Desde temprano decenas de católicos se acercan a la capilla San Cayetano, de Santa Rosa, para pedir y agradecer al patrono del pan y el trabajo.
Tanto al pie de la imagen que está en uno de los laterales de la capilla, como adentro del templo la gente se acercó con una espiga de trigo en su mano para rendir tributo a San Cayetano.
La devoción por este santo se hizo popular a partir de la crisis de 1930, cuando ante la desesperación de los sectores obreros, el párroco Domingo Falgioni organizó una pastoral que impulsó la veneración del santo, que comenzó a ser el del pan y el trabajo.
Desde entonces se hizo tradición en el país la concurrencia masiva de trabajadores locales y de países limítrofes cada 7 de agosto a pedir o agradecer por el trabajo y sus intenciones particulares.


