En unas cruciales elecciones de medio término que marcarán a fuego sus últimos dos años al frente de la Casa Blanca, Donald Trump tuvo una noche de pesadilla en la batalla decisiva por el control del Congreso norteamericano. Los demócratas les arrebataron a los republicanos el control del Senado y de la Cámara de Representantes, un revés de consecuencias imprevisibles para el presidente. El resultado dejará al presidente frente a una oposición con poder para bloquear leyes, impulsar investigaciones sobre su administración y frenar nombramientos judiciales y de altos cargos del Gobierno durante los dos últimos años de su mandato.
La victoria demócrata se extendió por varios estados tradicionalmente republicanos y permitió al partido recuperar el control de ambas cámaras del Congreso. Los resultados reflejaron el descontento de los votantes por el coste de la vida, los aranceles y la guerra contra Irán, un conflicto que disparó los precios del combustible y profundizó el rechazo a la gestión del mandatario.
Trump, que en otras ocasiones cuestionó los resultados electorales, adoptó un tono conciliador después de conocerse la derrota republicana. En declaraciones a The New York Times, aseguró que estaba “absolutamente dispuesto” a aceptar los resultados. También reconoció el desempeño de sus adversarios en una entrevista con Fox News: “Creo que los demócratas hicieron un buen trabajo, de verdad lo creo”, afirmó. “Lucharon con ahínco”.
El presidente, de 80 años, intentó, sin embargo, distanciarse del resultado adverso de su partido. “No lo veo como un ataque personal”, sostuvo. Además, reconoció que la guerra contra Irán contribuyó a la derrota republicana, aunque defendió la campaña militar. También planteó la posibilidad de que ambos partidos encuentren puntos en común en materia de inmigración, uno de los asuntos más divisivos de su presidencia.
La magnitud del avance demócrata quedó reflejada en Maine, donde el ex leñador Troy Jackson derrotó a la veterana senadora republicana Susan Collins y le arrebató a los republicanos el séptimo escaño en la Cámara alta.
Los triunfos anteriores en Kansas e Iowa ya habían asegurado la mayoría demócrata en el Senado, después de las victorias en Texas, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Ohio. En Kansas, el pastor metodista Adam Hamilton se convirtió en el primer demócrata elegido senador por ese estado tradicionalmente conservador desde 1932. En Iowa, los demócratas consiguieron un resultado que el partido no alcanzaba desde 2008.
En Texas, el demócrata James Talarico celebró su triunfo en la contienda por un escaño en el Senado y afirmó que había derrotado a “Goliat”. Por su parte, Gina Hinojosa venció al gobernador republicano Greg Abbott y puso fin a décadas de control republicano de la gobernación estatal.
El partido también consiguió retener escaños importantes, entre ellos el de Jon Ossoff en Georgia y uno que estaba vacante en Nuevo Hampshire.
En la Cámara de Representantes, los demócratas ampliaron su presencia en Pensilvania, Kentucky, Arizona, Carolina del Norte y Nueva Jersey. Entre los distritos que cambiaron de manos hubo varios que Trump había ganado con comodidad en las elecciones presidenciales de 2024.
Uno de los resultados destacados fue el de Indiana, donde el demócrata JD Ford derrotó a la congresista republicana Victoria Spartz y conquistó un distrito en el que Trump había obtenido una ventaja de 17 puntos dos años antes.
La jornada también dejó un triunfo demócrata en Georgia, donde la exalcaldesa de Atlanta Keisha Lance Bottoms ganó la gobernación y se convirtió en la primera mujer negra elegida para ocupar ese cargo en la historia de Estados Unidos.
Los republicanos consiguieron algunos resultados favorables en Florida. Byron Donalds, respaldado por Trump, ganó la gobernación y se convirtió en el primer gobernador negro del estado. Ashley Moody, por su parte, conservó su escaño en el Senado, aunque debió superar una disputa electoral más ajustada de lo previsto frente a los demócratas.

