Emanuel López, el hijo de Andrea López, difundió una carta a días de cumplirse 22 años del femicidio y la desaparición de su madre. En un texto atravesado por el dolor, confesó que vive “sin duelo” y con la esperanza intacta de encontrarla. “Me dolió que me dijeran que tu cuerpo estaba en tal lugar, pero no estabas ahí; me terminó de destruir el corazón”, escribió.
Andrea desapareció el 10 de febrero de 2004, cuando tenía 25 años. Su cuerpo, que tenía el tatuaje de un niño con guantes de boxeo y el nombre “Carlitos” en el brazo derecho, aún no fue encontrado. “Carlitos” es Emanuel: tenía 5 años y, cuando ya tenía 11 años, declaró en Cámara Gesell que vio cómo su padre la asesinaba.
“¿Dónde está Andrea López?” es la consigna que se repite en murales de Santa Rosa y otras localidades de La Pampa. El rostro de Andrea se convirtió en un emblema de la lucha de los movimientos feministas pampeanos. Incluso, una agrupación lleva por nombre Todas Somos Andrea.
Condena y un antecedente judicial
Víctor Purreta, boxeador profesional y pareja de Andrea, fue condenado por el femicidio. Actualmente se encuentra en la cárcel. En 2014 recibió una pena de 18 años de prisión, a partir del testimonio de Emanuel.

Luego, por otras causas vinculadas a facilitamiento de la prostitución y lesiones, la Justicia unificó las condenas en una pena de 25 años.
La lucha por justicia la encabezó la madre de Andrea, Julia Ferreyra, acompañada por agrupaciones de mujeres.
El fallo se transformó en un antecedente: fue la primera vez en la jurisprudencia argentina que se condenó un homicidio sin hallarse el cuerpo de la víctima, con excepción de los casos de lesa humanidad.
La reconstrucción del crimen y la búsqueda del cuerpo
Según se cree, el asesinato se cometió en la noche del 9 de febrero o en la madrugada del 10 de febrero de 2004.
Emanuel declaró en 2011 que vio cómo su padre golpeó a Andrea con un rebenque, la ahorcó y luego la acostó en una cama. Después, la llevó al baño. A través de la hendija de la cerradura, observó que la colocó bajo la ducha, en un intento por reanimarla.
Luego, Purreta salió del baño y lo mandó a dormir. Poco después, un familiar del boxeador llegó a la vivienda para cuidar al niño y Purreta se retiró.
En la madrugada del 10 de febrero, a las 5.20, la madre del boxeador lo vio a bordo de su camioneta.
Durante el juicio, Purreta reconoció que hubo una pelea, dijo que salió a comprar cigarrillos y sostuvo que, al volver, su esposa ya no estaba. “Yo no la maté”, aseguró.
Sin embargo, con el avance del caso, Purreta admitió el crimen y afirmó que había enterrado el cuerpo en un campo al norte de Santa Rosa. Dijo no recordar el lugar exacto, aunque aportó referencias. Con esos datos se realizaron rastrillajes durante varios días, pero no se encontró el cuerpo.

“Jamás tuve un duelo”
En la carta, Emanuel expresó el dolor que atraviesa desde la infancia y la ausencia de una despedida. “Hasta que no te encuentre no lo tendré”, escribió.
Uno de los fragmentos más emotivos aludió a la imposibilidad de ir a un cementerio, llorar y llevarle una flor. “Jamás tuve un duelo”, insistió.
También manifestó el deseo de poder abrazarla y decirle cuánto la ama y la necesita
El impacto emocional y las falsas pistas
Emanuel relató que la ansiedad y la nostalgia lo consumen, y que con el paso del tiempo el sufrimiento se volvió más intenso. “Me duele muchísimo no tenerte conmigo”, escribió, y aseguró que de niño no comprendía lo que ocurría, pero que de adulto dimensionó el daño que arrastra.

En el texto también mencionó consumos problemáticos y pensamientos suicidas. “Nadie sabe lo que sufro por vos”, afirmó, y sostuvo que, pese a todo, sigue luchando con la esperanza de encontrarla.
En el tramo final, contó que una de las situaciones que más lo lastimó fue cuando le dijeron dónde supuestamente estaba enterrada, pero nunca fue hallada. “Me dolió que dijeran que tu cuerpo estaba en tal lugar”, escribió. Según relató, fue con la ilusión de encontrarla, pero no estaba allí. “Me terminó de destruir el corazón”, concluyó.


