Una pareja de argentinos que vive en Italia desmintió uno de los mitos más difundidos entre quienes sueñan con emigrar: las casas que algunos municipios ofrecen por un euro no representan una oportunidad tan simple ni económica como suele mostrarse en las redes sociales. Aunque el programa existe, acceder a una de esas propiedades implica afrontar importantes gastos, cumplir estrictas condiciones y, además, encontrar una vivienda disponible.
Se trata de Eduardo Coronel y Noeli Forciniti, una pareja rosarina radicada en Calabria, que decidió investigar desde adentro cómo funciona el sistema. “Las oportunidades existen, pero están muy lejos de lo que suelen mostrar los titulares virales”, dijeron después de recorrer distintos pueblos y analizar los programas vigentes.
“Si alguien piensa que va a comprar una casa por un euro, mudarse al día siguiente y comenzar una nueva vida sin gastar dinero, eso no existe ni va a existir”, resumió Eduardo.
El programa de las casas por un euro nació en 2015 como una estrategia para frenar la despoblación de pequeños pueblos, principalmente en el sur de Italia. El mecanismo consiste en que los propietarios de inmuebles abandonados los cedan al municipio, que luego los ofrece por un valor simbólico.
Cada vez quedan menos casas
Uno de los casos más conocidos fue Aieta, una localidad calabresa de unos 700 habitantes. “Acá hubo casas que se vendieron a un euro. ¿Por qué digo hubo? Porque fue en el pasado, ahora no hay más. Con la masividad de las redes sociales, cuando la gente se fue enterando, se fueron esfumando muy rápido las casas a un euro. Entonces hoy es muy difícil encontrarlas. Están agotadas”, explicó Eduardo en declaraciones a Infobae.
Según indicó, actualmente las oportunidades aparecen de manera esporádica. Incluso puede ocurrir que un municipio publique propiedades un año y luego no vuelva a hacerlo durante mucho tiempo. Por ese motivo, recomendó seguir de cerca las publicaciones oficiales de cada comuna y tener paciencia.
Durante la recorrida por Aieta, la pareja encontró numerosas viviendas deshabitadas, pero aclaró que eso no significa que puedan incorporarse automáticamente al programa. Para que una propiedad sea ofrecida, es indispensable que el propietario o sus herederos acepten cederla al municipio.
Los costos ocultos
Noeli explicó que el verdadero desembolso comienza después de la compra. Según contó, la remodelación de una de estas viviendas demanda una inversión mínima de 100.000 euros.
A ese monto deben sumarse trámites administrativos, proyectos de obra, permisos municipales y depósitos de garantía que oscilan entre 5.000 y 10.000 euros.
“Esos montos te los exigen en concepto de caución. Te los devuelven cuando cumplís con todo el plan de renovación. Pero si no llegás a cumplirlo, se los quedan. Te dan un plazo de tres años para terminar la obra”, explicó.
Además, los compradores no tienen libertad absoluta para reformar la vivienda. Eduardo señaló que, en muchos casos, los proyectos deben ser aprobados por la comuna y recordó que algunas obras fueron suspendidas tras el hallazgo de elementos de valor histórico en las construcciones.


