La necesidad de garantizar un plato de comida golpea cada vez a más familias. Walter Brandimarte, dirigente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) de La Pampa, advirtió que creció la demanda en el comedor que sostiene la organización en Santa Rosa, donde entregan entre 600 y 700 viandas por jornada, aunque en algunos días llegan a distribuir hasta 1.000. Atienden los martes, jueves y sábados, con un desafío cada vez mayor: responder a quienes no tienen asegurada la comida en su propia mesa.
“Hay un incremento acelerado de la demanda”, afirmó Brandimarte durante una entrevista con Radio Textual (por Radio Kermés). Según explicó, el aumento se refleja en la cantidad de personas que se acercan a buscar alimentos y en la necesidad de reforzar las entregas. Las viandas, además, no están destinadas necesariamente a una sola persona: muchas familias las utilizan para garantizar al menos dos comidas y, en algunos casos, alimentar a tres o más integrantes.
“Hay familias que son tres o cuatro y te piden por seis o siete. Nosotros no tenemos problema con eso, al contrario, no cortamos nada de eso”, contó. La organización comprende que detrás de esos pedidos hay una estrategia para estirar los alimentos y asegurar que haya algo para comer al día siguiente.
La demanda también tiene una característica que preocupa: no alcanza únicamente a personas sin trabajo. Entre quienes concurren a los comedores hay jubilados, adultos mayores, jóvenes y trabajadores registrados que, pese a tener un ingreso, no logran cubrir sus necesidades básicas. Brandimarte señaló que la cantidad de personas que buscan ayuda aumenta especialmente después del día 15 de cada mes, cuando los ingresos comienzan a resultar insuficientes para sostener los gastos cotidianos.
“Estamos hablando de comida, es terrible”, remarcó el dirigente, al describir una realidad en la que algunas personas recorren distintos puntos de asistencia para conseguir alimentos. La situación expone las dificultades que atraviesan hogares que ya no pueden garantizar por sus propios medios algo tan elemental como un plato de comida.
Brandimarte vinculó el crecimiento de la demanda con la pérdida de puestos de trabajo, la caída del poder adquisitivo y las dificultades para afrontar los alquileres. Según explicó, los cambios en la composición de los hogares también repercuten en la necesidad alimentaria: ante la imposibilidad de pagar una vivienda, varias familias terminan compartiendo un mismo espacio y deben resolver cómo alimentarse con ingresos cada vez más ajustados.
El dirigente sostuvo que la situación se profundiza por el deterioro de los ingresos y la retracción del consumo. En ese sentido, describió un escenario en el que también los pequeños comerciantes y los almaceneros enfrentan dificultades para sostener sus ventas, en una cadena que termina impactando en la vida cotidiana de los barrios.
La CCC organiza la entrega de viandas los martes, jueves y sábados. Dos de esas jornadas incluyen comedores nocturnos, una modalidad que Brandimarte consideró fundamental porque permite atender una necesidad que no siempre queda cubierta por otros dispositivos de asistencia.
“Vos tenés a la mañana una entrega en los comedores municipales, pero a la noche, que es cuando la mayoría de las personas tienen problemas para llevar un plato de comida a su mesa, eso está vacío”, explicó.
Para sostener el funcionamiento, la organización combina distintas fuentes de recursos. Brandimarte indicó que reciben un aporte del Gobierno provincial en alimentos secos, como fideos, arroz, tomate y lentejas. También realizan polladas, ventas de empanadas y rifas, además de recurrir a donaciones.
Las actividades solidarias son necesarias para afrontar los períodos en los que los recursos no alcanzan. El objetivo, aseguró, es evitar que se interrumpa la asistencia, aun cuando preparar y distribuir cientos de viandas representa un esfuerzo considerable.
El dirigente también destacó la colaboración entre vecinos. Aunque reconoció que actualmente los comerciantes y las verdulerías tienen menos posibilidades de donar mercadería, señaló que persiste una red de solidaridad en los barrios: algunos aportan fideos, otros verduras y otros ingredientes que, reunidos, permiten preparar una comida para quienes la necesitan.
“Nosotros los comedores los desarrollamos porque hay una necesidad y una urgencia. Eso no tiene que existir”, sostuvo Brandimarte. Para el dirigente, la existencia de estos espacios es una respuesta a una emergencia social que debería poder resolverse de otra manera.

