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De “Tirria” a “El hombre de al lado”: Spregelburd llega a La Pampa y habla de teatro, cine y arquitectura

10 de septiembre de 2026
De “Tirria” a “El hombre de al lado”: Spregelburd llega a La Pampa y habla de teatro, cine y arquitectura

El actor y dramaturgo Rafael Spregelburd llega a La Pampa con “Tirria”, la comedia negra que comparte con Diego Capusotto y que desnuda, a través del grotesco y el absurdo, la decadencia de una familia de la elite argentina. Este jueves 10 de septiembre, desde las 20.30, se presenta en Espacio Médano, en General Pico, y el viernes 11, desde las 21, en el Teatro Español, en Santa Rosa. Ayer, además, el actor también participó de un cine debate organizado por el Colegio de Arquitectos de La Pampa, con la proyección de la película “La casa de al lado”.

“Tirria” no se limita a burlarse de la burguesía: también apunta a quienes consumen, sostienen y reproducen su mundo de apariencias, privilegios y obsesión por pertenecer.

Retrata la decadencia de los Sobrado Alvear, una tradicional familia aristocrática argentina venida a menos. Cada verano, los integrantes del clan fingen viajar a Europa para sostener las apariencias, aunque en realidad permanecen ocultos en su mansión, sobreviviendo apenas a base de arroz con leche.

El único que conoce el secreto familiar es Hilario, el fiel criado interpretado por Diego Capusotto, quien parece dispuesto a todo con tal de preservar el honor de la casa. A partir de allí, la obra despliega un juego de tensiones donde los límites entre dependencia, manipulación y lealtad comienzan a desdibujarse.

“Tirria es una comedia negra, haciendo un juego de palabras con las comedias de teléfono blanco del cine de la época de oro argentino”, dijo Spregelburd a Diario Textual. “Está escrita por Nancy Giampaolo y Lucas Nine. Lucas Nine es un gran dibujante, un ilustrador extraordinario, historietista, y realmente lo que tiene de singular esta escritura es que los personajes están tratados desde el grotesco, como si fueran verdaderamente plumazos de tinta china negra sobre el papel. Entonces tiene una impronta muy inusual para la literatura dramática reciente. A mí me parece muy singular y, además, está hecha a la medida para que le calce como un guante a Diego Capusotto, que es un poco el alma de toda la obra”, dijo.





Bajo la dirección de Carlos Branca, con texto de Lucas Nine y Nancy Giampaolo y producción de Damián Sequeira, la pieza cuenta, además de Capusotto, con las actuaciones de Andrea Politti y Rafael Spregelburd, acompañados por Juano Arana, Evelyn Herberg (quien reemplaza en esta ocasión a Eva Capusotto), Galo Politti y Daniel Berbedés.

-¿Hay algún rasgo de estos personajes que reconozcas en la Argentina actual?

-Sí, porque parece ser una caricatura de la impostura. La oligarquía argentina que se representa acá es esta oligarquía medio bruta, que impidió que el país, formalmente y por conveniencia económica, se industrializara y se pusiera a la altura. También por eso están en la ruina. Porque todas sus elecciones son mediocres y muy vulgares. Yo creo que es una crítica feroz a la burguesía, pero hay algo más interesante que eso: es una crítica a los espectadores de esa burguesía. Y el principal espectador es el propio desclasado del mayordomo. Que es quien, para poder existir y para tener a quién servir, necesita que esa oligarquía se siga mintiendo. Y creo que ahí es donde la obra se torna mucho más interesante, porque la verdad es que burlarse de la burguesía es fácil y cómodo, pero me parece que lo más complicado es cuando se ve que esa burguesía monta un espectáculo de sí misma, del que todos somos consumidores.

-¿Es tu primera experiencia teatral con Diego Capusotto o ya habías trabajado con él?

-Primera vez, sí. Yo lo conozco muy bien porque soy un consumidor adicto de todo lo que él crea y propone como lenguaje. Y él me conocía. Esto fue una sorpresa para mí porque ha visto todas mis obras y, bueno, el encuentro fue un placer de principio a fin. Él es un actor gracioso arriba y abajo del escenario, un gran compañero, y también tenía muchas ganas de hacer teatro. Imaginate que él ha generado todo su lenguaje y toda la riqueza de su lenguaje a partir de los medios audiovisuales, ¿no? Desde la televisión, en principio esta televisión tan alternativa que empezó con Cha Cha Cha, De la Cabeza, Peter Capusotto y sus videos, y se convirtió, según creo yo -no estoy exagerando-, en patrimonio del imaginario argentino. Pero había hecho, en contraparte, muy poco teatro. Hizo teatro, por supuesto, con las expresiones de Cha Cha Cha, Qué noche Bariloche, todas estas cosas que hacían cuando llevaban esos espectáculos teatralizados. Pero lo que sería teatro formal ha hecho poco y siempre le tuvo muchas ganas. Me parece que hizo bien en apostar y en que le crearan una obra tan a su medida.

Otros proyectos

Además de Tirria, tiene otros proyectos tanto en Argentina como en Italia, donde vive buena parte del año. “Ando en muchas cosas al mismo tiempo. Estoy con una obra que estrené para el Mundial de Fútbol, un monólogo -o más que un monólogo diría que es un concierto- que se llama Diego Armando Prometeo, donde cuento el mito de Maradona como si fuera el mito de Prometeo, o al revés, el mito de Prometeo como si fuera el Diego. Lo hago junto con el músico Nicolás Varchausky. Es un espectáculo que escribí hace tres años para ser estrenado en el Carnaval de Nápoles y la verdad es que nunca había pensado en encarnarlo yo mismo. Fue un trabajo por encargo, pero justo se abrió una brecha durante el Mundial y ahí lo encaramos. Lo hicimos en julio en el Centro Cultural Borges y, cuando puedo, lo vuelvo a hacer. Ahora voy a estar de viaje en Montevideo, el 22 de septiembre, en el Festival La Cretina. Mientras tanto, yo dirijo una compañía en Italia, estoy escribiendo para ellos y ahora me toca viajar en octubre. Luego el estreno va a ser en febrero, así que, entre varios viajes, vamos pariendo estos ensayos, un poco a la distancia y un poco presenciales, para estrenar en la ciudad de Udine”, dijo.

-¿Qué vas a estrenar ahí en Italia?

-Una obra mía que se llama “La Forza Debole”. La hacemos, obviamente, en italiano con una compañía italiana, se llama Collettivo L’Amalgama, y es una coproducción de los teatros públicos de Údine, Trieste, Bolzano y Catanzaro. Así que voy a estar prácticamente dos meses girando con la obra. Yo hace bastante que estoy casi radicado en Italia y produzco una o dos obras al año allá.

Arquitectura

También participó el miércoles de una actividad organizada por arquitectos. El Paseo Marinelli – Cine Amadeus fue escenario de un encuentro que reunió a profesionales de la arquitectura y alumnos de la Epet 1, en una propuesta que buscó ampliar la mirada sobre la disciplina a través del cine, la cultura y las distintas formas de habitar los espacios.

Como introducción a la jornada, el Colegio de Arquitectos compartió un video enviado especialmente por Andrés Duprat, guionista de “El hombre de al lado”, quien relató cómo surgió el guion de la película y compartió algunas de las ideas que dieron origen a la historia.

A continuación, se proyectó “El hombre de al lado”, película dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y rodada en la emblemática Casa Curutchet, obra del reconocido arquitecto Le Corbusier en la ciudad de La Plata.

Luego de la proyección, Rafael Spregelburd, uno de los protagonistas del film, compartió con los presentes detalles y anécdotas vinculadas al rodaje, aportando una mirada desde su experiencia como actor y participante de la película. El intercambio fue moderado por el arquitecto Ramiro Zamora, quien llevó adelante un diálogo mano a mano con el actor a partir de una serie de preguntas que permitieron conocer aspectos particulares del proceso de filmación y recuperar situaciones detrás de escena que enriquecieron la experiencia del público.

Durante la charla también hubo espacio para detenerse en la Casa Curutchet, su particular configuración espacial y las características que hicieron de esta obra un escenario fundamental para la película. La conversación permitió abordar la relación entre arquitectura y cine desde una perspectiva diferente, poniendo en valor cómo los espacios pueden adquirir nuevos significados cuando son habitados, filmados y narrados.

“La película tiene ya casi unos 20 años. Además, fue remasterizada y a mí, en su momento, en el estreno, me tocó acompañarla bastante a distintos festivales y por distintos países. Y en su momento ya se veía que era un clásico moderno. Y ahora, con los años, se verifica esa impronta”, dijo Spregelburd.

“A mí me ha tocado, por ejemplo, presentarla varias veces en colegios, y lo interesante es ver cómo la miran las próximas generaciones. Generaciones que realmente tienen a veces muy poca información, no solo sobre el modernismo sino también sobre la película en sí o su recorrido. Siempre es un placer volver a tocar esos temas y a verla, sobre todo con público nuevo, gente que no la ha visto y que se sorprende de su clásica eficacia. Es una película muy perturbadora para mí”, resaltó.

“Se enfrenta a dos personajes muy distintos: un diseñador de clase alta, bastante snob, con un gusto cultural muy determinado, y el otro es un grasa que también tiene mucho dinero porque tiene una camioneta, pero su problema es cultural”, dijo. “Entre ellos, la brecha es el mal gusto o el buen gusto, siempre definido desde arriba hacia abajo y nunca al revés. Entonces, cuando este hombre quiere hacerle una ventana en la paradigmática Casa Curutchet, nada más ni nada menos”.

“La casa es Patrimonio de la Humanidad y es la única obra construida por Le Corbusier en Latinoamérica. No es un tema menor porque yo investigué mucho para la película, además porque me gusta mucho la arquitectura y supe tener también un programa de arquitectura en televisión, Maestros del Espacio, en el canal Encuentro”, dijo.

“Me gusta mucho la película porque, junto con el argumento, se desgajan casi todos los lugares en los que la modernidad fracasó, y por eso digo que es un filme muy perturbador”, dijo.

-En esta casa, particularmente, hubo muchos conflictos administrativos para la construcción.

-Sí. De hecho, el arquitecto que tenía que hacerla, que era el increíble Amancio Williams, lo echaron. El dueño de la casa se cansó y terminó contratando a dos ingenieros. Le Corbusier mandó los planos de la casa sin hacer un solo cálculo. Dijo: “Háganse cargo”. Y el jefe de obra acá iba a ser Williams, un arquitecto exquisito. De hecho, es uno de los arquitectos argentinos más estudiados internacionalmente, sobre todo porque tiene muy poca obra construida. Jamás llegó a construir muchas de sus grandes ideas porque la inestabilidad política en la Argentina era tal que cada cambio de gobierno hacía que sus proyectos fueran abandonados. Y en esta casa, el invento es cómo resolvemos los modelos del modernismo, del cual se podría hablar muchísimo, de sus principales conceptos para la construcción arquitectónica, pero sobre todo dónde esos modelos empiezan. Por ejemplo, Le Corbusier jamás pensó que una casa podía apoyarse en medianeras. Esto es algo que en Europa y Norteamérica no existe: que uno construya la casa y comparta una pared con el vecino. Es parte de un tipo de loteo típicamente español que aquí se heredó. Y es por eso el conflicto: que uno diga “le voy a hacer una ventana en la medianera” es algo para lo que la arquitectura universal no tiene respuesta porque nunca se dio ese conflicto. Pero en la Argentina, donde los estilos arquitectónicos son un poco a la que te criaste, el loteo, las manzanas son muy grandes y los lotes hacen que las casas en el interior de las manzanas tengan poca luz, etcétera. Hay una serie de conflictos con los cuales tuvo que lidiar Le Corbusier cuando se topó con esta cultura. Y entonces las respuestas que fueron dando y las correcciones que Williams tuvo que hacer para que esto fuera posible son interesantísimas, sobre todo para un arquitecto, pero fundamentalmente para que entendamos quiénes y cómo deciden cómo tenemos que vivir. Eso que Umberto Eco llama “la estructura ausente”. Imaginate las grandes torres de edificios de 20 pisos, donde la distribución de los ambientes es idéntica para todos: el camino que hago de la cama al baño, el lugar en que se va a poner el televisor, hacia qué lugar van a estar mirando las personas. Todo eso está predeterminado por unas personas que han hecho un plano de cómo debemos comportarnos. Es increíble la matriz de comportamiento que genera la arquitectura. A mí siempre me pareció fascinante.





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