La represión ilegal durante la última dictadura militar también alcanzó al ámbito cultural en La Pampa. Músicos, escritores y artistas fueron perseguidos, censurados o expulsados de sus trabajos por razones políticas, mientras los medios de comunicación quedaron sometidos a un fuerte control ideológico.
Entre los casos que afectaron a la cultura pampeana se encuentran los de los músicos Julio “El Bardino” Domínguez, Rubén Evangelista, Delfor Sombra, Alberto Callaqueo y Oscar Perna, además del escritor Edgar Morisoli, entre los más conocidos. Algunos perdieron sus puestos en la administración pública, otros debieron exiliarse y en ciertos casos hubo detenciones y torturas.
Uno de los episodios más graves fue el secuestro del guitarrista y compositor uruguayo Oscar Alberto Perna, radicado en General Pico. Fue detenido el 27 de noviembre de 1976 mientras trabajaba en el ferrocarril y trasladado a Santa Rosa por orden de la Subzona 14 del Ejército. Allí permaneció desaparecido durante 31 días.
“Me vendaron los ojos y, mareado, me dieron una paliza. Nunca los insulté, pero me dejaron todo el abdomen negro de golpes”, relató el músico sobre su paso por la Seccional Primera. Durante el cautiverio también sufrió amenazas contra su familia y torturas psicológicas. Tras una crisis nerviosa fue internado en el hospital Lucio Molas. Finalmente recuperó la libertad, luego de que las autoridades reconocieran que su detención había sido “un error”.
Mientras Perna permanecía detenido, su esposa Elida Rodríguez Jara recorrió comisarías, hospitales y dependencias oficiales para encontrarlo. “Cuando accedí a verlo con una licencia, estaba en un catre, atado y desnudo, todo golpeado y con un gran temor”, recordó.
El clima represivo también afectó a otros artistas. El músico Rubén Evangelista señaló que luego del golpe militar comenzaron las cesantías y persecuciones contra cantores y escritores vinculados con causas sociales. “Empezamos a ser discriminados distintos artistas y músicos”, recordó.
El caso de Julio Domínguez, conocido como “El Bardino”, fue uno de ellos. Fue separado de su cargo en una escuela y perdió también la vivienda que ocupaba junto a su esposa, luego de que funcionarios realizaran tareas de inteligencia en su casa en busca de bibliografía considerada “subversiva”.
Evangelista también fue desplazado de su trabajo en Cultura de la provincia poco después del golpe. Su compañero artístico, Delfor Sombra, debió exiliarse en México tras recibir amenazas de detención.
La persecución alcanzó además al escritor Edgar Morisoli, quien fue cesanteado de un cargo técnico en la administración pública durante la depuración que realizaron las autoridades militares en distintas áreas del Estado.
La censura también se extendió a los medios de comunicación. Las programaciones de Radio Nacional, LU 33 Radio Pampeana y Canal 3 eran revisadas minuciosamente y existían listas de intérpretes y obras prohibidas. “Las listas de obras e intérpretes prohibidos eran colocadas en las paredes de los estudios”, recordó Evangelista.
Según el músico, durante varios años sus canciones no fueron difundidas en las radios ni en la televisión. “Me tenían localizado, sabían quién era yo, y el mensaje para que no se juntaran conmigo era definitivo”, afirmó.
El control ideológico también se expresó en mecanismos de vigilancia más sutiles. En el ámbito cultural se solicitaban datos personales y antecedentes de artistas o grupos que pretendían realizar actividades públicas, lo que permitía confeccionar fichas que luego quedaban a disposición de las autoridades militares.
Para Evangelista, ese sistema dejó una marca profunda en la vida cultural pampeana. “Fue un clima terrible, todos corríamos algún riesgo, los que teníamos algún pensamiento progresista o de izquierda, aunque no tuviéramos actuación política”, señaló.
Tomado del libro “El Informe 14”, de Norberto Asquini y Juan Carlos Pumilla.

