La escritora Paula Bombara, hija de desaparecidos durante la última dictadura cívico militar, reflexionó en Radio Textual sobre el significado del 50 aniversario del Golpe de Estado de 1976 y contó su historia personal, marcada por el secuestro de sus padres y su propia detención cuando era una niña.
Bombara señaló que el mes de marzo suele concentrar muchas actividades vinculadas a la memoria, aunque para quienes atravesaron esa historia el recuerdo está presente todo el año.
“Es la época del año en que se expresa más públicamente lo que vivimos las familias atravesadas por la dictadura. Pero en realidad nosotros convivimos con esto todo el año”, explicó la autora de la novela El mar y la serpiente, obra en la que aborda su experiencia como hija de desaparecidos.
Su padre fue secuestrado en Bahía Blanca en diciembre de 1975, incluso antes del golpe militar que dio inicio a la dictadura. “Mi madre y yo tuvimos que irnos de nuestra casa. Yo era muy chiquita y empezamos una especie de exilio dentro del país, mudándonos de un lugar a otro”, recordó.
Tiempo después, ya viviendo en Buenos Aires, ambas fueron secuestradas por fuerzas militares. En ese momento Bombara tenía cinco años.
“Estuve un día en poder de los militares. Fue un día que cambió todo”, contó. Luego pudo quedar al cuidado de sus abuelos, mientras su madre continuó detenida.
Durante años no supo qué había ocurrido con su padre. Recién cuando comenzó a investigar su historia, ya como estudiante universitaria, aparecieron pistas que permitieron avanzar en la causa judicial.
Gracias a su aporte de sangre al banco genético del Equipo Argentino de Antropología Forense y a testimonios de trabajadores de un cementerio de Merlo, finalmente pudieron identificar los restos de su padre, enterrado como NN.
“Por eso es tan importante que quienes tengan recuerdos, por mínimos que sean, los cuenten. A veces un dato pequeño puede ayudar a reconstruir una historia”, sostuvo.
Memoria en las escuelas
Bombara recorre escuelas de todo el país para hablar con estudiantes sobre memoria y derechos humanos. Allí, dice, siempre hay un trabajo previo de docentes que abordan el tema en clase.
“La comunidad educativa es muy valiente. Los docentes buscan distintas formas de trabajar estos temas para que los hechos históricos no pierdan relieve con el paso del tiempo”, afirmó.
Según explicó, la literatura puede ser una puerta de entrada para comprender ese período: “El texto literario permite acercarse desde un lugar emocional a la historia”.
En las escuelas primarias, señaló, suele encontrar gran interés de los chicos. En cambio, en el nivel secundario aparecen otras reacciones.
“Hay adolescentes que están saturados de hablar del tema, algo comprensible en esa etapa. A veces Malvinas convoca más. Lo importante es que haya conversación”, indicó.
Dolor y preocupación por el negacionismo
Consultada sobre las posturas negacionistas que aparecen en el debate público, Bombara reconoció que esas posiciones generan dolor y temor.
“Duele mucho y da una sensación muy grande de inseguridad”, afirmó.
La escritora recordó que algunas de las personas responsables de los crímenes de la dictadura hoy cumplen prisión domiciliaria, lo que para muchas víctimas significa convivir con quienes cometieron delitos de lesa humanidad.
“Yo quiero que todos los niños y las niñas se sientan seguros. Eso sucede cuando el sistema judicial funciona y quienes cometieron delitos están cumpliendo sus condenas”, expresó.
Para Bombara, mantener viva la memoria es una tarea colectiva que atraviesa generaciones.
“Las conversaciones tienen que continuar. La memoria sigue viva en las historias familiares”, concluyó.

