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Ya son tres las menonitas que se fugaron: el cinematográfica escape de Elizabet y el reclamo por sus hijas

1 de abril de 2026
Ya son tres las menonitas que se fugaron: el cinematográfica escape de Elizabet y el reclamo por sus hijas

Ya son tres las mujeres menonitas que escaparon de la colonia Nueva Esperanza, en Guatraché. A los casos de María Unger Reimer (34 años) y Katherina Neufeld (30), ahora se suma el de Elizabet Bueckert (33), cuya historia pudo reconstruir Diario Textual. Como las otras dos, denuncia violencia física y psicológica, consumo excesivo de alcohol por parte de su exesposo y reclama por sus dos hijas de 10 y 6 años de edad.

Las tres mujeres describieron un patrón común: malos tratos sistemáticos, desvalorización, amenazas y presión comunitaria para que permanezcan en la colonia. Todas escaparon con sus hijos.

Cuando Elizabet y Katherina lograron salir y se alojaron en un hotel de Macachín, integrantes de la comunidad las localizaron. Según contó Elizabet a Diario Textual, unos 20 varones menonitas se presentaron en el lugar e intentaron ingresar. La dueña del hotel dio aviso a la Policía, lo que evitó que la situación pasara a mayores.

“Yo estoy bien así. No quiero volver nunca más y no quiero que mis hijas vivan ahí”, dijo. Por eso, inició una batalla judicial para recuperarlas.

Intento fallido y desesperación





Elizabet aseguró que intentó escapar por primera vez el 26 de diciembre de 2025. Esa madrugada, cerca de la 1, dejó a sus hijas, de 10 y 6 años, durmiendo y se fue en un buggy tirado por caballos. Tenía miedo de que su marido despertara y advirtiera su ausencia.

En el trayecto, los caballos chocaron contra un alambrado. Sufrió golpes y heridas en todo el cuerpo y debió regresar a pie. Llegó a su casa alrededor de las 5, lastimada.

Según su testimonio, el maltrato era constante. Dijo que su esposo la denigraba, le repetía que “no servía para nada” y que “era el diablo”. Se enojaba si la comida no estaba lista o la casa no estaba limpia, aun cuando ella también trabajaba en una fábrica de silos y en el tambo. Afirmó que llegó a pensar en el suicidio por la situación de violencia permanente.

También denunció que su marido consume grandes cantidades de alcohol, alrededor de 12 litros diarios, y que bajo esos efectos se tornaba más agresivo.

La fuga definitiva y la disputa por las niñas

El 17 de enero logró escapar con sus dos hijas. Días antes, su esposo ya sabía que ella planeaba irse y permanecía en la casa para impedirlo. Incluso, según relató, uno de los jefes de la comunidad y un primo del marido intentaron convencerla de que se quedara. Le dijeron que debía “cambiar ella” para que todo mejorara y que el problema era su actitud.

Ese día, mientras el marido, el primo y un referente comunitario estaban en el lugar, Elizabet subió al buggy con los DNI y partidas de nacimiento de las niñas y una pequeña maleta. El esposo intentó frenar la huida al sujetar uno de los caballos, pero ella logró salir al trote y abandonar la colonia. “No lo aguantó más”, dijo a Diario Textual.

Permaneció unos días en un hotel de Macachín y luego se trasladó con sus hijas a un departamento alquilado. Sin embargo, la situación volvió a complicarse.

Hace unas semanas, los padres de Elizabet visitaron el lugar. Las niñas quisieron pasar unos días con sus abuelos y ella accedió, con la promesa de que regresarían unos días después. “Me dijeron que extrañaban a las nenas”, sostuvo. “Yo tengo confianza, por una semana o máximo dos semanas. Pero ya van varias semanas. Me dijo que no me iba a traer más a las nenas. Y que no iba a entregar a las nenas a nadie, si las van a buscar”, sostuvo. Incluso habría incluido graves amenazas.

Hoy Elizabet vive en Macachín, junto a otro integrante de la colonia menonita. “Yo no vuelvo más y no quiero esa vida para mis hijas”, expresó. “Es una lástima la vida que llevan o van a llevar si se quedan ahí. No me gusta como son los menonitas. Se meten en todos lados, controlando, a todos”, dijo.

También se refirió a los casos de alcoholismo en el campo de la zona de Guatraché. “Hay mucho alcohol en la colonia. Toman mucho más en la colonia que en el pueblo”, dijo. “La gente no toma tanto acá como allá (en Macachín). Mi exmarido toma desde la mañana, todo el día…”, aseguró.

“Yo no quiero saber nada con la colonia. Yo quiero estar con las nenas. Siempre están conmigo y ahora no lo pueden hacer… Eso me duele mucho”, agregó al ser entrevistada por Diario Textual.

De todas maneras, se la nota aliviada porque puede hacer cosas mínimas, sin sentir la mirada inculpatoria de otros. “Ahora, por ejemplo, puedo escuchar música…”, dijo.

No son casos aislados

En los últimos meses, la abogada Karina Lucía Álvarez Mendiara intervino en otros casos similares vinculados a mujeres provenientes de comunidades menonitas que denunciaron violencia y lograron salir de esos entornos.

Uno de los antecedentes más recientes es el de María Unger (34), en el que se dispusieron medidas judiciales de protección y restitución de dos de sus hijas. Sin embargo, poco después las chicas, de 12 y 15 años, regresaron a Nueva Esperanza: manifestaron que querían vivir en la colonia. Actualmente se encuentran en la colonia, de manera provisoria, en el marco de un pedido realizado por la abogada ante la Justicia, y se trabaja en su revinculación. María reside actualmente en la provincia de Tucumán.

Otro caso es el de Katherina Neufeld (30 años). En las últimas horas, logró una resolución judicial contundente: la jueza Daniela de la Iglesia ordenó la restitución inmediata de sus hijos, otorgó el cuidado personal a la madre, suspendió el contacto con el progenitor y dispuso medidas de protección, con prioridad en el interés superior de los niños por sobre cualquier otra consideración. Actualmente reside en un hotel en Santa Rosa y busca trabajo.

La historia de Katherina: escapó de la colonia menonita y la jueza ordenó la restitución de sus hijos

La colonia

La colonia menonita de La Pampa -ubicada a unos 150 kilómetros al sudeste de Santa Rosa, en proximidades con el límite con la provincia de Buenos Aires– comenzó a conformarse en 1986, con familias que llegaron, principalmente, desde México.

Ahora hay unas 2 mil personas que se dedican, principalmente, a la actividad rural, la carpintería y la agroindustria. Venden silos, galpones y otros implementos agrícolas en todo el país.

Los menonitas son cristianos, de origen protestante. Exigen la separación del Estado de la Iglesia. No votan, no participan en política y no hacen el servicio militar. Hablan un alemán antiguo, pero también dominan -principalmente los varones- el castellano.

Solo hay electricidad en las fábricas y mercaditos. La colonia es dominada por obispos y otros jefes, con prácticamente sus propias leyes. Los niños concurren a escuelas con maestros y maestras de la comunidad, con conocimientos mínimos, hasta sexto grado. Luego, la actividad prácticamente se reduce a trabajar de sol a sol e ir a la Iglesia.






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