{"id":6035,"date":"2018-04-27T02:42:53","date_gmt":"2018-04-27T05:42:53","guid":{"rendered":"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/?p=6035"},"modified":"2018-05-08T11:24:42","modified_gmt":"2018-05-08T14:24:42","slug":"una-foto-la-mirada-inolvidable-los-hijos-zerda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/index.php\/2018\/04\/27\/una-foto-la-mirada-inolvidable-los-hijos-zerda\/","title":{"rendered":"Una foto y la mirada inolvidable de los hijos de Zerda"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>En 1974 el documentalista Jorge Prelor\u00e1n se deslumbr\u00f3 ante un retrato e hizo una pel\u00edcula. Estrenado en Estados Unidos en 1978, el documental \u201cLos Hijos de Zerda\u201d puso en foco la miseria y la explotaci\u00f3n a la que eran sometidos los hacheros y sus familias, a ochenta kil\u00f3metros de la capital de La Pampa. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s del rodaje, los protagonistas se reencontraron para hablar del film y de su propia infancia en la dureza del monte.<\/strong><\/em><\/p>\n<h4><em><strong>Por Lautaro Bentivegna<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>Fotos: M.P<\/strong><\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El hombre que filma<\/strong> lleva una<strong> barba rara y anteojos de aumento igualmente raros<\/strong>. El aula entera lo mira, mientras \u00e9l, con la c\u00e1mara de mano, hace foco en los bancos de la \u00faltima fila, adonde se sientan los hermanitos. Aunque llevan varios meses en la Escuela Albergue de Conhello,<strong> los chicos no logran pasar desapercibidos<\/strong>. Mucho menos hoy, que inesperadamente, son los protagonistas de una pel\u00edcula.<br \/>\nTodos recuerdan el primer d\u00eda de clase, la ma\u00f1ana en que el padre los sac\u00f3 del monte, los carg\u00f3 en la caja de una camioneta y los dej\u00f3 en el pueblo para que aprendieran a leer y escribir. Por los harapos que llevaban puestos, alguien hizo correr la bola de que hab\u00edan llegado gitanos.<br \/>\nLa maestra conf\u00eda que Soledad, de 9 a\u00f1os, aprender\u00e1 r\u00e1pido y que N\u00e9lida, de apenas 8, imitar\u00e1 el \u00e9xito de su hermana. Dalmiro en cambio ya tiene 13 y se perfila como un caso dif\u00edcil: su atenci\u00f3n se desvanece f\u00e1cilmente, le cuesta horrores la gram\u00e1tica. Contra los pron\u00f3sticos, que a viva voz la docente le confiesa al cineasta, la mayor de las hermanas abandonar\u00e1 el colegio al a\u00f1o siguiente.<\/p>\n<p>\u2013 Los patrones me dijeron que yo era la m\u00e1s inteligente y que no necesitaba seguir yendo a la escuela. Dijeron que me iban a llevar a vivir a Santa Rosa para trabajar en la casa. Pap\u00e1 estuvo de acuerdo. Yo ten\u00eda diez a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6039\" style=\"width: 651px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6039\" class=\"wp-image-6039 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde2.jpg\" alt=\"\" width=\"641\" height=\"965\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde2.jpg 641w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde2-199x300.jpg 199w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde2-585x881.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 641px) 100vw, 641px\" \/><p id=\"caption-attachment-6039\" class=\"wp-caption-text\">La mirada de Soledad Zerda parece detenida en el tiempo. A los 10 a\u00f1os dej\u00f3 la escuela para ser mucama.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con absoluta naturalidad,<strong> Soledad Zerda cuenta c\u00f3mo fue que a mediados de los a\u00f1os setenta abandon\u00f3 la escuela y se convirti\u00f3 en una peque\u00f1a mucama<\/strong>. Ahora tiene 53 a\u00f1os y unos ojos grandes de color misterioso que podr\u00edan ser marr\u00f3n oscuro o negro verdoso. Los anatomistas lo saben: a lo largo de una vida los ojos son los \u00f3rganos que menos crecen. Mientras el resto del cuerpo se desarrolla, se expande y se avejenta, los ojos permanecen all\u00ed, casi inalterables en su forma y su tama\u00f1o. Pero \u00bfqu\u00e9 pasa con la mirada? \u00bfQu\u00e9 ocurre con la expresi\u00f3n de los ojos con el paso del tiempo? \u00bfCambia? Habr\u00eda que estudiarlo.<br \/>\nEn el caso de la antepen\u00faltima hija de Sixto Ram\u00f3n Zerda y Felisa Olivera, actualmente ama de casa, madre de siete hijos, casada con Ram\u00f3n Duprat,<strong> la mirada parece haberse quedado detenida en una de sus primeras fotos<\/strong>. La que le tom\u00f3 junto a sus hermanos un joven aficionado, la que tiempo despu\u00e9s, convertida en un cuadro, <strong>estuvo colgada en bares bohemios y citadinos, la que finalmente inspir\u00f3 a un reconocido cineasta que, hace exactamente 40 a\u00f1os, termin\u00f3 haciendo una pel\u00edcula<\/strong>.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p><strong>La historia comienza en la primavera de 1970<\/strong>. En la escuela rural del bajo de Pinc\u00e9n, ubicado a ochenta kil\u00f3metros al noroeste de Santa Rosa, el maestro <strong>Walter Cazenave<\/strong> acaba de recibir visita. Su amigo <strong>Gustavo P\u00e9rez Civelli,<\/strong> estudiante de ciencias econ\u00f3micas en Santa Rosa,<strong> lleg\u00f3 atra\u00eddo por las historias del monte<\/strong> y piensa quedarse una semana. Piensa adem\u00e1s conocer a los hacheros que viven cerca de la escuela y tomar algunas fotos. Consigo lleva una c\u00e1mara flamante de 35 mil\u00edmetros. Cazenave tambi\u00e9n lleva la suya, una japonesa de seis por seis. <strong>Una tarde los amigos salen de recorrida y se detienen a conversar en el toldo de Sixto Zerda.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6040\" style=\"width: 1212px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6040\" class=\"wp-image-6040 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3.jpg\" alt=\"\" width=\"1202\" height=\"1603\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3.jpg 1202w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3-225x300.jpg 225w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3-768x1024.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3-1170x1560.jpg 1170w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde3-585x780.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 1202px) 100vw, 1202px\" \/><p id=\"caption-attachment-6040\" class=\"wp-caption-text\">La c\u00e1mara japonesa es un tesoro para Walter Cazenave, el primer maestro de los Zerda.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Casi medio siglo despu\u00e9s, Walter Cazenave recuerda:<\/p>\n<p>\u2013Estaban los hijos y<strong> preguntamos si pod\u00edamos tomarles una foto<\/strong>. Dos eran alumnos m\u00edos en la escuela. Al momento de tomarles la foto, mi amigo propuso que nos intercambi\u00e1ramos las m\u00e1quinas, yo le di la m\u00eda y \u00e9l me entreg\u00f3 la suya. Disparamos casi al mismo tiempo, con un segundo de diferencia, parados casi en el mismo lugar. Una semana despu\u00e9s, en Pehuaj\u00f3, <strong>Gustavo revel\u00f3 las fotos y supimos que el azar hab\u00eda estado de su lado. La foto m\u00eda era una foto cualquiera y la de \u00e9l una obra de arte<\/strong>.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>1974. <strong>El cineasta Jorge Prelor\u00e1n, referente del cine etnogr\u00e1fico en Argentina, desembarca en La Pampa para hacer lo que viene haciendo en otras provincias: registrar las expresiones folkl\u00f3ricas, la vida misma de gente com\u00fan y olvidada, en tierras igualmente relegadas<\/strong>. Por su mirada aguda y su capacidad de escucha, el director viene cosechando prestigio en el mundo documental incluso a nivel internacional. Su nuevo proyecto es contar la vida y el ambiente de Cochengo Miranda, un antiguo y respetado puestero que vive en la hostilidad del oeste pampeano.<br \/>\nEn Santa Rosa, la venida del director es celebrada por los integrantes del grupo<strong> Alpataco<\/strong>, un colectivo cultural comprometido en la producci\u00f3n art\u00edstica. El cineasta es recibido con un asado en el Temple del Diablo, la pe\u00f1a donde confluyen poetas y m\u00fasicos, escritores y artistas pl\u00e1sticos. Nadie sabe que al homenajeado no le gustan las reuniones multitudinarias. Por cortes\u00eda, el cineasta charla un poco, cena y se va a dormir. Antes de salir a la calle, pasa un largo rato mirando el cuadro de gran tama\u00f1o que hay en una de las paredes del local. Puede haber dicho: \u201c\u00bfQui\u00e9nes son estos chicos?\u201d.<br \/>\nD\u00edas despu\u00e9s de haber visto la foto,<strong> Prelor\u00e1n pidi\u00f3 la ubicaci\u00f3n espec\u00edfica adonde estaba la familia<\/strong>. Le advirtieron que el retrato ten\u00eda algunos a\u00f1os y que posiblemente, por el car\u00e1cter n\u00f3made de los hacheros, ya no estuvieran radicados all\u00ed. Finalmente, <strong>el director los encontr\u00f3 y, meses m\u00e1s tarde, acord\u00f3 con Zerda padre comenzar la filmaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>Tras el cierre de <strong>Temple del Diablo<\/strong> (solo estuvo abierto dos a\u00f1os), la foto ampliada de los hijos de Zerda estuvo colgada en la pe\u00f1a Coru Hu\u00e9, otro punto de encuentro de artistas a principio de los 80. Entrada la democracia, el retrato fue a parar a la sede de Coarte (la primera cooperativa de trabajo de artistas pampeanos, que nunca lleg\u00f3 a conformarse legalmente como tal), pas\u00f3 por las manos de algunos m\u00fasicos como Roberto Yacomuzzi y termin\u00f3 su recorrido en la casa de la escritora Teresa P\u00e9rez. Antes de morirse, el guitarrista Guillermo Mareque \u2013ex esposo de P\u00e9rez\u2013 reclam\u00f3 la obra aduciendo que Agust\u00edn P\u00e9rez Civelli, hermano del autor de la foto, se la hab\u00eda regalado. Desde entonces, el m\u00edtico cuadro permanece colgado en una sala de estar, encima de un sill\u00f3n floreado.<br \/>\nEntre aquellos que recuerdan la foto y que pasaron alguna vez por la pe\u00f1a Temple del Diablo circula el rumor de que con la llegada de la dictadura, el retrato permaneci\u00f3 oculto ante la posibilidad de que fuera secuestrado o da\u00f1ado en alguno de los recurrentes operativos militares que ten\u00edan como principales objetivos a referentes de la cultura.<strong> Para 1976, Jorge Prelor\u00e1n se hab\u00eda exiliado en Los \u00c1ngeles.<\/strong><br \/>\nActualmente, en tama\u00f1o peque\u00f1o, no son pocos los pampeanos que conservan alguna de las innumerables copias que se hicieron del negativo original de P\u00e9rez Civelli. Podr\u00eda decirse que la foto es un s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p><strong>La filmaci\u00f3n del documental llev\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o<\/strong>. El resultado es un mediometraje que dura 51 minutos y que tiene como principal narrador al padre de familia, quien va relatando la vida de sus hijos y detallando roles en la organizaci\u00f3n familiar. <strong>El director muestra como los peque\u00f1os Zerda colaboran hachando, cavando renuevos, quemando ramas. De los diez hijos de Sixto Ram\u00f3n solo siete participaron del rodaje, aunque Prelor\u00e1n tom\u00f3 contacto con ellos, algunos dispersos en Toay y General Pico.<\/strong> Hay escenas en el monte, otras tomadas en el pueblo de Winifreda, solo algunas de ni\u00f1os jugando, un par en la Escuela Albergue de Conhello, ninguna al interior del toldo.<strong> La puerta del toldo parece haber sido el l\u00edmite de Prelor\u00e1n.<\/strong><br \/>\nEn el tiempo que dur\u00f3 el rodaje, la familia Zerda permaneci\u00f3 en el toldo ubicado en una picada en el fachinal, a unos 100 metros de distancia de la calle de tierra que une la ruta provincial 12 con la localidad de Conhello. <strong>Terminada la filmaci\u00f3n, el grupo familiar se desplaz\u00f3 a otro lugar dentro del mismo campo y luego se mud\u00f3 a otro establecimiento<\/strong> cerca de Luan Toro. En ese tiempo tambi\u00e9n, el cineasta trabaj\u00f3 en proyectos paralelos y se volvi\u00f3 pr\u00e1cticamente invisible.<strong> Los Zerda llegaron a olvidar que estaban dentro de una pel\u00edcula<\/strong>.<br \/>\nCada vez que Jorge (as\u00ed lo llamaban los ni\u00f1os y las ni\u00f1as) regresaba al monte, era todo un acontecimiento. Lo vieron llegar en un Citr\u00f6en desvencijado, en un Citr\u00f6en flamante, solo, con su asistente o con su compa\u00f1era, en un avi\u00f3n a motor que aterriz\u00f3 en una picada. Con el tiempo \u2013dicen los hijos y los pampeanos que asistieron a Prelor\u00e1n\u2013 la relaci\u00f3n entre el director y el padre de la familia se fue convirtiendo en una especie de amistad.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>Est\u00e1 por terminar febrero y el calor ser\u00eda terminal si no fuera por el cald\u00e9n que nos protege. Estamos en la casa de Ram\u00f3n y Soledad, en la zona de quintas de Santa Rosa, adonde hace unos d\u00edas se rompi\u00f3 la bomba sumergible. Desde entonces el matrimonio est\u00e1 sin agua potable. Hace un rato un cami\u00f3n cisterna pas\u00f3 a dejar una carga para que puedan ba\u00f1arse, lavar los platos, cocinar.<strong> Sobre una mesa est\u00e1 el mate, la pava y una torta de ochenta golpes<\/strong>. Tambi\u00e9n est\u00e1n dos nietas y una hija. El resto de los Zerda viene en camino.<\/p>\n<p>Dice Soledad:<\/p>\n<p>\u2013Nos quedamos sin agua y nos tienen que traer, como cuando est\u00e1bamos en el monte. A veces es todo igual que antes. En el invierno yo sigo hachando, porque ac\u00e1 no hay gas y hay que alimentar la estufa \u00bfC\u00f3mo hizo usted para encontrarnos?<br \/>\n\u2013Por un aviso f\u00fanebre. Felisa Olivera de Zerda, su mam\u00e1, falleci\u00f3 el a\u00f1o pasado.<br \/>\n\u2013S\u00ed, pobre madre, se estaba secando de viejita. Los \u00faltimos d\u00edas fueron raros. Parec\u00eda perdida, hab\u00eda perdido peso, no quer\u00eda tomar los remedios. La ma\u00f1ana del 31 de julio no se levant\u00f3.<br \/>\n\u2013Tuvo una vida larga, 90 a\u00f1os no es poca cosa.<br \/>\n\u2013Se queda corto: en el acta de defunci\u00f3n figura que ella ten\u00eda 90 a\u00f1os, pero en realidad ten\u00eda 119. Vio como era antes, la gente del campo ven\u00eda poco al Registro Civil. A ella la hab\u00edan anotado muy tarde.<br \/>\n\u2013 \u00bfY su padre cuando muri\u00f3?<br \/>\n\u2013Ah\u00ed no sabr\u00eda decirle. \u00c9l fumaba mucho y andaba muy mal de los pulmones.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n interrumpe:<\/p>\n<p>\u2013La historia del monte, te trae muchos recuerdos y es muy triste. Eso es pasar miseria. Yo hace tiempo quer\u00eda que vuelvan a pasar la pel\u00edcula, para que la gente, sobre todos los m\u00e1s chicos, sepan lo que es vivir en el campo.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>\u201cLos hijos\u2026\u201d se termin\u00f3 de filmar en 1975, fue editada un a\u00f1o m\u00e1s tarde en Los \u00c1ngeles (Estados Unidos) y exhibida por primera vez fuera del pa\u00eds en 1978 en el Museo de Arte Moderno de New York (MoMA), durante un programa de cine antropol\u00f3gico que present\u00f3 la Universidad de California. El pr\u00f3logo de la pel\u00edcula, que escribi\u00f3 Walter Cazenave y que originalmente lee en la pel\u00edcula el m\u00fasico Rub\u00e9n Evangelista (conocido como Cacho Arenas),<strong> fue doblado en Estados Unidos por Henry Fonda, emblema del cine norteamericano<\/strong> y dos veces ganador del Oscar.<br \/>\n<strong>La primera versi\u00f3n en castellano del film se proyect\u00f3 por primera vez en Argentina en el Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa<\/strong>, el domingo 1 de julio de 1984, un acto organizado por la Direcci\u00f3n General de Cultura que cont\u00f3 con la presencia de Prelor\u00e1n. No fueron muchos quienes vieron \u201cLos Hijos&#8230;\u201d. El film nunca integr\u00f3 el circuito comercial. Por su car\u00e1cter etnogr\u00e1fico, su valor es hist\u00f3rico y dif\u00edcilmente haya generado alguna ganancia. Volvi\u00f3 a exhibirse p\u00fablicamente en Santa Rosa dos veces, en el Cine Don Bosco y en el Amadeus, entrado el nuevo milenio. En una de la oportunidades, concurrieron algunas hermanas Zerda y tambi\u00e9n estuvo, nuevamente, el director.<br \/>\nDesde entonces, luego de la muerte de Prelor\u00e1n en 2009, las cintas originales de<strong> Los Hijos de Zerda<\/strong> permanecen en el <strong>Smithsonian Institute de Washington<\/strong>. Quienes pudieron verla en los \u00faltimos a\u00f1os fue gracias a una copia pirata que circula de mano en mano, en pendrives y discos extra\u00edbles.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>N\u00e9lida, Griselda, Dalmiro y Delia aparecen api\u00f1ados en la cabina de una camioneta que alguna vez fue negra y que ahora est\u00e1 anaranjada por el \u00f3xido. En la caja vienen algunos hijos y nietos atra\u00eddos por la experiencia de entrevista. \u00c9sta es una ocasi\u00f3n especial: pese a que viven en una misma ciudad, algunos a pocas cuadras de distancia, no se visitan seguido. Aclaran igualmente que \u201cse quieren como hermanos\u201d pero que desde que se instalaron en Santa Rosa, en distintos momentos durante los a\u00f1os 80, cada uno hizo su propia vida. Por separado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6041\" style=\"width: 975px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6041\" class=\"wp-image-6041 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4.jpg\" alt=\"\" width=\"965\" height=\"641\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4.jpg 965w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4-300x199.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4-768x510.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4-585x389.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde4-263x175.jpg 263w\" sizes=\"(max-width: 965px) 100vw, 965px\" \/><p id=\"caption-attachment-6041\" class=\"wp-caption-text\">Cinco de los siete hermanos que protagonizaron el documental, se reunieron 40 a\u00f1os despu\u00e9s para recordar el film de Prelor\u00e1n.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u00bfQu\u00e9 recuerdan del rodaje de la pel\u00edcula?<\/strong><\/p>\n<p>La voz de N\u00e9lida se anticipa. Tiene 52 a\u00f1os, diez hijos, once nietos y es la m\u00e1s locuaz y memoriosa de los Zerda. Tranquilamente podr\u00eda ella sola contar la historia familiar. En la pel\u00edcula aparece con el pelo cortito, juguetona, corriendo junto a su padre y sus hermanos, en una picada o en la Escuela Albergue. Ahora dice:<\/p>\n<p>\u2013 Una vez<strong> Jorge nos trajo juguetes de Buenos Aires, unas mu\u00f1ecas de color negro<\/strong>, como se estilaba en aquel entonces. Nunca hab\u00edamos visto mu\u00f1ecas, menos de ese color. Tambi\u00e9n nos tra\u00eda caramelos. Me acuerdo que una vez nos entreg\u00f3 unas cosas adentro del toldo, pero le dijo al ayudante \u201cac\u00e1 no filmes\u201d.<\/p>\n<p><strong>-\u00bfY pudieron ver la pel\u00edcula?<\/strong><\/p>\n<p>Con cada golpe de hacha, el cuerpo espigado de Griselda Zerda parec\u00eda quebrarse ante la resistencia del cald\u00e9n. Con 14 a\u00f1os, era demasiado grande para ir a la escuela pero lo suficientemente adulta como para tumbar un monte completo. De vestido y pelo largo, las piernas flaqu\u00edsimas, no levantaba la vista hasta partir el coraz\u00f3n del \u00e1rbol. Dif\u00edcilmente en ese tiempo hubiera hablado con extra\u00f1os. En la pel\u00edcula de Prelor\u00e1n responde con monos\u00edlabos. Hoy es distinto.<\/p>\n<p>-Yo no la vi nunca. Vivo en Villa Germinal y nunca nadie me llev\u00f3 a verla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6043\" style=\"width: 864px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6043\" class=\"wp-image-6043 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6.jpg\" alt=\"\" width=\"854\" height=\"1286\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6.jpg 854w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6-199x300.jpg 199w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6-768x1156.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6-680x1024.jpg 680w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde6-585x881.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 854px) 100vw, 854px\" \/><p id=\"caption-attachment-6043\" class=\"wp-caption-text\">La muchacha de piernas flacas que hachaba como una m\u00e1quina, Griselda Zerda.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dalmiro es el hijo del que m\u00e1s se habla en la pel\u00edcula. Su padre lo describe como \u201cun ni\u00f1o serio, secat\u00f3n para hablar\u201d. El devenir en su historia se torna crudo y cruel sobre el final de la cinta cuando la maestra le anuncia a Prelor\u00e1n<strong>: \u201cDalmiro es un chico que va a tener que volver a su casa. Una por el problema de la edad, ya es grande, y otra porque no se le puede tener en el Albergue. En fin: no va a seguir adelante\u201d<\/strong>. Desde ese momento, <strong>el rostro del ni\u00f1o, la mirada, se oscurece para siempre. Si en las primeras escenas se lo ve riendo en el fondo de un aula, en las \u00faltimas aparece resignado, hachando en cueros<\/strong>, solo en el monte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6044\" style=\"width: 839px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6044\" class=\"wp-image-6044 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7.jpg\" alt=\"\" width=\"829\" height=\"1236\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7.jpg 829w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7-201x300.jpg 201w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7-768x1145.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7-687x1024.jpg 687w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde7-585x872.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 829px) 100vw, 829px\" \/><p id=\"caption-attachment-6044\" class=\"wp-caption-text\">Dalmiro, a los 13 lo abandon\u00f3 la escuela y tom\u00f3 el hacha. El m\u00fasico Rub\u00e9n Evangelista le dedic\u00f3 una canci\u00f3n que aparece en la pel\u00edcula.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-Yo no vi la pel\u00edcula porque me daba tristeza, por mi padre. A los 13 a\u00f1os me pele\u00e9 con \u00e9l y me fui a Conhello. No ten\u00eda zapatillas y la gente me miraba raro. Andaba solo, como loco malo. Hachaba en Luan Toro, por todos lados.<\/p>\n<p>Dice N\u00e9lida:<\/p>\n<p>\u2013Dalmiro dej\u00f3 la escuela porque era muy burro.<\/p>\n<p>Todos r\u00eden, incluso Dalmiro y ninguno se da cuenta del error: Dalmiro no dej\u00f3 la escuela, la escuela lo dej\u00f3 a \u00e9l.<\/p>\n<p>Por ser la menor y la m\u00e1s t\u00edmida de los Zerda, la voz de Delia no llega a o\u00edrse en el documental. Apenas si se la ve, con su cuerpo peque\u00f1o, acercando ramitas hacia un fuego o acarreando el agua potable para la familia. Hoy conserva cierto pudor y se niega a que le tomen una foto sola.<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u00bfTuvieron una infancia feliz?<\/strong><\/p>\n<p>Sigue N\u00e9lida y todos asienten y r\u00eden c\u00f3mplices:<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, pero<strong> no sab\u00edamos de navidad, ni de los cumplea\u00f1os, ni de reyes, ni de nada.<\/strong>\u00a0Las mu\u00f1ecas las hac\u00edan de paja, las pelotas con medias o trapos viejos. \u00c9ramos muy pobres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6042\" style=\"width: 864px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6042\" class=\"wp-image-6042 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5.jpg\" alt=\"\" width=\"854\" height=\"1286\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5.jpg 854w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5-199x300.jpg 199w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5-768x1156.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5-680x1024.jpg 680w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde5-585x881.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 854px) 100vw, 854px\" \/><p id=\"caption-attachment-6042\" class=\"wp-caption-text\">N\u00e9lida Zerda, la ni\u00f1a juguetona que describe el documental, es hoy la m\u00e1s memoriosa.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u00bfC\u00f3mo era la vida en la hachada?<\/strong><br \/>\n\u2013Pap\u00e1 pegaba el grito a las seis de la ma\u00f1ana. Dec\u00eda \u201carriba arriba\u201d y hab\u00eda que levantarse para trabajar. Era muy recto.<br \/>\n\u2013S\u00ed, era muy recto.<br \/>\n\u2013Muy recto.<br \/>\n\u2013S\u00ed, muy recto.<br \/>\n\u2013S\u00ed.<\/p>\n<p><strong>-\u00bfY despu\u00e9s de hachar qu\u00e9 hac\u00edan?<\/strong><\/p>\n<p>Dice Soledad:<\/p>\n<p>\u2013 Par\u00e1bamos a comer, dorm\u00edamos una siesta y despu\u00e9s de nuevo, trabajar hasta que bajaba el sol.<strong> A la noche com\u00edamos, si es que hab\u00eda algo para comer<\/strong>.<\/p>\n<p>Dalmiro agrega:<\/p>\n<p>\u2013 Cuando no hab\u00eda qu\u00e9 comer <strong>sal\u00edamos a cazar piches o alg\u00fan avestruz<\/strong> porque a veces no mandaban la mercader\u00eda.<\/p>\n<p>Patricia, hija de una de las hermanas Zerda, rompe el silencio en el que se mantuvo hasta el momento.<\/p>\n<p>\u2013 Algunas cosas no cambiaron, siguen como antes. Ellos siguen trabajando en negro y les siguen pagando poco (se refiere a Dalmiro). Y todo porque no conocen el valor de la plata. Hay quienes se aprovechan.<\/p>\n<p>Dalmiro dice que le pagan 100 pesos por d\u00eda por las changas que suele hacer en algunos campos.<\/p>\n<p>\u2013 <strong>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 cuando termin\u00f3 la pel\u00edcula? \u00bfJorge volvi\u00f3 al campo?<\/strong><\/p>\n<p>Dice N\u00e9lida:<\/p>\n<p>\u2013Antes de terminar el rodaje, pap\u00e1 y Jorge mantuvieron una charla. <strong>Recuerdo que pap\u00e1 le pidi\u00f3 dos cosas: un par de motosierras para alivianar su trabajo con el hacha y una casa de material, para mam\u00e1 y nosotros<\/strong>. Le dijo \u2018Jorge, si alguna vez falto quiero un lugar seguro para mi familia\u2019.<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3?<\/strong><br \/>\n\u2013 Jorge le dijo que s\u00ed. Las motosierras llegaron al tiempo.<\/p>\n<p>En 1978,<strong> Prelor\u00e1n exhibi\u00f3 el film en un lugar de California y entre los presentes se encontraba uno de los propietarios de la firma McCullock Corporation, de Los \u00c1ngeles, fabricante de motosierras.<\/strong> Conmovido por la historia de la familia de Sixto Zerda, el hombre se acerc\u00f3 al director y dijo que quer\u00eda donarle un par de herramientas, lo que se concret\u00f3 semanas despu\u00e9s.<br \/>\nPor pedido de Prelor\u00e1n, <strong>Rub\u00e9n Evangelista<\/strong> viaj\u00f3 a Buenos Aires, a buscar la donaci\u00f3n, donde la firma \u201cJusto\u201d, representante McCullock en el pa\u00eds, le entreg\u00f3 dos m\u00e1quinas modelo <strong>\u201cPro Mac 700\u201d<\/strong>. De regreso en Santa Rosa, el m\u00fasico se las llev\u00f3 a Zerda, a quien se las entreg\u00f3 previa muestra y pr\u00e1ctica de uso.<\/p>\n<p>\u2013<strong> \u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3 con la casa?<\/strong><br \/>\n\u2013 La casa\u2026 bueno\u2026 nunca lleg\u00f3.<\/p>\n<p><strong>\u2013 \u00bfSaben cuando muri\u00f3 su padre?<\/strong><br \/>\n\u2013No.<br \/>\n\u2013No.<br \/>\n\u2013No.<br \/>\n\u2013No.<br \/>\n\u2013No.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>Volvamos a la foto.<strong> Tres ni\u00f1os y cuatro ni\u00f1as, algunos de pie, otros sentados sobre troncos, el toldo familiar de fondo. Los zapatos agujereados, los pantalones ra\u00eddos en las rodillas, la carita sucia de Delia, la m\u00e1s peque\u00f1a. Si uno no supiera que fue tomada en 1970, bien podr\u00eda pensarse que es anterior. Solo tres ni\u00f1os est\u00e1n mirando al autor de la imagen. \u00bfLos otros a qui\u00e9n miran? \u00bfA Cazenave? Es probable. La ni\u00f1a que se lleva el pu\u00f1o a la boca parece no estar mirando a ninguno de los fot\u00f3grafos \u00bfQu\u00e9 estar\u00e1 pensando? \u00bfAd\u00f3nde est\u00e1 la potencia de la foto? \u00bfQu\u00e9 es lo que emocion\u00f3 a Prelor\u00e1n? \u00bfQu\u00e9 es lo que sigue conmoviendo a los pampeanos?<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_6045\" style=\"width: 861px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-6045\" class=\"wp-image-6045 size-full\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8.jpg\" alt=\"\" width=\"851\" height=\"565\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8.jpg 851w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8-300x199.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8-768x510.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8-585x388.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde8-263x175.jpg 263w\" sizes=\"(max-width: 851px) 100vw, 851px\" \/><p id=\"caption-attachment-6045\" class=\"wp-caption-text\">Despu\u00e9s de pasaron por bares citadinos y bohemios, el cuadro de los hermanos permanece en la casa de Teresa P\u00e9rez.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLo distintivo es su profunda humanidad, la expresi\u00f3n directa, sin artificios, sin pretensiones de enga\u00f1o. Las personas y sus circunstancias. <strong>La imagen captura una gama amplia de las emociones humanas: la seriedad\/preocupaci\u00f3n del adulto, la aparente indiferencia de algunos ni\u00f1os y la curiosidad y alegr\u00eda de otros<\/strong>, en el entorno natural de cruda pobreza en que viv\u00eda la familia Zerda\u201d, argumenta<strong> Guillermo L\u00f3pez Castro<\/strong>, jefe del Departamento Archivo Hist\u00f3rico Provincial.<br \/>\nPara<strong> Rub\u00e9n Evangelista<\/strong>, m\u00fasico y asistente en el rodaje, la foto fue como descubrir un espejo oculto en la puerta de un ropero: \u201cMuestra la pauperizaci\u00f3n de la vida de algunos pampeanos. <strong>En la ciudad, no pens\u00e1bamos que hab\u00eda gente viviendo en una condici\u00f3n tan aberrante<\/strong>. Era una realidad tan dura que nadie pod\u00eda evitar mirarla\u201d.<br \/>\n<strong>Milton Fern\u00e1ndez<\/strong>, reportero gr\u00e1fico del diario <strong>La Arena<\/strong>, qued\u00f3 tan hipnotizado con la mirada de Zerda que lleg\u00f3 a hacerse una remera.<strong> \u201cLa tr\u00e1gica belleza de esta imagen, la de los hijos, me persigue desde su aspecto t\u00e9cnico, ese chisme de que no fuera sacada por un fot\u00f3grafo profesional\u00bb<\/strong>, dice. \u00abSon de esas fotograf\u00edas que despiertan interrogantes y me siento dichoso de haberme topado con ella en mis albores como fot\u00f3grafo\u201d.<br \/>\nEl m\u00fasico<strong> Roberto Yacomuzzi<\/strong>\u00a0encontr\u00f3 la potencia del retrato en el brillo de los ojos: \u201cNo es un brillo de felicidad y es impactante que en un solo enfoque se haya concentrado una dimensi\u00f3n tan extraordinaria, lo que era su vida\u201d.<br \/>\n<strong>Walter Cazenave<\/strong> simplifica y cierra el asunto:<strong> \u201cLa clave est\u00e1 en las miradas de los ni\u00f1os, que van de la ingenuidad al dolor. Eso hace del retrato una foto \u00fanica e inolvidable\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-6046\" src=\"http:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9.jpg\" alt=\"\" width=\"965\" height=\"641\" srcset=\"https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9.jpg 965w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9-300x199.jpg 300w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9-768x510.jpg 768w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9-585x389.jpg 585w, https:\/\/diariotextual.com\/inicio\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/zerdaloshijosde9-263x175.jpg 263w\" sizes=\"(max-width: 965px) 100vw, 965px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1974 el documentalista Jorge Prelor\u00e1n se deslumbr\u00f3 ante un retrato e hizo una pel\u00edcula. 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