Feministas de Santa Rosa cuestionaron «enérgicamente» la decisión de la Dirección de Políticas de Género y Diversidad de la Municipalidad de Santa Rosa de crear una nueva línea de atención a “los hombres que ejercen violencia o identifican conductas que pueden derivar en situaciones violentas» hacia mujeres y diversidades sexuales. Dijeron que esa decisión no fue consensuada con las organizaciones, expresaron que no es priorirdad y manifestaron que, antes, se deberían atender los numerosos casos de violencia de género donde hay que contener y asesorar a la mujer, lesbiana, trans, travesti y no binarie.
El comunicado, firmado por unas 70 feministas, es el siguiente:
Este comunicado se realiza de forma colaborativa por diferentes mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries que trabajan en el territorio y principalmente por víctimas de violencia de género.
Feministas de Santa Rosa repudian enérgicamente la política pública implementada por la Dirección de Políticas de Género y Diversidad de la Municipalidad de Santa Rosa con respecto a la creación de una nueva línea de atención a “los hombres que ejercen violencia o identifican conductas que pueden derivar en situaciones violentas hacia mujeres y diversidades sexuales” no consensuada con organizaciones.
Se tiene conocimiento de que, antes de llegar al femicidio o travesticidio, el varón recurre a mecanismos de tortura para que la mujer, lesbiana, travesti, trans y no binaries se someta a sus designios y después utiliza el arrepentimiento para manipularla y continuar en la relación violenta.
Las torturas se asemejan a las sufridas por víctimas de la dictadura militar, como por ejemplo la utilización de picanas, objetos comestibles en las vaginas, violaciones sucesivas, extorción a través de la amenaza de muerte a lxs hijxs y torturas hacia ellxs, quema de pezones con cigarrillos, quema de la cara, el cuerpo y, como podemos recordar, Purreta torturaba a su propio hijo ahogándolo en un balde para obligar a Andrea López a mantenerse en situación de prostitución y el niño fue testigo del femicidio.
Se sabe que los varones que quieren deconstruirse son pocos en general, y la población disminuye mucho más, aún en los golpeadores.
Después de violentar, nada en los varones se ve entorpecido en su rutina, ni su trabajo, ni su morada, ni sus vínculos; o sea, que pueden acceder tranquilamente a cualquier centro de salud de la ciudad a hacer un tratamiento ante, la poco probable, toma de conciencia de su propia violencia hacia mujeres, lesbianas, travestis y trans.
Las mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries, después de ser violentadas, cambian su rutina, su trabajo, sus vínculos ya que sufren pánico, angustia, anemia, problemas de alimentación, fobias, ataques de ansiedad, miedos, y un sin número de secuelas que sí tienen que ser atendidas y abordadas.
Las feministas que firman este comunicado, manifestaron, que crear una nueva línea para atención a varones violentos sin ampliar la planta de profesionales no es prioritario, ya que hay muchísimos casos urgentes de violencia de género donde hay que contener y asesorar a la mujer, lesbiana, trans, travesti y no binarie.
El planteo que se hace en la ciudad y en todo el país, es que el presupuesto no es suficiente para contener a las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries por la violencia ocasionada por los varones; en Santa Rosa, en particular, no existe un Hogar de Medio Camino, tampoco un Centro de día de Contención, la contención es mínima y casi nula y ni siquiera hay gente capacitada atendiendo en el 144 a nivel nacional.
La ineficiencia por parte de los dispositivos del Estado se ve, cuando el 80% de los femicidios le ocurrieron a mujeres, lesbianas, trans y travestis que recurrieron alguna vez en busca de ayuda al Estado.
La ley 26485, en “uno de los ítems de un artículo”, plantea Programas de reeducación destinados a los hombres.
La feministas abajo firmantes, expresan estar de acuerdo con que se den herramientas para la deconstrucción de los varones y que, para esto, se hagan campañas de prevención serias, talleres, conversatorios, capacitaciones a varones sobre nuevas masculinidades en niñes y adolescentes y público en general; pero no aceptan que se haga una política pública sostenida con respecto a la a atención de los varones violentos ya que, al cometer un delito, deben ser tratados psicológicamente en la cárcel como el resto de las personas que cometen delitos.
Los pocos recursos que existen en el Estado, deben ser destinados a la atención integral de mujeres, lesbianas, trans y travestis que son quienes sufren las secuelas de la violencia de género, si es que se sobrevive para contarlo.

