El año pasado dejó una radiografía compleja para la economía argentina. Mientras las variables financieras mostraron señales de estabilización -dólar contenido, riesgo país en descenso y acumulación de reservas- el frente doméstico expuso una realidad más áspera: el crecimiento del crédito convivió con un deterioro acelerado en la capacidad de pago de los hogares y un salto significativo en los niveles de morosidad.
Los datos del último Informe sobre Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirman que el sistema financiero cerró el año pasado con un marcado deterioro en la calidad de la cartera, impulsado principalmente por el segmento de hogares. El ratio de irregularidad de los créditos a familias alcanzó el 9,3% en diciembre, más del triple del 2,5% registrado en el mismo mes de 2024. En términos sistémicos, la mora total del crédito al sector privado trepó al 5,5%, frente al 1,6% del año anterior.
El aumento no es homogéneo. Mientras la irregularidad en empresas se ubicó en 2,5% (desde 0,8% un año atrás), en los hogares el salto fue mucho más pronunciado. El propio BCRA señala que los préstamos personales y las líneas con garantía prendaria explican buena parte del deterioro. Es decir, el crédito destinado al consumo y a la adquisición de bienes durables es el que muestra mayores tensiones.
Familias
El fenómeno no se limita al sistema bancario. El endeudamiento con entidades no bancarias, como fintech, billeteras virtuales y compañías de crédito, alcanzó un ratio del 34% de la masa salarial mensual, 12 puntos porcentuales por encima de diciembre de 2024, según la consultora Eco Go. Si se incorpora también el crédito bancario, el peso total del endeudamiento asciende al 141% de la masa salarial.
En este sentido, entre trabajadores informales y cuentapropistas, el crédito no bancario equivale al 143% de la masa salarial mensual, un nivel que revela dependencia estructural del financiamiento para sostener gastos corrientes. La irregularidad en este segmento alcanzó el 22,8%, más de cuatro veces la mora total del sistema financiero y 2,4 veces la del crédito de consumo bancario.
Por su parte, el stock de crédito no bancario llegó a $13,15 billones tras crecer 1,2% real mensual en diciembre y acumular un avance interanual de 33,7%, aunque desacelerado frente al pico de 104% registrado en abril. Aun así, el nivel se ubicó 142% por encima de marzo de 2024 y 21,5% sobre el máximo previo de 2018, en términos reales.
La expansión de este segmento también modificó la estructura del mercado y representa el 24,4% del financiamiento al consumo y el 13% del crédito total. En medio de esto, dos jugadores concentran más de la mitad del mercado: Naranja X (38,9%) y Mercado Pago (13,8%). La mayor participación de estas plataformas evidencia un cambio en los hábitos financieros, especialmente en los sectores medios y bajos.
En paralelo, el contexto macroeconómico condiciona la dinámica. Aunque la inflación mostró una desaceleración más rápida que la prevista, la recomposición del salario real no logró consolidarse. De acuerdo a un estudio de Pulso Research, dos de cada tres hogares manifiestan dificultades para llegar a fin de mes, y el 57,1% reconoce haberse endeudado para sostener los gastos del hogar. La proporción es mayor en los segmentos de menores ingresos.
En este escenario, el crédito cumple un doble rol. Por un lado, permite sostener el consumo y financiar bienes durables -motos, pickups, electrodomésticos- en un contexto de restricción monetaria y caída del poder adquisitivo. Por otro, incrementa la vulnerabilidad ante cualquier shock de ingresos. La desinflación acelerada, que en otras etapas contribuía a licuar pasivos, dejó a muchos hogares con cuotas que ya no pierden valor real con el paso del tiempo.


