Al cumplirse 22 años de la desaparición de Andrea López, la colectiva feminista abolicionista Todas Somos Andrea convocó a una jornada de memoria y reflexión que se realizará el martes 10 de febrero, a las 19, en el SUM del Plan 5000 (Bertera y Acha), en Santa Rosa.
La actividad incluirá la proyección del documental Nuestra venganza es ser felices, con la presencia de su directora, Malena Villarino. El film recorre la historia de Sonia Sánchez, sobreviviente de trata y referente del feminismo abolicionista, cuya voz dialoga con la búsqueda de verdad y justicia en el caso de Andrea. La jornada cuenta con el acompañamiento de PampaDocFest.
Desde la organización señalaron que el encuentro busca “transformar el dolor en lucha y memoria” y renovar la consigna que atraviesa murales y movilizaciones en la capital pampeana: “¿Dónde está Andrea López?”.
Andrea López desapareció el 10 de febrero de 2004, cuando tenía 25 años. Su cuerpo nunca fue hallado. Tenía tatuado en el brazo derecho a un niño con guantes de boxeo y el nombre “Carlitos”, en referencia a su hijo Emanuel, que entonces tenía cinco años.
En 2014, su expareja, el boxeador Víctor Purreta, fue condenado a 18 años de prisión por el femicidio, a partir del testimonio de Emanuel en Cámara Gesell. Posteriormente, por otras causas vinculadas a facilitamiento de la prostitución y lesiones, la Justicia unificó las penas en 25 años de prisión.
El fallo marcó un antecedente en la jurisprudencia argentina: fue la primera vez que se condenó un homicidio sin que apareciera el cuerpo de la víctima, con excepción de los delitos de lesa humanidad.
Durante el proceso judicial, Emanuel declaró que presenció la agresión de su padre hacia Andrea la noche del 9 de febrero o la madrugada del 10 de 2004. Con el avance de la causa, Purreta admitió el crimen y aseguró haber enterrado el cuerpo en un campo al norte de Santa Rosa, aunque nunca pudo precisar el lugar. Los rastrillajes realizados no dieron resultado.
La lucha por justicia fue encabezada por Julia Ferreyra, madre de Andrea, junto a agrupaciones de mujeres. Con el tiempo, el rostro de la joven se convirtió en un símbolo de la lucha feminista en La Pampa.
A más de dos décadas de su desaparición, la convocatoria del martes volverá a poner en el centro la memoria colectiva y el reclamo que persiste: nombrarla es justicia, recordarla es resistencia.


