Irán dio marcha atrás rápidamente en la reapertura del estrecho de Ormuz y volvió a imponer restricciones en la vía marítima crucial para el transporte de crudo este sábado, después de que Estados Unidos afirmara que no pondría fin a su bloqueo del transporte marítimo. Así, se eleva la tensión entre ambos países en medio de un alto el fuego que lleva varios días ya.
El mando militar conjunto del país manifestó que “el control del estrecho de Ormuz volvió a su estado anterior, bajo una estricta gestión y control de las fuerzas armadas”. Advirtió además que seguirá prohibiendo el tránsito por el paso mientras continúe el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes.
Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Saed Khatibzadeh, dijo que “los estadounidenses no pueden imponer su voluntad y poner bajo sitio a Irán mientras Irán, con buenas intenciones, intenta facilitar el paso seguro por el estrecho de Ormuz”.
El funcionario, en diálogo con periodistas en Turquía, añadió que no hay fecha fijada para la próxima ronda de conversaciones entre Irán y Estados Unidos, cuyo presidente, dijo “tuitea y habla mucho”.
El anuncio del cierre del paso marítimo se produjo luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegurara que, incluso después de la reapertura del estrecho, el bloqueo estadounidense “se mantendrá plenamente en vigor” hasta que Teherán alcance un acuerdo con Washington, también sobre su programa nuclear.
Irán cumplió con su advertencia. Y es que el viernes el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf había indicado que el régimen iba a volver a cerrar el estrecho si Estados Unidos continuaba con el bloqueo de los puertos iraníes. “Si el bloqueo continúa, el estrecho de Ormuz no permanecerá abierto”, escribió en X.
Además, el esquema que se había establecido para la apertura reflejaba un delicado equilibrio: permitir el flujo comercial para aliviar tensiones internacionales sin resignar el control estratégico de uno de los pasos marítimos más sensibles del mundo. En ese sentido, la reapertura no implicaba una normalización plena, sino una flexibilización condicionada.


