Un grupo inversor que figura como accionista y acreedor del Frigorífico Pico, paralizado desde hace casi medio año, comunicó que “busca sostener la planta” para continuar la producción y garantizar la fuente de trabajo y, al mismo tiempo, dejó al descubierto lo que consideraron graves falencias en la conducción y la relación con los socios por parte de la familia Lowenstein. Se trata de LTF Argentina, que viene aportando capital desde 2022 en el frigorífico.
Precisamente, hace poco más de un mes, Ernesto “Tito” Lowenstein y Alan Lowenstein, presidente y vicepresidente de Frigorífico General Pico S.A. -que controla, además de la planta piquense, al Frigorífico Trenel– anunciaron que fracasaron las negociaciones para la venta o alquiler y comunicaron que, en medio de las deudas a proveedores y el despido de casi 200 empleados, se inició el proceso de concurso de acreedores. Desde la conducción de firma apuntaron a un grupo financiero que reviste en calidad de accionista y acreedor, al que acusaron de obstaculizar las alternativas. No lo nombraron, pero todos apuntaron a LTF.
Ahora LTF Argentina dio a conocer su posición, con duras críticas a los Lowenstein. En medio de la crisis que atraviesa el Frigorífico General Pico, comienza a consolidarse un dato clave: mientras la empresa quedó al borde del colapso bajo la conducción de la familia Lowenstein, inversores y accionistas que sostuvieron financieramente la operación impulsan ahora su continuidad para preservar más de 400 puestos de trabajo.
La compañía, actualmente en concurso preventivo, enfrenta una situación crítica que combina deuda millonaria, caída de la actividad y un fuerte conflicto interno. Sin embargo, lejos de retirarse, los actores que aportaron financiamiento en los últimos años buscan mantener la planta operativa en un contexto económico nacional complejo, donde cada fuente de empleo resulta estratégica.
El respaldo que sostuvo la operación
En un comunicado de prensa que publicó el portal Maracó Digital, revelaron que desde 2022, LTF Argentina viene asistiendo al frigorífico con financiamiento clave. “En 2024, ante pedidos del propio directorio encabezado por la familia Lowenstein, no solo amplió su apoyo sino que incluso capitalizó su crédito para evitar la paralización de la planta”, dijeron. “Ese respaldo permitió que el frigorífico operara a plena capacidad durante meses, aun cuando el contexto del sector ya mostraba señales de deterioro”, afirmaron.
“Hoy, en un escenario más adverso, la postura se mantiene: sostener la actividad, preservar los activos y evitar el cierre definitivo”, expresaron.
Decisiones sin información y manejo cerrado
“Sin embargo –relataron-, la crisis también dejó al descubierto fuertes cuestionamientos a la conducción de la empresa. Según consta en documentación societaria, la decisión de presentar a la compañía en concurso preventivo —una medida extrema— fue tomada por el directorio sin informar previamente a todos los accionistas, incluyendo a quienes poseen una participación significativa y venían sosteniendo financieramente la operación”.
“A esto se suma un dato aún más delicado: durante meses no se habrían presentado balances ni reportes contables actualizados, y los pedidos formales de información habrían sido respondidos de manera parcial o directamente ignorados”, denunciaron.
“En otras palabras, mientras la situación financiera se deterioraba, el flujo de información hacia los socios estaba restringido”, resaltaron.
La asamblea que profundizó el conflicto
Recientemente hubo una asamblea, donde se ratificó la presentación del concurso de acreedores. “La tensión quedó expuesta en la asamblea del 24 de abril, donde se ratificó la presentación en concurso. Allí, el directorio impulsado por la familia Lowenstein avanzó con una decisión controvertida: excluir del voto a los accionistas que cuestionaban la gestión, bajo el argumento de un supuesto conflicto de interés”, dijeron. “De este modo, la ratificación del concurso se realizó únicamente con los votos del propio bloque controlador”.
“A pesar de ese escenario, los inversores decidieron acompañar el proceso concursal para evitar un daño mayor, dejando en claro que su decisión apuntaba a preservar la empresa y no a convalidar la gestión que llevó a la crisis”, dijeron.
Una conducción bajo la lupa
“Mientras la familia Lowenstein atribuye la situación a factores macroeconómicos —suba de costos, dificultades de financiamiento y caída de precios internacionales—, dentro de la propia estructura societaria crecen las dudas sobre cómo se administró la empresa en los últimos meses”, sostuvieron.
“Falta de información, decisiones unilaterales y pérdida de confianza aparecen como elementos centrales de la discusión”, manifestaron.
“No es un dato menor: en paralelo, existen interesados en hacerse cargo de la operación, pero condicionan su participación a un cambio en la conducción”, resaltaron.
Sostener la producción en un contexto adverso
Dijeron que quieren reactivar la planta de Trenel. “Más allá del conflicto, el eje empieza a correrse hacia el futuro. En un contexto económico nacional donde la actividad productiva enfrenta múltiples desafíos, la posibilidad de mantener en funcionamiento un frigorífico de estas características es vista como una señal positiva”, dijeron.
“La continuidad de la planta no solo impacta en sus trabajadores directos, sino también en toda la cadena de valor vinculada a la actividad”, sostuvieron.


