El presidente Javier Milei oficializó un cambio en uno de los feriados más representativos del calendario oficial. El 12 de octubre dejará de denominarse “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” y volverá a figurar como “Día de la Raza”, una denominación que había sido reemplazada en 2010 durante el gobierno de Cristina Kirchner.
El cambio de denominación representa una modificación en la forma en que el Estado argentino presenta oficialmente la fecha. Hasta ahora, el 12 de octubre era identificado como el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, una denominación establecida a partir del Decreto 1584/2010.
Aquella modificación buscó dejar atrás el concepto de “raza” aplicado a los pueblos y promover una mirada vinculada con la diversidad cultural, el reconocimiento de los pueblos originarios y el diálogo intercultural.
Con la nueva decisión del Gobierno nacional, el feriado recupera el nombre de Día de la Raza, utilizado históricamente para conmemorar el desembarco de Cristóbal Colón en América en 1492.
El cambio de nombre no modifica la condición del feriado ni el descanso previsto para octubre. El próximo 12 de octubre de 2026 caerá lunes, por lo que los argentinos tendrán un fin de semana largo de tres días.
Qué decía la norma
El antecedente del actual cambio se encuentra en 2010, cuando el Poder Ejecutivo modificó la denominación de la fecha a través del Decreto 1584/10. Desde ese momento, el tradicional Día de la Raza pasó a llamarse Día del Respeto a la Diversidad Cultural.
El objetivo de aquella modificación fue incorporar una perspectiva que contemplara la diversidad de las culturas existentes en el territorio argentino y el reconocimiento histórico de los pueblos originarios.
Ya durante el primer año de la gestión libertaria, las cuentas oficiales del Ejecutivo en redes sociales habían anticipado esta línea conceptual al reivindicar la fecha como la conmemoración de “la llegada de Cristóbal Colón a América, un hito que marcó el inicio de la civilización en el continente americano”.
La decisión oficial fue repudiada de inmediato por diversos sectores sociales y académicos, que interpretaron la medida como “un retroceso en materia de derechos” y “un gesto de negacionismo” frente a la matriz pluri y multicultural que compone la identidad argentina.



