Por Norberto G. Asquini
Después del Mundial, el peronismo pampeano se despereza. Es tiempo de apurar y esta semana algunos comenzaron a mostrarse, única forma de llegar lo mejor parados a la discusión que vale para 2027. Algunos avisaron de sus intenciones o trataron de condicionar. Mientras tanto, el gobernador Sergio Ziliotto maneja los tiempos y espera, convertido por todos en uno de los principales electores.
Primero fue la presentación de las afiliaciones de Fuerza Pampa, la herramienta de presión del intendente de Santa Rosa, Luciano Di Nápoli, para forzar que lo elijan candidato a gobernador o que pueda jugar una interna en el PJ. Algunos consultados también piensan que es su plan B, ya que no le darían los números para disputar una interna. Después fue la foto de Carlos Verna con la vicegobernadora Alicia Mayoral, una muestra pública del exmandatario que siempre dispara incógnitas con múltiples mensajes. Cada uno descifra lo que quiere. También el precandidato a intendente de Santa Rosa por La Cámpora intentó meter la cabeza con alguna salida. Y Convergencia empezó también a buscar los medios y sus diputados arman charlas en el interior para promover sus proyectos. En los próximos días habrá más novedades.
Por supuesto que algunas de estas salidas públicas no son solo para posicionarse sino, como dijimos, para enviar mensajes o condicionar acciones. De hecho, periodistas y dirigentes especularon si no hay un acuerdo entre el vernismo y Di Nápoli, si bien los alcances difieren según cada interpretación, y que la intención de Fuerza Pampa es un intento por cercar al gobernador Ziliotto.
Entre tanto ruido, Ziliotto maneja los tiempos. No hay reacción, aunque algunos dardos estén dirigidos a su persona sin mencionarlo. Su silencio, vamos a sostener esta tesis, no solo se debe a su estrategia de centrarse en la gestión y evitar cualquier confrontación política interna. También va en línea con la centralidad que tiene en el peronismo, y cada demostración de los otros sectores lo vuelve a colocar como determinante en la discusión pensando en 2027. Porque cualquier decisión que se tome va a pasar por su escritorio, más o menos consensuada. No se le pueden imponer nombres o condiciones a un gobernador al que se necesita para la campaña -e incluso para una candidatura nacional que deje al PJ cerca de una victoria anticipada- y que cuenta con una importante imagen positiva luego de siete años de gobierno, en tiempos libertarios de motosierra, y que en 2025 ganó una difícil elección legislativa poniéndose al frente de la campaña sin el apoyo de Verna ni de Di Nápoli.
Estas demostraciones de los sectores internos también tienen pros y contras. Por un lado, dan cuenta de qué tiene cada dirigente o sector para negociar, y también de sus déficits. En estrategia política, los que salen temprano a plantar banderas son los que necesitan posicionarse porque están más débiles para negociar espacios. Lo que también acarrea otro problema: los tempraneros se pueden quedar sin nafta. Por otro lado, estas salidas muestran a un peronismo activo que, más allá de la competencia interna, de las presiones o de las amenazas de ruptura de algunos dirigentes, levanta volumen político en La Pampa frente a los silencios de una oposición cuya suerte parece atada a lo que ocurra con el presidente Javier Milei.

