertos policiales– de una pericia a tres celulares para geolocalizarlos al momento del hecho, pero que ello no pudo hacerse porque no obtuvieron las contraseñas de los teléfonos. A su vez, Ferreyra corroboró la versión de O’Lery sobre que le compró un Fiat Línea a su pareja y que pagó entregando un Gol 2015 y dinero en efectivo.

Con la declaración de Ferreyra existió un contrapunto entre el tribunal y la defensora oficial Silvina Blanco Gómez, porque el testigo llegó al Centro Judicial, pero se le requirió que volviera a su casa porque vive a metros de la frutería y verdulería donde se detectó un caso de coronavirus. La defensa insistió con que su testimonio sea presencial, pero el presidente del cuerpo, Andrés Olié, dijo que era riesgoso y por eso dispuso que Ferreyra testificara a través de una llamada de WhatsApp.

A posteriori, el fiscal Facundo Bon Dergham pidió escuchar el audio de una conversación entre Martines y su padre. Allí se da a entender que O’Lery mató a Acevedo y que no quería hacerse cargo. «Vos no vas a matar a la viejita…», dice el padre. «Pero él se quiere despegar», responde ella.

– ¿Vos saliste antes que él?, pregunta el papá, aludiendo al departamento.

– Sí, y me fui caminando.

– No pueden inculparte nada.

– Pero a él no pueden inculparle nada. Yo estuve ahí.

– Hay que comprobar que vos no mataste a la viejita. ¿Tenés manchas de sangre?

– No.

– Vos lo habrás hecho con la intención de robarle… Pedile perdón a Dios. Decí: «Señor Jesús me entrego a ti, lavame con tu preciosa sangre».

– Yo leo la Biblia.

– Sí, pero no es solo leer la Biblia. Hay que estar realmente arrepentido; no para salir y después estar de joda. Dios es maravilloso. La vida que vos tenía no es…Dios te está preparando una vida muy linda para vos.

 


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