La directora de Nivel Secundario del Ministerio de Educación de La Pampa, Gabriela Morán, analizó en Radio Textual (por Radio Kermés) los resultados de las pruebas PISA y advirtió que los datos deben ser leídos con “mucha seriedad, pero también con mucho contexto”. La funcionaria reconoció las dificultades que atraviesa el sistema educativo en áreas como matemática y lectura, aunque remarcó que la provincia ya venía trabajando sobre esos problemas antes de la última evaluación internacional.
La semana pasada se conoció un informe que reveló que los resultados de los estudiantes argentinos de 15 años en las pruebas PISA de 2025 fueron inferiores a los obtenidos en 2022 en lectura, matemática y ciencias. El trabajo de la ONG Argentinos por la Educación da cuenta de que nuestro país obtuvo 389 puntos en Lectura, 367 en Matemática y 393 en Ciencias. En base a estos resultados, Argentina ocupó las posiciones 62°, 75° y 71°, respectivamente, dentro de los 91 países participantes de PISA.
Morán puso especial énfasis en una particularidad de la medición en La Pampa: fueron evaluadas tres instituciones de nivel secundario, por lo que, según explicó, “no es una muestra representativa”. Por ese motivo, consideró necesario evitar conclusiones generales a partir de esos resultados.
“PISA es una evaluación internacional muy importante, porque nos permite conocer determinados desempeños de los chicos y compararnos con otros sistemas educativos”, señaló la funcionaria, aunque cuestionó algunas interpretaciones que surgieron tras la difusión de los resultados. “Las pruebas no definen a los estudiantes, no definen a una escuela y tampoco por sí sola a un sistema educativo”, sostuvo.
En ese sentido, Morán afirmó que los resultados no significaron para La Pampa el descubrimiento de un problema desconocido. “No nos enteramos ahora, a partir de PISA, de que existen dificultades en matemática y en lectura”, explicó. Según detalló, la provincia viene identificando esos desafíos desde hace años y adoptando medidas específicas para intentar revertirlos.
Como parte de ese proceso, recordó que desde 2022 La Pampa cuenta con el Monitoreo de Aprendizajes (MAP), una herramienta provincial que permite obtener información sobre el desempeño de los estudiantes. Morán destacó que se trata de una medición más amplia y representativa, con la nominalización de los estudiantes, que permite identificar dificultades y diseñar políticas específicas.
A partir de esos diagnósticos, el Ministerio de Educación implementó el Plan de Alfabetización, el Plan de Matemática y el Plan Lector, entre otras estrategias. En este último caso, Morán destacó el objetivo de que los estudiantes puedan transitar al menos 150 libros durante toda la escolaridad obligatoria.
Pero para la funcionaria, uno de los principales desafíos que quedaron expuestos en el análisis de PISA tiene que ver con la manera en que los jóvenes leen y procesan información en un contexto atravesado por las nuevas tecnologías.
Morán habló de la aparición de un nuevo fenómeno que definió como el de los “lectores apresurados”. Se trata de estudiantes que reciben permanentemente videos, imágenes, redes sociales, textos breves y múltiples estímulos y que, frente a un texto, tienden a buscar rápidamente una respuesta sin detenerse necesariamente en comprenderlo en profundidad.
“Tenemos muchos estudiantes que leen los textos rápidamente, buscan rápidamente una respuesta y responden rápidamente, pero muchas veces esas respuestas son incorrectas porque no hubo una verdadera comprensión”, explicó.
Para Morán, el desafío educativo consiste entonces en recuperar la capacidad de detenerse frente a un texto, volver a leer, identificar información relevante, relacionar distintas partes, interpretar y argumentar. “Esa rápida información que a veces acceden los estudiantes, los jóvenes, no significa necesariamente una comprensión profunda sobre lo que se lee”, advirtió.
La directora de Nivel Secundario también vinculó esta problemática con el uso de los celulares y las redes sociales. Sin embargo, aclaró que la intención no es “demonizar” la tecnología. En ese marco, defendió la decisión del Ministerio de Educación de restringir el uso de los teléfonos celulares en las escuelas secundarias.
Según explicó, los equipos de gestión y los propios estudiantes transmitieron que la medida permitió mejorar la concentración y la atención frente a las tareas, además de favorecer otras formas de vinculación y socialización.
“Nosotros en secundario no lo tenemos prohibido, pero sí restringido, porque creemos que hay que educar a los chicos también en una ciudadanía digital”, señaló Morán. El objetivo, explicó, es que el celular sea una herramienta que amplíe el desarrollo cognitivo y no que termine funcionando como una forma de pensamiento.La misma mirada planteó sobre la inteligencia artificial, que ya forma parte de las herramientas utilizadas por los estudiantes. Morán sostuvo que PISA también comenzó a contemplar este nuevo escenario y remarcó que el desafío no pasa por ignorar la inteligencia artificial, sino por aprender a utilizarla sin que sustituya el pensamiento.
“Una cosa es que un estudiante lea un texto y le pida a una herramienta que le resuma ese texto y después entregue ese resumen sin haber leído ni comprendido el texto”, ejemplificó. En esos casos, sostuvo, la inteligencia artificial puede convertirse en un problema porque la tarea fue resuelta, pero no necesariamente se produjo aprendizaje.
Por el contrario, consideró que la herramienta puede ser utilizada para ampliar búsquedas, formular preguntas, contrastar información u obtener orientación, siempre que no reemplace “la capacidad cognitiva de cada uno de los estudiantes”.
Morán también planteó que los resultados de PISA obligan a revisar la forma en que se enseña en el nivel secundario. Explicó que la evaluación internacional no mide simplemente cuánto contenido de matemática, lengua o ciencias recuerdan los estudiantes, sino su capacidad para resolver problemas.
“Las pruebas PISA precisamente no evalúan contenidos específicos”, remarcó. Y allí ubicó uno de los grandes desafíos del secundario: dejar atrás una enseñanza excesivamente fragmentada y centrada en contenidos disciplinares para generar situaciones en las que los estudiantes tengan que utilizar esos conocimientos para resolver problemas concretos.
“No presentar el conocimiento como una cuestión de algoritmos a resolver”, propuso, sino generar oportunidades para que los estudiantes puedan enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana, utilizar herramientas matemáticas o de comprensión y resolver los problemas que se les presentan.
Para Morán, ese cambio supone también revisar una tradición profundamente arraigada en la educación secundaria. “Los que somos profes de nivel secundario hemos heredado, inclusive en nuestra propia formación, el hecho de que tenemos que ir a enseñar el contenido disciplinario”, explicó.
La funcionaria consideró que el avance acelerado de la tecnología obliga a replantear ese modelo y a pensar nuevas formas de enseñar y aprender.
En cuanto a la preparación de los estudiantes para continuar estudios superiores, Morán evitó dar una respuesta tajante y destacó las políticas de articulación que La Pampa viene desarrollando con la universidad y las distintas facultades. Mencionó experiencias destinadas a estudiantes de sexto año que comienzan cursos vinculados con carreras como ingeniería y áreas de ciencias de la salud.
También señaló que se trabaja en alfabetización avanzada como una herramienta para facilitar el tránsito hacia los estudios superiores.
Sin embargo, aclaró que la escuela secundaria no tiene como único objetivo preparar estudiantes para la universidad. “No solamente hay que preparar a los estudiantes del nivel secundario para la posibilidad de acceder a estudios superiores, sino también para una ciudadanía crítica y para el mundo del trabajo”, afirmó.
En esa línea, recordó que la provincia también desarrolla políticas en articulación con otros ministerios, como el de Producción, para fortalecer la vinculación entre la escuela secundaria y el mundo laboral.

