Este viernes 16 se cumple un año de la muerte de Lía Falcón, atropellada en plena luz del día mientras cruzaba la avenida circunvalación Santiago Marzo en Santa Rosa. En una carta pública, su madre, Alejandra Falcón, denunció un “justicia incompleta” y reclamó el cumplimiento efectivo de la condena contra el responsable del siniestro. El caso, que conmocionó a La Pampa, volvió a exponer el dolor de una madre y el pedido persistente de verdad y justicia. “No estoy loca; estoy rota, pero sigo por tu memoria”, sostuvo.
El siniestro vial ocurrió alrededor de las 17 horas del jueves 16 de enero de 2025, en la intersección de la avenida circunvalación Santiago Marzo y Cavero. El Ford Falcon que conducía Francisco Roldán atropelló a la joven cuando cruzaba la circunvalación, la arrastró sobre el capó unos 30 metros y recién se detuvo a unos 110 metros del lugar del impacto. Lía fue trasladada de urgencia al Hospital Favaloro, donde poco después se confirmó su fallecimiento. Roldán cumple desde entonces prisión domiciliaria.
En el juicio, el acusado dijo que no vio a la joven. “Realmente no vi a la criatura”, aseguró. Además, negó haber pasado en rojo y de haber ido manipulando el teléfono celular mientras conducía. “No pasé en rojo. Jamás manejé con el celular. Lo dejé al lado de la palanca de cambio después de pasar por la gomería”, expresó. Los jueces no le creyeron.
El 10 de noviembre de 2025, la Audiencia de Juicio de Santa Rosa lo condenó a cinco años de prisión por el delito de homicidio culposo por la conducción imprudente, negligente y antirreglamentaria de un vehículo con motor, agravado por haber conducido con exceso de velocidad de más de 30 kilómetros por encima de la máxima permitida y violar la señalización del semáforo. Esa sentencia ahora va a ser revisada por el Tribunal de Impugnación Penal (TIP), en febrero. Por el momento, Roldán sigue con prisión domiciliaria.
Alejandra Falcón dio a conocer una carta pública, este viernes. Es la siguiente:
Un año sin mi Lia, un año con una justicia a medias
Un día como hoy, 16 de enero, recibí la peor noticia de mi vida. Algo inexplicable, algo que nunca pensé que podía pasar.
Recuerdo que saliste de casa a las 16.30, apurada, con tu pelito mojado. Sentí el resbalón de tus zapatillas porque algo te habías olvidado. Me gritaste desde la cocina: “me voy, mamita, vengo rápido así vamos a la iglesia, voy con Giuli al centro”. Le diste un beso a tu hermana Mía y te fuiste, sin saber que jamás volverías a tu casa.
Recuerdo claramente que las tardes anteriores estábamos en la quinta con tus hermanos y Giuli, planeando las vacaciones a la costa. Estabas feliz porque habías logrado pasar a segundo año de Psicopedagogía. Hablamos, compartimos mates. Tenías puesta una bikini y un pantalón rosa, el pelito atado, te habías hecho mechas.

La tarde del día anterior salimos de la quinta, pasamos por la fiambrería de Facundo, en la calle Cavero, compramos para hacer unos sándwiches y llegamos a casa. Mientras yo limpiaba, vos cebabas mate. Tengo tan clara esa noche. Cenamos con tus hermanos y papá, jugamos como siempre, te cargábamos con papá diciéndote: “¿de quién son esas nenitas de papá y mamá?”, y te hacía cosquillas. Reías junto con Mía, tu hermana.
Al otro día fui a trabajar, volví, almorzamos y me acosté. Te fuiste, como antes lo mencioné, a las 16.50. Miré mi celular y tenía muchas llamadas de tu amiga porque no llegaste. Me preguntaba si estabas en casa. La llamé y le dije que no. Empecé a llamarte, no contestabas. Recibí tu último audio, en el que decías: “amiga, voy a cruzar el puente”.
Más tarde me envió una captura que decía: “joven atropellada brutalmente en Circunvalación”. Llamé al 101 por esa noticia, mientras todos te llamábamos y escribíamos. Me dijeron: “es una femenina en moto”. A todos los que llamaban les decían lo mismo.

Empecé a llamar a tu papá. Era al que siempre atendías al toque. Preocupado, me devolvió la llamada y me dijo: “algo pasa, Lia no contesta”. Llamamos junto con la abuela al hospital. Llamé yo y me dijeron que había una chica así, sentada, pero que no sabían quién era. Mi desesperación empezó a aumentar y decidí ir con tu amiga al hospital, por las dudas.
El tiempo pasaba y fue ahí cuando recibí esa llamada de la policía, diciendo: “¿es familiar de…?”. Antes de que terminara la frase, pregunté: ¿Lia Falcón?
Me dijeron: “sí, señora, vaya al hospital, su hija tuvo un accidente”. Solo pregunté cómo estabas. Me contestaron: “está grave”. Rompí en llanto. Llamé a papá y a la abuela. Un vecino me llevó.
Cuando iba por la Circunvalación, vi un Falcon pasando por la Estrella, pero no podías ser vos. Veía noticias, no salía tu nombre. Me negaba a creer que fueras mi hija.
Llegué al hospital. Estaban tus tíos esperando verte, porque les dijeron que estabas con los médicos. Fue ahí cuando mostré tu credencial de la obra social. Una chica me dijo: “su hija está con los médicos”. Salió un hombre de ambo azul y me dijo: “sí, señora, su hija está acá, pase”.

Pasé y te vi tendida en una camilla, tapada. Pregunté por qué estabas tan blanca. Tenías la cabeza vendada y tus ojitos cerrados. En un momento te miré, vi algodón en tu nariz y pregunté: ¿está muerta?
Un médico me respondió con total naturalidad: “sí, su hija se murió”. Así, como si no fueras nada. Me quebré, me caí al piso y salí corriendo. No podía creerlo. Teníamos nuestra vida armada, un futuro pensado. Cuando no estuviéramos con papá, vos ibas a estar con tus hermanos.
Eras tan responsable y buena. Tenías toda tu vida planeada: recibirte, tener tu consultorio, alquilar sola, tu auto, tener un hijo o adoptar. Querías marcar la diferencia en el mundo ayudando a otros niños con autismo, como a tu hermano. Pero en un segundo, Roldán te robó todos los sueños y lo más valioso: la vida. Nos destrozó a todos de una manera inexplicable.
Cuando me dijeron que un Falcon te había matado cruzando la calle, caminando, no podía creerlo. 17 horas, plena luz del día. ¿Cómo se entiende? ¿Cómo uno puede sobreponerse a un dolor tan terrible? No hiciste nada malo. Y aun así, pensé en qué harías vos, mi nena grande y generosa.
Te mató un jueves y el viernes el asesino estaba en su casa y vos en el cementerio. Pero Dios me dio fuerzas para salir a luchar, como cuando te prometí, al cerrar el cajón, que el culpable iba a pagar. En medio del dolor, con el nudo en la garganta y las lágrimas constantes, empezamos esta lucha por vos. Y ahí vi cuánto amor habías sembrado.
Cuando falleciste, el hospital estaba lleno. Afuera, en la guardia, todos lloraban. La sala velatoria se llenó de gente que ni conocía: amigos, vecinos, familia, compañeros de trabajo. Hasta tu preceptora del secundario. Eso habla del amor que diste y de lo buena persona que eras. Eso eras vos: una luz en un mundo cruel.
Hoy pasó un año. Para mí fue ayer. Tendría que decirte que no todos, pero sí dos abogados te fallaron. Dejaron a quien te mató en su casa hasta febrero. Tendría que decirte que no voy a parar. No estoy loca, estoy rota, pero sigo por tu memoria, que no negocio. Solo espero que el 10 de febrero vean todas las pruebas para que a Roldán Francisco le aumenten la pena, aun cuando él se presenta como inocente, pese a haber sido condenado a cinco años de cárcel efectiva.
Pero ya lo premiaron: un año de libertad, de vacaciones, mientras nosotros nos quedamos sin vos. Desde donde estás, sé que dirás: “mamá, seguí”, “mamá, lo que te proponés siempre lo lográs”. Esas eran tus palabras. Te preguntarás por qué te mataron así. Yo me pregunto lo mismo. ¿Por qué no existe la justicia?
En noviembre lo declararon culpable. Tendría que estar preso, pero no. Cuando hay corrupción o poder, no pasa nada. (…). Ojalá este hombre, de “buena familia”, como dicen, pueda dormir con la muerte de una inocente de 22 años. Yo no puedo dormir. No podemos reconstruir nuestras vidas sin vos.
Podría contarte tantas cosas, pero ahora tengo que hacerlo en un cementerio. Ya no te tengo, pero no vamos a dejar de pedir justicia. El lunes 19, a las 20.30, estaremos todos en la plaza para recordarte y mandarte un mensaje al cielo: La Pampa te ama y pide justicia. Vamos a seguir presentes hasta que Roldán esté preso.
Lía no descansa en paz. La justicia, sí.
Si fueras hija de alguien con poder, ya estaría preso. Pero sos hija de laburantes. Te amamos y nos volveremos a ver en la eternidad, mi nena grande.
Hoy y siempre somos tu voz, Lía.

