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El ajuste a la ciencia: no le renovaron la beca y peligran sus investigaciones sobre trastornos neurológicos

24 de agosto de 2026
El ajuste a la ciencia: no le renovaron la beca y peligran sus investigaciones sobre trastornos neurológicos

La finalización de su beca posdoctoral dejó al investigador del Conicet Facundo Chrestia sin continuidad laboral dentro del organismo y puso en riesgo el desarrollo de una carrera científica que construyó durante una década. Su caso forma parte de un grupo de alrededor de 400 investigadores que quedaron en la misma situación luego de que este año no se prorrogara la beca mientras todavía aguardaban los resultados de su ingreso a la carrera científica.

Chrestia explicó en Radio Textual (por Radio Kermés) que su beca no fue formalmente “cortada”, sino que llegó a su fecha de finalización, el 31 de julio. El problema, según relató, es que en años anteriores el Conicet otorgaba una extensión cuando todavía no estaba resuelto el ingreso a la carrera de investigador, justamente para evitar que los científicos quedaran sin trabajo mientras esperaban una definición. Esta vez esa continuidad no se produjo.





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“Somos 400 que nos hemos quedado sin esa posibilidad de continuar investigando. Desde el 31 de julio estamos sin trabajo, por lo menos en Conicet”, señaló Chrestia.

El investigador trabaja en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca, de doble dependencia entre el Conicet y la Universidad Nacional del Sur. Allí integra un grupo especializado en el estudio del receptor nicotínico alfa-7, una proteína de las neuronas vinculada con procesos de memoria, cognición y aprendizaje.

Su investigación forma parte de una línea de ciencia básica que puede tener impacto futuro en el estudio de enfermedades y trastornos neurológicos. Chrestia explicó que el receptor que estudian presenta alteraciones en patologías como el Alzheimer, la esquizofrenia y algunos trastornos del espectro autista. Aclaró, sin embargo, que su trabajo no busca una cura directa para esas enfermedades, sino comprender mecanismos que eventualmente puedan contribuir a mejorar determinados síntomas.





El investigador remarcó que se trata de una primera etapa dentro de un proceso científico mucho más largo. Su grupo trabaja con células aisladas y estudia el funcionamiento del receptor en condiciones controladas. Si los resultados son prometedores, posteriormente pueden dar lugar a investigaciones en modelos animales y, eventualmente, a estudios que permitan pensar en aplicaciones para seres humanos.

“Es el primer paso donde se prueban las cosas”, explicó Chrestia al describir el camino que une la ciencia básica con investigaciones de mayor aplicación.

El problema ahora es que la pérdida de la beca no significa solamente una reducción de ingresos. También implica menos tiempo disponible para investigar y, por lo tanto, un avance mucho más lento de los proyectos científicos.

Chrestia logró anticiparse parcialmente al escenario y concursó por cargos docentes en la Universidad Nacional del Sur. Actualmente tiene un cargo semi-exclusivo que le permite dedicar diez horas semanales a la investigación y otras diez a la docencia. Además, está concursando por nuevos cargos para poder sostenerse económicamente.

Pero la situación implica un cambio profundo respecto de su actividad anterior. “No puedo seguir haciendo lo que venía haciendo, que era investigación full time”, explicó.

El caso también muestra cómo el ajuste afecta a una estructura científica que requiere años de formación. Chrestia explicó que el recorrido comienza con una carrera universitaria, continúa con un doctorado de aproximadamente cinco años, sigue con una beca posdoctoral y finalmente aparece el concurso para ingresar a la carrera de investigador.

En cada etapa se produce un cuello de botella. Según detalló, en años normales se otorgaban entre 1.600 y 2.000 becas doctorales por año. Luego, entre 800 y 1.200 becas posdoctorales, y finalmente entre 400 y 600 investigadores podían acceder a la carrera científica.

Ese camino, que ya era competitivo y exigente, ahora enfrenta una reducción de oportunidades. Chrestia sostuvo que las convocatorias para ingresar a la carrera correspondientes a 2024 y 2025 no se realizaron y que la convocatoria que había comenzado durante el gobierno anterior recién terminó de evaluarse en 2025.

En su propio caso, la incertidumbre puede extenderse durante dos años. Según explicó, la evaluación para su ingreso a la carrera que presentó recién sería comunicada, de acuerdo con lo que les informaron, entre 2027 y 2028. Mientras tanto, ya quedó sin su beca posdoctoral.

“Me están dejando dos años sin nada”, resumió.

El impacto no se limita a quienes ya están dentro del sistema. Chrestia advierte que las nuevas generaciones también comienzan a tomar decisiones a partir de este escenario. Como docente, contó que invita a estudiantes a conocer el laboratorio, se entusiasman con la investigación y luego, cuando llega el momento de postularse a una beca, muchos prefieren no hacerlo porque consideran demasiado riesgosa la carrera científica.

La consecuencia puede ser una pérdida progresiva de recursos humanos formados durante años. Chrestia conoce investigadores que decidieron emigrar, otros que abandonaron el sistema científico y también colegas que intentan permanecer combinando investigación con otros trabajos.

“Si uno tiene que tomar la mejor decisión en su carrera científica, lamentablemente hoy es irte”, sostuvo al referirse a quienes decidieron continuar su carrera en el exterior.

Otros, en cambio, permanecen pero deben reducir drásticamente el tiempo que pueden dedicar a investigar. En su propio laboratorio hay colegas que quedaron con cargos docentes simples y están buscando trabajos por fuera de la actividad científica.

Para Chrestia, el problema excede la discusión salarial. Después de diez años de especialización, volver al mercado laboral tradicional tampoco resulta sencillo. Es bioquímico de formación, pero su especialización científica lo llevó hacia un campo muy específico.

“Hace diez años que estoy haciendo esto y soy bueno en esto”, explicó. Volver a ejercer como bioquímico en un hospital o laboratorio implicaría prácticamente comenzar nuevamente una formación que dejó atrás hace una década.

Su historia sintetiza así una de las consecuencias menos visibles del ajuste sobre el sistema científico: no se trata solamente de laboratorios que reciben menos recursos o de proyectos que avanzan más lentamente. También son investigadores formados durante años que deben abandonar la actividad, emigrar o multiplicar sus trabajos para poder continuar.

En el caso de Chrestia, la investigación no se detuvo completamente. Continúa trabajando en nuevos proyectos y publicaciones, pero con una disponibilidad horaria muy inferior a la que tenía cuando podía dedicarse de lleno a la ciencia. “No es lo mismo dedicarse 100% a eso que no hacerlo 100%”, explicó.






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