Un informe del Grupo Atenas reveló datos lapidarios: en Argentina ya se perdieron más de 100.000 empleos por la caída de la industria. En La Pampa la problemática se concentra en el centro y norte de la provincia.
A los 73.000 puestos de trabajo registrados directos, el relevamiento suma la estimación de otros 30.000 indirectos ligados a los insumos, los servicios, la logística, el comercio y la construcción.
Las bajas en el sector manufacturero no son compensadas en otros rubros y los estudios de opinión ya marcan un vuelco de la sociedad, que ahora pide políticas activas para fortalecer a la industria.
En el caso de La Pampa, la problemática afecta al centro y norte de la provincia. Solo en el norte el 2025 cerró con 780 trabajadores despedidos, según reveló a Radio Textual el delegado de la Secretaría de Trabajo en General Pico, Javier Thomsen. De esos empleos caídos, 300 corresponden a los frigoríficos de Bernasconi y Trenel. El resto de las cesantías son de comercio y construcción.

Con este diagnóstico, Atenas considera que observar los efectos solo por la pérdida de empleo directo “se queda corto”. Por eso, los economistas acudieron a un paper publicado en el año 2022 que estima los multiplicadores del empleo industrial. De esa manera, calcularon que además de los 73.000 empleos registrados directos, se perdieron otros 30.000 indirectos.
De esta forma, la cifra total alcanzaría una merma de alrededor de 104.000 puestos de trabajo vinculados a la caída de la producción manufacturera.
La tesis de una compensación del empleo perdido con otros sectores no tiene, hasta el momento, anclaje en los datos. El informe destaca que el agro generó apenas unos 10.000 puestos de trabajo, mientras que en la energía y la minería el neto da negativo, es decir, se perdieron más empleos de los que se generaron.
Atenas va un paso más allá y pone la mirada sobre las dificultades para revertir el fenómeno. “El desmantelamiento industrial genera efectos negativos persistentes: obsolescencia de instalaciones, deterioro del capital humano técnico y clima adverso para la inversión”, dice y remata: “El cambio permanente en las reglas de juego genera inestabilidad macroeconómica, desalienta la inversión y profundiza la fragilidad productiva”.

