{"id":223748,"date":"2023-04-30T09:22:14","date_gmt":"2023-04-30T12:22:14","guid":{"rendered":"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/?p=223748"},"modified":"2023-05-01T19:46:44","modified_gmt":"2023-05-01T22:46:44","slug":"hacheras-de-la-pampa-historias-recuperadas-casi-un-siglo-despues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/index.php\/2023\/04\/30\/hacheras-de-la-pampa-historias-recuperadas-casi-un-siglo-despues\/","title":{"rendered":"Hacheras de La Pampa: historias recuperadas casi un siglo despu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por Mar\u00eda Clara Olmos (T\u00e9lam)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fotos de Victoria Gesualdi (T\u00e9lam)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Casi un siglo tuvo que pasar para que formaran parte de la historia las vidas de las hacheras de La Maruja, como Juanita, Mirta, Feliza y Margarita, quienes durante una recorrida con T\u00e9lam por ese pueblo del noroeste de La Pampa rescataron del olvido aquellos a\u00f1os dedicados a este oficio en el coraz\u00f3n del monte de cald\u00e9n, que a filo de hacha parti\u00f3 sus vidas en dos.<br><br>No fue la llegada del tren, en 1927, lo que defini\u00f3 los inicios de&nbsp;<strong>La Maruja<\/strong>, como en los dem\u00e1s pueblos, sino los obrajes de hacheros y hacheras que llegaban a estas tierras con el augurio de prosperidad.<\/p>\n\n\n\n<p>A la par de los hombres,&nbsp;<strong>las mujeres desmontaron bosques, abrieron caminos, produjeron toneladas de madera y sobrevivieron a la explotaci\u00f3n y la miseria de los toldos<\/strong>. De todo eso s\u00f3lo queda el relato de unas pocas.<br><br>En el mediod\u00eda de un s\u00e1bado, el chirrido del portillo de madera irrumpe en el silencio de este pueblo de cinco cuadras por siete de pura llanura.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la puerta de su casa,&nbsp;<strong>Juanita Sombra&nbsp;<\/strong>comienza a desempolvar, ansiosa, su historia. \u201c<strong>Yo soy hija de hacheros, as\u00ed que ya desde chiquita empec\u00e9. Fue toda una vida en el hacha\u201d, dice.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223754\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-2.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>\u201cNosotras hac\u00edamos de todo: voltear caldenes, pelar postes y varillas, cortar la le\u00f1a, quemar las ramas, hacer rastrojos\u201d, cuenta Juana Sombra \/ Foto: Victoria Gesualdi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><br><br>Seg\u00fan los c\u00e1lculos de sus vecinos, Juanita es la m\u00e1s grande del pueblo.&nbsp;<strong>De sus 82 a\u00f1os, al menos la mitad los pas\u00f3 entre aserraderos y montes<\/strong>&nbsp;de la zona.<br><br>\u201cNosotras hac\u00edamos de todo: voltear caldenes, pelar postes y varillas, cortar la le\u00f1a, quemar las ramas, hacer rastrojos\u201d, enumera la mujer durante una visita de T\u00e9lam en La Maruja.<\/p>\n\n\n\n<p>El del hacha era un trabajo bravo, robusto.&nbsp;<strong>\u201cTodo a fuerza de pulm\u00f3n\u201d<\/strong>, dice Juanita, mientras frota las yemas curtidas sobre la palma de su mano.<br><br>Dependiendo del pedido del patr\u00f3n es como se daba la hachada: talaban del tronco o, si el objetivo era desmontar para la incipiente agricultura, los tiraban de ra\u00edz.<br><br>\u201cApenas si llegaba a asomar la cabeza de los pozos que cavaba alrededor de los caldenes para hachar sus ra\u00edces y as\u00ed tirarlos\u201d, cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hasta de dos metros de di\u00e1metro era el tronco de un cald\u00e9n, \u00e1rbol caracter\u00edstico de La Pampa, y 12 metros pod\u00eda alcanzar de altura<\/strong>, mientras que el cuerpo menudo de Juanita no supera los 1.55.<br><br>\u201cUna fuerza b\u00e1rbara hab\u00eda que tener, era mucho esfuerzo para el cuerpo\u201d, asegura la hachera, que a cada golpe de hacha parec\u00eda estar \u201cpor partirse en dos\u201d.<br><br>A sus 18 a\u00f1os se cas\u00f3 con&nbsp;<strong>Facundo Sosa<\/strong>, con quien durante d\u00e9cadas fueron de campo en campo desmontando, solos con el hacha, la cu\u00f1a y el mazo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPara los caldenes m\u00e1s grandes us\u00e1bamos el serr\u00f3n (sierra larga que tiene un asa en cada extremo). Mi marido tiraba de un lado y yo tiraba del otro, as\u00ed los \u00edbamos tirando\u201d, recuerda.<br><br><strong>\u201cLa primaria no la pude empezar siquiera porque viv\u00edamos en el campo\u201d<\/strong>, lamenta Juanita, que enseguida agrega, orgullosa: \u201cPero de grande fui yo misma la que abr\u00ed el camino (ahora ruta provincial 11) que lleva a la escuela albergue El Tala, en Rancul, donde estudiaron mis hijos\u201d.<br><br>El cuerpo cansado de Juanita recobra toda su fuerza cuando se aferra al hacha -y no la suelta- para demostrar c\u00f3mo es que sol\u00edan cortar la madera del cald\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>A su lado y agarrada de las manos camina monte adentro&nbsp;<strong>Mirta Ben\u00edtez<\/strong>. \u201cDe mis ocho hijos, cuatro fueron criados en el monte y los otros cuatro en &#8216;cuna de oro&#8217;, en el pueblo\u201d, cuenta Mirta (70) y una risa f\u00e1cil se le dibuja en su rostro agrietado por el viento impiadoso de La Pampa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223752\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-4.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Mirta Benitez lleg\u00f3 al campo \u201cde grande\u201d cuando fueron a trabajar con Lalo, su marido de 82 a\u00f1os, hoy hachero jubilado, con quien se cas\u00f3 a sus 15 a\u00f1os \/ Foto: Victoria Gesualdi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><br><br><strong>\u201cNo era f\u00e1cil. Cuando eran beb\u00e9s me los llevaba en un cajoncito de madera y los acomodaba bajo un cald\u00e9n. \u00bfSabes qui\u00e9n me los cuidaba mientras hachaba? Un perrito, \u00e9l los vigilaba\u201d<\/strong>, recuerda.<\/p>\n\n\n\n<p>Al campo lleg\u00f3 \u201cde grande\u201d cuando fueron a trabajar con Lalo, su marido que hoy tiene 82 a\u00f1os, con quien se cas\u00f3 a sus 15 a\u00f1os. Criada en el pueblo, admite que no sab\u00eda, realmente, lo que era el monte.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223751\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-5.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><br><br>\u201cCuando llegamos all\u00e1, no lo pod\u00eda creer. Miraba el toldito de paja y me preguntaba: \u00bfAc\u00e1 vamos a dormir? No hab\u00eda nada, s\u00f3lo cald\u00e9n. Nunca tuve tanto miedo como esa noche\u201d, narra Mirta de su llegada al campo en Colonia Loboc\u00f3, al sur de La Maruja.<br><br><strong>En un pozo semi subterr\u00e1neo para que conservaran la temperatura, las familias hacheras levantaban sus toldos con horcones, palos a pique, ramas y pasto puna.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mirta estuvo 20 a\u00f1os en el campo y le gustaba, asegura, pero cuando le sali\u00f3 \u201csu casita\u201d en el pueblo por un plan social provincial no dud\u00f3.<br><br>Como todas las hacheras, Mirta ten\u00eda un \u00fanico deseo: rescatar a sus hijos del monte.<br><br><strong>\u201cYo no los quer\u00eda mortificar toda la vida en el hacha, quer\u00eda que busquen un trabajo m\u00e1s liviano\u201d,<\/strong> se\u00f1ala.<\/p>\n\n\n\n<p>El hacha vuela y tajea, con un golpe certero, la madera dura del cald\u00e9n.&nbsp;<strong>Margarita Sabugo&nbsp;<\/strong>es determinante y probablemente fue eso lo que la llev\u00f3, d\u00e9cadas atr\u00e1s, a torcer el destino que parec\u00eda estar escrito para ella y sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223772\" width=\"840\" height=\"472\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-6.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 840px) 100vw, 840px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Margarita Sabugo, que ahora tiene 81 a\u00f1os, fue la enfermera del pueblo durante cuatro d\u00e9cadas \/ Foto: Victoria Gesualdi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><br><br>Hija de hacheros y criada en el campo, se cas\u00f3 a los 22 a\u00f1os con Ceferino, que era hornero.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Un d\u00eda, un m\u00e9dico de Paraguay, el doctor Aquino, vino a ofrecerle a su cu\u00f1ada una capacitaci\u00f3n en Santa Rosa, capital provincial, para ser enfermera. \u201c<strong>A la pobre no la dejaron y a m\u00ed nadie me invit\u00f3, pero le pregunt\u00e9 a Ceferino si pod\u00eda ir y, contra todo pron\u00f3stico en esa \u00e9poca, me dijo que s\u00ed. Aquino acept\u00f3 y enseguida me puso a aprender. Fue mi salvaci\u00f3n\u201d<\/strong>, reflexiona.<br><br>Margarita, que ahora tiene 81 a\u00f1os, fue la&nbsp;<strong>enfermera del pueblo durante cuatro d\u00e9cadas<\/strong>, encargada de los partos y la vacunaci\u00f3n. El vacunatorio del Hospital de La Maruja hoy lleva su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>De chica, la polic\u00eda debi\u00f3 obligar a su padre para que la manden a la escuela rural y \u00e9l s\u00f3lo cedi\u00f3 con una condici\u00f3n: lunes, mi\u00e9rcoles y viernes estudiaba, martes, jueves y s\u00e1bados ayudaba en el campo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223771\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-7.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Margarita Sabugo fue un tiempo a la escuela rural: la polic\u00eda oblig\u00f3 a su pap\u00e1 para que la mande a estudiar y \u00e9l cedi\u00f3 con una condici\u00f3n: que ayudara en el campo \/ Foto: Victoria Gesualdi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><br><br><strong>\u201cMe encantaba ir a la escuela, me iba bien. Fui hasta tercero, ten\u00eda el pase para cuarto pero no me mandaron m\u00e1s porque ya ten\u00eda 12 o 13 a\u00f1os. Era hachera vieja ya, ten\u00eda que trabajar\u201d<\/strong>, dice Margarita.<br><br>De aquellas \u00e9pocas s\u00f3lo conserva una foto en blanco y negro con sus padres frente al toldo en el que viv\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la \u00fanica vez que us\u00f3 vestido. \u201cYo no me cri\u00e9 de vestido, me cri\u00e9 de pantal\u00f3n\u201d, lanza como si de un manifiesto de principios se tratara.<br><br>\u201cMe gustaba el campo, pero era una vida dura, un sacrificio, porque<strong>&nbsp;hab\u00eda que levantarse bien temprano y salir con las heladas, pasar sed en el campo&nbsp;<\/strong>(a veces hab\u00eda que caminar leguas para conseguir agua), la carne que se pon\u00eda mala\u201d, murmura y pierde la mirada entre sus manos que alisan, una y otra vez, el mantel de la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz se le endurece y las cejas negras se le fruncen a&nbsp;<strong>Feliza Tello<\/strong>, la m\u00e1s joven de las hacheras, cuando habla de su vida en aquellas tierras relegadas.<br><br><strong>\u201cLo hice siempre por mis hijos\u201d,<\/strong> dice Feliza (61), mujer esbelta de manos macizas, tercera generaci\u00f3n de hacheros y madre de 12 hijos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u201cMi marido no quer\u00eda que yo trabajara, yo me mand\u00e9 igual\u201d<\/strong>, comienza la mujer, que en di\u00e1logo con T\u00e9lam se anima a hablar, aunque con cierto recelo, de algo recurrente en aquel tiempo:&nbsp;<em>el consumo problem\u00e1tico de alcohol de la mayor\u00eda de los hacheros y las situaciones de violencia que se desataban.<\/em><br><br><em>Era una cadena de sometimientos: de la mujer frente a su marido y de \u00e9ste frente a los patrones, que los somet\u00edan a condiciones laborales inhumanas.<\/em><br><br><strong>\u201cPor ah\u00ed \u00e9l se iba al pueblo y no volv\u00eda por 15 o 20 d\u00edas, mientras tanto yo segu\u00eda trabajando\u201d<\/strong>, asegura la hachera.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-223769\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9-300x169.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9-768x432.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9-585x329.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/hacheraslamarujatelamfotovictoriagesualdi2023-9.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>La voz se le endurece y las cejas negras se le fruncen a Feliza Tello, la m\u00e1s joven de las hacheras, cuando habla de su vida en aquellas tierras relegadas \/ Foto Victoria Gesualdi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<strong>Sin embargo, jam\u00e1s vi plata del hacha. Fueron muchos a\u00f1os de laburar y no tener nada\u201d, dijo.<\/strong><br><br>A\u00fan&nbsp;<strong>embarazada o amamantando segu\u00eda hachando<\/strong>&nbsp;igual esta madre del monte que s\u00f3lo cuando naci\u00f3 su hija con discapacidad decidi\u00f3 terminar esa vida e iniciar una nueva en el pueblo.<br><br>\u201cA diferencia de nosotras, son pocos los hombres que han trabajado el hacha para criar a los hijos\u201d, expresa con bravura Feliza. <strong>\u201cY encima \u00e9ramos guapas para hacerlo\u201d, sostiene.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Registro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con situaciones de informalidad persistente, aunque atenuadas por la Ley de Bosques y otras normativas locales, y con las mujeres a\u00fan invisibilizadas, es como se desarrolla en la actualidad el trabajo de los hacheros y hacheras en La Pampa, seg\u00fan una cartograf\u00eda realizada por la Universidad Nacional de La Pampa (Unlpam) y el Ministerio de Producci\u00f3n local.<br><br>El relevamiento, que est\u00e1 en su versi\u00f3n preliminar, fue realizado por Mario Mendoza, docente de la Facultad de Agronom\u00eda de la Unlpam, a fin de conocer las condiciones de vida actual de los hacheros y poder \u201ccrear pol\u00edticas p\u00fablicas en torno a ese sujeto\u201d.<br><br>En total se registraron 189 hacheros y hacheras activas en la provincia, de los cuales 100 fueron entrevistados, pero se calcula que son \u201capenas un 20 o 30% del total\u201d.<br><br>\u201cSin embargo, son pocos los que est\u00e1n trabajando a full con el hacha, en general hacen trabajos estacionales (en junio y julio) y luego complementan con alba\u00f1iler\u00eda y otras actividades\u201d, explica Mendoza en di\u00e1logo con T\u00e9lam.<br><br>El trabajo se realiza en cuadrillas, en familia o de manera individual, y hay hacheros contratistas, por cuenta propia, contratados en predios agropecuarios con \u201cbuenos acuerdos\u201d o trabajando \u201ccon sus esposas e hijos sin grandes reconocimientos\u201d, detalla el informe.<br><br>Del total de trabajadores relevados, s\u00f3lo cuatro son mujeres, seis hacheros mencionaron trabajar con sus esposas y otros 15 refirieron tener una \u201ccuadrilla familiar\u201d.<br><br>\u201cEn el relato de los hombres, tanto cuando hablan del pasado como del presente, las mujeres hacheras est\u00e1n &#8216;minorizadas&#8217;. Sin embargo, tienen un rol central en la econom\u00eda y la organizaci\u00f3n del hachero, trabajaron siempre a la par\u201d, sostuvo el docente.<br><br>En ese sentido, enfatiz\u00f3 en la necesidad de \u201creconocer la participaci\u00f3n de las mujeres en los contratos\u201d, que suelen ser con el var\u00f3n.<br><br>\u201cLa mujer tambi\u00e9n entra al monte junto al var\u00f3n, pero sin seguro ni reconocimiento econ\u00f3mico. Revisar esos contratos fue una de las demandas (que el informe eleva) al ministerio\u201d, agrega el investigador, quien tambi\u00e9n inst\u00f3 a repensar \u201cel rol que tuvieron siempre\u201d.<br><br>\u201cPor las condiciones en las que trabajaron siempre, los varones realmente han sido mu\u00f1ecos de trapo que se desmoronaban sin sus piolines, las mujeres. Esa fue la magnitud de su rol\u201d, expresa.<br><br>Los y las hacheras cumplieron durante d\u00e9cadas un rol importante en las econom\u00edas locales de La Pampa y tambi\u00e9n \u201cen tanto s\u00edmbolos identitarios del lugar\u201d.<br><br>En la actualidad es una actividad que se lleva a cabo \u201ccon menor intensidad\u201d ya que el desmonte, el sobrepastoreo y los incendios forestales han contribuido a la reducci\u00f3n y degradaci\u00f3n del caldenal.<br><br>Especialistas locales rescatan, sin embargo, el valor del trabajo y los conocimientos de los y las hacheras para la preservaci\u00f3n y cuidado del bosque pampeano, que \u201cdepende en gran medida de la puesta en pr\u00e1ctica de planes de manejo que utilicen la fuerza de trabajo de las y los hacheros\u201d.<br><br>Sancionada en 2011, la Ley Provincial de Bosques N\u00b0 2.624 busca proteger y conservar las \u00e1reas de bosques y regular las actividades relacionadas a la explotaci\u00f3n forestal.<br><br>\u201cAdem\u00e1s de buscar preservar, la ley mejor\u00f3 mucho las condiciones de los hacheros porque implica un ordenamiento de los contratos y estimula la organizaci\u00f3n en cuadrillas, hay mas posibilidad de reclamar mejores condiciones en un oficio que no est\u00e1 gremializado\u201d, se\u00f1ala Mendoza.<br><br>Sin embargo, hay un porcentaje de hacheros familiares e individuales \u201cque quedan por fuera\u201d y que a\u00fan persisten en una \u201cinformalidad atroz\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>La Maruja<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ubicado en el \u201ccoraz\u00f3n del monte\u201d, La Maruja estuvo desde sus or\u00edgenes ligado al cald\u00e9n, el principal recurso forestal de la provincia, cuya explotaci\u00f3n dio lugar a la formaci\u00f3n de pueblos obrajeros, especialmente de hacheros.<br><br>Seg\u00fan el \u00faltimo censo del Indec, quedan poco menos de 1.200 habitantes en La Maruja, localidad del departamento de Rancul que, desde principios del siglo pasado, supo estar \u201csuperpoblada\u201d.<br><br>Fue la explotaci\u00f3n del cald\u00e9n, el principal recurso forestal de La Pampa y donde se encuentra la extensi\u00f3n m\u00e1s grande de este \u00e1rbol, la que dio lugar a la fundaci\u00f3n de estos pueblos en el centro, norte y oeste de la provincia.<br><br>Ya estaban instaladas las familias hacheras -desmontaban los bosques para el cultivo- cuando los rieles del ferrocarril llegaron a estas tierras en 1927, un a\u00f1o antes de la fundaci\u00f3n del pueblo.<br><br>Por entonces las locomotoras requer\u00edan le\u00f1a como combustible y el bosque de cald\u00e9n se presentaba como un caudal inacabable de abastecimiento, por lo que comenz\u00f3 un periodo de sobreexplotaci\u00f3n.<br><br>De acuerdo a lo recuperado por investigaciones locales, s\u00f3lo entre 1956 y 1966 en La Pampa se produjeron cerca de 700.000 toneladas de rollizos, postes y le\u00f1as.<br><br>Seg\u00fan cuentan los vecinos, en La Maruja llegaron a existir cuatro aserraderos que trabajaban la madera, luego transportada y utilizada para hacer el parquet y construir viviendas en Buenos Aires.<br><br>Hacia all\u00ed part\u00edan los trenes del Ferrocarril Oeste, que cargaba en la Estaci\u00f3n de La Maruja y ten\u00eda en Arizona, San Luis, su punta de riel.<br><br>Cuando el tren dej\u00f3 de pasar, en la d\u00e9cada de 1990, los aserraderos cerraron, la explotaci\u00f3n maderera merm\u00f3 y las historias de los hacheros se olvidaron.<br><br>Fue reci\u00e9n en 2017 cuando ni\u00f1os y ni\u00f1as de segundo grado de la Escuela N\u00b0 192 de La Maruja, a cargo de las docentes Carola Armani y Fabiana Bertone, rescataron del olvido la vida de los hacheros y, particularmente, de las hacheras.<br><br>\u201cTodo empez\u00f3 como una actividad m\u00e1s de la escuela y terminamos descubriendo una parte de la historia del pueblo que desconoc\u00edamos: el rol de las hacheras\u201d cuenta Armani a T\u00e9lam.<br><br>El proyecto, que luego llev\u00f3 el nombre \u201cSo\u00f1ando renuevos. Mirada con ojos de hachero\u201d y lleg\u00f3 a la instancia nacional de la Feria de Ciencias, convocaba a hacheros marujenses a acercar su historia a la escuela.<br><br>\u201cEn general todos los pueblos de La Pampa se originaron a partir de la llegada del ferrocarril y los terratenientes. En La Maruja es totalmente distinto: la historia comienza antes del loteo, con los desmontes y los hacheros\u201d, explica la docente. \u201cDigo en masculino porque siempre nos imaginamos que eran los varones y que las mujeres se quedaban en la casa. Pero de repente aparecieron las hacheras y nos dejaron heladas\u201d.<br><br>Elsa, Juanita, Feliza, Margarita, Mirta o Ventura, muchas de las mujeres hacheras eras las abuelas o parientes de los estudiantes, que asist\u00edan incr\u00e9dulos a sus relatos.<br><br>\u201cFue algo muy \u00edntimo, muy significativo para la escuela e incluso para el pueblo. Nos ayud\u00f3 a mirar de otra manera la historia de todos los d\u00edas, la de nuestro pueblo, que ten\u00eda a la mujer hachera oculta desde hace m\u00e1s de 90 a\u00f1os\u201d, concluye.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mar\u00eda Clara Olmos (T\u00e9lam) Fotos de Victoria Gesualdi (T\u00e9lam) Casi un siglo tuvo que pasar para que formaran parte de la historia las vidas de las hacheras de 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