{"id":132963,"date":"2021-02-12T08:50:57","date_gmt":"2021-02-12T11:50:57","guid":{"rendered":"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/?p=132963"},"modified":"2021-02-12T12:26:57","modified_gmt":"2021-02-12T15:26:57","slug":"un-rally-pampeano-de-escritura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/index.php\/2021\/02\/12\/un-rally-pampeano-de-escritura\/","title":{"rendered":"Un rally pampeano de escritura"},"content":{"rendered":"<p>Si bien <strong>\u00c1ngeles Alemandi<\/strong> naci\u00f3 en la provincia de Santa Fe, estudi\u00f3 en Entre R\u00edos y luego se mud\u00f3 a Buenos Aires, desde 2014 vive en La Pampa. Y fue en su pueblo, <strong>General San Mart\u00edn<\/strong>, al amparo de la calma de las siestas, donde escribi\u00f3 <strong><em>Rally de santos<\/em><\/strong>, su primera novela, que acaba de publicar la editorial La Parte Maldita.<\/p>\n<p>En la contratapa <strong>Gabriela Cabez\u00f3n C\u00e1mara<\/strong> dice:<em><strong> \u201c\u00c1ngeles Alemandi cuenta con gracia, con ritmo, con dolor y con humor su periplo en el mundo de la enfermedad. Y el de su madre, que fue y volvi\u00f3 con medallitas, oraciones, estampitas, amuletos, inciensos y aguas benditas de todos los santuarios, todas las v\u00edrgenes, todos los curas sanadores y de un buen par que la iglesia no aprueba tambi\u00e9n\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Para acercarnos a las entra\u00f1as de su escritura y conocer mejor a esta autora pampeana, compartimos el cap\u00edtulo 34 que abre el libro:<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<h1><strong>34.<\/strong><\/h1>\n<p>La calma es la sensaci\u00f3n de que todo est\u00e1 en su lugar. Veo las manchas de humedad en el techo del ba\u00f1o, pero no me molestan, al contrario, sentada en el inodoro juego a encontrarles formas monstruosas sin dec\u00edrselo a nadie, como en el test de Rorschach. Hay un ray\u00f3n con fibra en el parquet y s\u00e9 que sale con la esponjita dorada. O ni me doy cuenta de que el gato chino dej\u00f3 de mover la pata porque nunca le cambi\u00e9 la pila. Los juguetes est\u00e1n tan desparramados que ni siquiera es desorden, son combinaciones aleatorias: un mazo de libros, una pista de cartas, una guitarra que barre. En el lavadero, cuando falta la torre de ropa que se amontona sobre una silla para doblar y guardar, miro fijo ese rinc\u00f3n como si se hubiese ca\u00eddo el revoque de la pared.<\/p>\n<p>La calma es un estado de \u00e1nimo: endeble, brev\u00edsimo, necesario.<\/p>\n<p>Ese domingo, mientras lavaba los platos, no pensaba en nada. Fregaba el fondo de una sart\u00e9n, quitaba la grasa pegada entre los dientes del tenedor, enjuagaba bien los vasos porque odio esas pintitas de varicela que el detergente sabe dejar. Estaba de pie frente a una ventana sin vista al cielo. Acaso con la felicidad que genera la ingenuidad. Ajena a la quietud que me acechaba, a punto de hacerse pedazos como un plato que de tanta espuma se resbala de las manos.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 el ruido que escuch\u00e9 entonces hubiese sido de vajilla rota. Era un cuerpo desplom\u00e1ndose, la media res que arroja el carnicero sobre la sierra para cortar una tira de asado.<\/p>\n<p>Cristian hab\u00eda estado atr\u00e1s m\u00edo haciendo un nudo en la bolsa llena de basura. O\u00ed que abri\u00f3 la puerta del departamento para dejarla en el tacho del entrepiso, m\u00e1s tarde la sacar\u00eda a la calle la encargada. Las escaleras se enredaron en mi est\u00f3mago, me falt\u00f3 el aire. \u00bfY si Vicente lo sigui\u00f3? La pregunta fue una navaja en la garganta.<\/p>\n<p>Corr\u00ed hacia la puerta. No vi a mi hijo. No lo escuchaba siquiera llorar. Sent\u00ed la respiraci\u00f3n ahogada de Cristian mientras bajaba a zancadas, de a tres escalones, de a cinco. Dijo algo, no s\u00e9 qu\u00e9. La desesperaci\u00f3n tiene un lenguaje inaccesible, como el chino mandar\u00edn que habla nuestro ni\u00f1o a los dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Un piso y medio m\u00e1s abajo estaba Vicente tirado. Le ped\u00ed a Dios que si en verdad exist\u00eda me diera muerte en ese instante. El padre lo alz\u00f3 y \u00e9l nos mir\u00f3, se quej\u00f3, le sangraba la boca, ya se le marcaba un machuc\u00f3n en la cara.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que correr. Y corrimos.<\/p>\n<p>Ten\u00edamos el auto estacionado en la puerta del edificio. En menos de diez minutos entr\u00e1bamos a la guardia. Lo llevaba en brazos, sus diecis\u00e9is kilos chuz\u00e1ndome entera. \u00c9l es yo. Qui\u00e9n mierda dijo eso de que los hijos no nos pertenecen, si \u00e9l es yo.<\/p>\n<p>\u201cAyudame\u201d, rogu\u00e9 a la recepcionista del sector de pediatr\u00eda. Las palabras se me resbalaban de la boca por fuerza de gravedad. Lo acostaron en una cama, le pusieron el cuello ortop\u00e9dico, dos m\u00e9dicas lo examinaron, me dijeron que le hablara, que no lo dejara dormir. Iban a hacerle ecograf\u00edas, placas, tomograf\u00eda, necesitaban ver los golpes que no se ve\u00edan. No tengo registro de m\u00ed misma en ese momento. S\u00f3lo era mis ojos mirando a Vicente. Era mi boca arrimada a su o\u00eddo.<\/p>\n<p>Le dije que estar\u00eda bien, que ten\u00edamos que volver a la casita pampeana. Dejaste el triciclo all\u00e1, \u00bfte acord\u00e1s? Y el carro con el que \u00edbamos a hacer las compras a la cooperativa. Hay que llenarlo de cosas para esperar al mediod\u00eda a pap\u00e1 con algo rico. Tenemos que ir a caminar por las calles del pueblo, Vicente. Ir a correr al centro de la plaza. All\u00e1 no es como ac\u00e1, como en Buenos Aires, podemos juntar bichos bolita en el patio. O lombrices. El patio donde est\u00e1 tu hamaca. La que papi colg\u00f3 del olmo. Te voy a hamacar m\u00e1s fuerte mi amor, te lo juro. No voy a tener tanto miedo por boludeces. Y vamos a jugar con la pelota amarilla, esa que es como una de tenis, pero gigante. Marisa nos est\u00e1 esperando para vendernos un mill\u00f3n m\u00e1s de helados de crema del cielo, mi vida, mi vidita linda, no pasa nada. No llores, no llores que pap\u00e1 te fue a comprar un chupete. Sab\u00e9s que Amy se qued\u00f3 en casa esper\u00e1ndonos. S\u00ed, seguro va a saltar a la mesa y va a leng\u00fcetear las migas de pan que quedaron arriba del mantel. Porque es una muerta de hambre esa perra, viste. Siempre te est\u00e1 robando cosas de las manos. Vos cuando ves que se te arrima ten\u00e9s que levantar el brazo porque si no hace como ayer, que te quit\u00f3 el pedazo de queso. \u00bfMe escuch\u00e1s, hijo? Mirame, ac\u00e1 est\u00e1 mam\u00e1, no llores m\u00e1s, no te duermas. Vas a estar bien, mi cielo. Vamos a estar bien. Es un ratito y nos vamos a casa. Tenemos que ver otro cap\u00edtulo de Masha y el oso. Te puedo tostar semillas de girasol, hacer un mate cocido tibio. A\u00fan no empezamos a leer <em>Flicts<\/em>, Vicente, es un libro bell\u00edsimo que encontr\u00e9 en la librer\u00eda el otro d\u00eda. S\u00ed, a vos te gust\u00f3 uno de tapa dura de una pulga que mueve los ojos cuando la sacud\u00eds, pero te digo un secreto: es una porquer\u00eda de historia, porque escuchame, la pulga se va de picnic y ah\u00ed se termina el cuento. Color\u00edn colorado. Encima vos meta berrinche en la librer\u00eda para llevarte a la pulga y te la tuve que comprar. Sab\u00e9s que la luna es de color <em>Flicts<\/em>, Vicente. Te encanta. Me la se\u00f1al\u00e1s cada vez que la descubr\u00eds en el cielo. No llores mi vida, no llores. Ac\u00e1 volvi\u00f3 papi con el chupete. Te canto la canci\u00f3n del tibur\u00f3n, \u00bfquer\u00e9s? Tibur\u00f3n, tibur\u00f3n, tibur\u00f3n a la vista, ba\u00f1ista, ba\u00f1ista, tibur\u00f3n, tibur\u00f3n, te va a comer, de mi pellejo no va a poder.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto le susurr\u00e9. Mi cuerpo era un pedazo de carne, de m\u00fasculos, de nervios, de cart\u00edlagos, un mar de agua hirviendo. En un momento se durmi\u00f3 y las m\u00e9dicas pidieron que no lo despertase, aprovechar\u00edan para hacerle la TAC. Una enfermera le levant\u00f3 los p\u00e1rpados para controlarle las pupilas. Estaba sobre una tabla, envuelto en una s\u00e1bana blanca, unas cintas lo sujetaban para que no se moviera. De ah\u00ed lo pasaron a una camilla equipada con tubo de ox\u00edgeno para trasladarlo a la sala de Im\u00e1genes. A punto de arrancar, la enfermera de nuevo levant\u00f3 sus p\u00e1rpados. Pidi\u00f3 una luz. R\u00e1pido.<\/p>\n<p>R\u00e1pido, en medicina, es se\u00f1al de que la noche se te viene encima y te va a aplastar. \u00bfVicente estaba inconsciente? Hab\u00eda una mesita cerca, de esas donde te sirven la comida en los hospitales, apoy\u00e9 los codos porque tem\u00ed que Cristian no pudiera sostenerme. Ambos lo sab\u00edamos, nos \u00edbamos a morir los tres.<\/p>\n<p>Entonces retroced\u00ed a esa ma\u00f1ana, nueve meses atr\u00e1s: tengo un su\u00e9ter rojo, jeans, borcegos. Estoy de pie en una sala de espera. No me puedo sentar por m\u00e1s que Cristian insiste. Me habla, no para de hablar. Digo que s\u00ed con la cabeza, levanto las cejas como queriendo decirle que lo sigo, que mir\u00e1 vos lo que me est\u00e1 contando, hasta que me enojo, me enfurezco. Basta. Callate. Es tan obvia su estrategia para intentar distraerme que genera el efecto contrario. Adquiero noci\u00f3n infinita de que est\u00e1 tan asustado como yo. Quiero que el m\u00e9dico me llame y me diga de una puta vez c\u00f3mo dio la biopsia.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que estaba inmunizada, que no se pod\u00eda tener m\u00e1s miedo del que sent\u00ed cuando me diagnosticaron. Y s\u00ed. Todos estos meses me la pas\u00e9 dando las gracias porque al menos era yo la que le estaba poniendo el cuerpo a una enfermedad. No mi hijo.<\/p>\n<p>Vicente se despert\u00f3 unos segundos despu\u00e9s. A las horas supimos que milagrosamente no ten\u00eda nada m\u00e1s que ese moret\u00f3n bajo el ojo izquierdo. Ah\u00ed reci\u00e9n llor\u00e9. No par\u00e9 en diez noches. El susto, la calma violentada, la certeza de fragilidad, tumbaron una ficha m\u00e1s: me doli\u00f3 mi madre.<\/p>\n<p>Y entend\u00ed, de una vez y para siempre, su rally de santos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si bien \u00c1ngeles Alemandi naci\u00f3 en la provincia de Santa Fe, estudi\u00f3 en Entre R\u00edos y luego se mud\u00f3 a Buenos Aires, desde 2014 vive en La Pampa. 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